Internacional

OPINIÓN - CRISIS POLÍTICA

Brasil: ¿Por qué la salida es la lucha por una nueva Asamblea Constituyente?

En lugar de luchar solo para votar y cambiar los jugadores, la juventud y los trabajadores deberían luchar para cambiar las reglas del juego.

Diana Assunção

San Pablo

Jueves 15 de diciembre de 2016 | Edición del día

Después del golpe institucional en nuestro país, todos los días estalla una nueva “bomba” en el Congreso. Y estos acontecimientos nos invaden cuando estamos en el ómnibus, en el horario de almuerzo en el trabajo o la cena en casa. El problema es que vemos renunciar a políticos corruptos, para ser reemplazados por otros peores. La idea que queda es que, en realidad, no es todo más que un juego para dejar las cosas como están, buscando la mejor forma de aplicar los ataques contra los trabajadores y el pueblo, como la reforma del sistema previsional y ponerle un techo al gasto público.

El fuerte sentimiento democrático que se apoderó de mucha gente frente al golpe de la derecha, generó un repudio enorme contra un verdadero “secuestro” de la decisión popular: millones de brasileros decidieron su voto en las urnas, pero prevaleció la voluntad de 61 políticos corruptos. Contra este golpe organizamos asambleas, luchas, paros, movilizaciones y exigencias para que las centrales sindicales abandonen su pasividad y organicen en forma efectiva la resistencia. Pero si por un lado defendemos nuestro derecho al voto, frente a esta crisis política que desnuda la podredumbre de los políticos tradicionales y la corrupción natural de las empresas capitalistas, ¿no deberíamos buscar una salida que, al contrario de reducir nuestro papel al voto, nos ubicase como sujeto de transformaciones mayores en la sociedad?

Muchos partidos políticos, en especial el PT, vienen proponiendo como salida a la crisis política la convocatoria a nuevas elecciones. El PT que hoy está en la oposición, fue quien le abrió el camino a la derecha porque asumió los métodos de la corrupción y comenzó a implementar los ataques. Quieren nuevas elecciones porque no quieren que los trabajadores y la juventud sean protagonistas de los cambios en el país, no quieren que nada se escape de su control. Quieren buscar una salida “por arriba” para quién sabe, poner de nuevo en el poder a Lula. Pero las encuestas señalan como favorita a Marina Silva, quien lidera el partido Rede Sustentabilidade (REDE) y fue una de las figuras políticas que más apoyó dio al golpe institucional.

Los políticos pueden cambiar pero las reglas del juego se mantendrán iguales. Seguirán ganando salarios exorbitantes, seguirán teniendo privilegios, la corrupción seguirá existiendo ya que la Operación Lava Jato quiere llevar adelante una “limpieza” de la política pero para mantener el sistema político tal como es, es decir, corrupto. Las empresas continuarán teniendo relaciones espurias con el Estado, la deuda pública se seguirá pagando en detrimento de los servicios públicos que seguirán siendo precarios.

Entonces en lugar de luchar para votar y cambiar a los jugadores, la juventud y los trabajadores deberíamos luchar para cambiar las reglas del juego. Mientras votamos, los políticos poderosos van alterando una serie de cuestiones de las leyes y en la Constitución para beneficiar a los empresarios. E incluso la propia Constitución de 1988 tiene numerosos límites, además de haber sido “tutelada” por los militares de la última dictadura en el país.

Para cambiar las reglas del juego necesitamos realmente organizar una Constituyente, que sea general, no limitada a la reforma política, que sea Libre y Soberana, para decidir sobre los rumbos del país.

Una Constituyente así tendría que ser impuesta por la fuerza de la movilización. Porque se enfrentaría con las ganancias de los capitalistas. No se resumiría a hacer cambios “superficiales”. Le daría a la población el “poder” de decidir y no solo de votar a uno u otro político que decidirá por nosotros, en nombre de sus intereses y no de los nuestros. No podemos confiar en la Operación Lava Jato y en el sistema judicial como si fuesen a responder al problema de la corrupción en el país, ni en este Congreso de ladrones y mucho menos en algún presidente “salvador”. Necesitamos eliminar el cargo de la presidencia, el Senado y realizar una Constituyente donde sean electos representantes de la población por zonas territoriales de todo el país, revocables en cualquier momento, que no puedan enriquecerse con la política, fijando un salario como el de una maestra. Una Constituyente como esta tendría que controlar el poder del país y reorganizar todo a favor de la mayoría de la población, es decir, los trabajadores y el pueblo pobre.

Podríamos suspender el pago de la deuda pública y el techo al gasto público y destinar ese dinero a salud, educación, transporte y vivienda. Podríamos estatizar todas las empresas bajo administración democrática de los trabajadores y usuarios, única forma de acabar con el método generalizado de la corrupción en las empresas estatales, en la que todos los políticos capitalistas están completamente involucrados. Podríamos garantizar que los delitos de corrupción sean juzgados por juicios populares y que los jueces y fiscales sean electos por el voto popular. Podríamos legalizar nuestro derecho al aborto para que ninguna mujer muera por abortos clandestinos, y legalizar la marihuana para poner fin a la guerra de las drogas y a los asesinatos policiales de la juventud negra y trabajadora.

Para ello, necesitamos luchar e imponerla con nuestra lucha. Porque los cambios que hoy implementan los políticos en las leyes es para preservar intactas sus ganancias, sus privilegios y este sistema podrido que se beneficia del sudor y el sacrificio de la gran mayoría de la población, que son los trabajadores, pero también del machismo, el racismo y los prejuicios sexuales. Vamos a necesitar organizar nuestra lucha en los lugares de trabajo y estudio, exigir a las centrales sindicales un plan de lucha de verdad y luchar por una Nueva Constituyente. En este camino, creemos que los trabajadores y la juventud podrán hacer una experiencia en tomar el rumbo del país en sus manos y avanzar en la lucha por un verdadero gobierno de los trabajadores en ruptura con el capitalismo.








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