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INDIE FOLK

Bon Iver: 22, A Million

Después de 5 años, la banda de Wisconsin regresa con un disco que pretende cambiar el indie folk.

Viernes 7 de octubre | Edición del día

Autotuning in the free world

Kanye West es, muchas veces con razón, odiado por mucha gente. Sus declaraciones públicas hacen que hasta sus más fervientes fanáticos piensen dos veces antes de defenderlo. Pero a la hora de juzgar su música, no hay nadie que se atreva a negar su rol de pionero. De hecho, su arco narrativo presenta similitudes con el tropo de lo intempestivo.

Cuando 808 & Heartbreaks vio la luz, críticas llovieron sobre el disco por el sistemático uso de auto-tune. Unos pocos años después, Drake tomaría ese sonido (combinado con el rap sureño de Lil Wayne) y lo llevaría al mainstream.

Los frutos de su disco Yeezus tomaron el mismo tiempo en madurar. Si en 2013 el disco fue alabado por los críticos pero repudiado por el público por su sonido abrasivo, hoy es posible ver cómo los experimentos de Kanye empiezan a reproducirse. Y no es casualidad que Bon Iver sea uno de los más fieles exponentes de este fenómeno.

Justin Vernon, líder y creador de Bon Iver, ha colaborado en varias ocasiones con Kanye, con quien mantiene una fuerte amistad. Aparte de la relación personal, sin embargo, hay algo que une a los músicos: el interés por las técnicas de modificación de la voz.

La idea de la voz como instrumento no es nueva, pero en el siglo XXI los tratamientos digitales (el más famoso sería el autotune) cambiaron el panorama. En manos de algún productor de pop, este tipo de herramientas sirve para ocultar los posibles “defectos” de lo que se está intentando vender. Músicos como Kanye o Bon Iver, en cambio, usan estos nuevos medios como una forma de expresión en sí misma.

22, a million

En el primer disco de Bon Iver, For Emma…, el músico grabó una y otra vez distintas voces, generando un efecto coral lo-fi que generaba un contrapunto épico a las suaves tonadas folk que constituían la música. En su segundo disco, homónimo, ganador de un Grammy, la ahora banda subía la apuesta, con una instrumentación más variada, sobre todo por la participación de S. Carey, graduado de Berklee y especializado en percusión. Con esta última obra, la banda indie se consagró como uno de los exponentes más fuertes del género, pero el agotamiento de las giras derivó en un paréntesis en del proyecto.

A principios de este año, sin embargo, anunciaron que estaban preparando un nuevo disco, y el mismo fue editado el 30 de septiembre. Con tan solo 10 canciones y meros 34 minutos de duración, 22, a Million empuja nuevamente los límites de lo que parecía posible para el grupo. Navegando entre sus orígenes folk y el sonido glitchy y abrasivo de Yeezus, la banda consigue cambiar ligeramente su sonido en el camino experimental de sus antecesores. Las canciones son breves y las letras, como siempre, crípticas.

Pero como siempre, es la voz lo que concentra toda la atención. En un tema como 715 - CRΣΣKS, las distintas voces grabadas se superponen y compiten, creando al mismo tiempo la sensación de armonía y disonancia. O en el tema que abre el disco, 22 (OVER S∞∞N), que combina una base instrumental con una producción excelente, que genera un colchón para que la voz del cantante tome el primer plano.

00000 Million

Sin embargo, el disco después de un par de canciones termina asentándose en un sonido que no difiere demasiado de lo anterior. A pesar de las comparaciones con Kid A o Age of Adz, 22, a Million no termina de generar la misma sensación de ruptura. Para los amantes de lo novedoso, entonces, puede ser una fuerte decepción. Para los que simplemente querían un nuevo disco de Bon Iver, este va a ser un regreso a la altura de las expectativas.




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