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ELECCIONES BOLIVIA

Bolivia: Arce arrasa en principales regiones y su triunfo es reconocido por los golpistas

Aunque aún no están los resultados oficiales, los datos contundentes de boca de urna muestran que el candidato del MAS arrasó en varias regiones y obtuvo porcentajes por arriba del 30% donde perdió. Desde la presidenta de facto Jeanine Áñez, hasta el artífice del golpe Luis Almagro felicitaron a Arce.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Lunes 19 de octubre | 12:48

Desde la presidenta de facto Jeanine Áñez, hasta el artífice del golpe en la secretaría general de la OEA, Luis Almagro, felicitaron al candidato del MAS, Luis Arce este lunes.

Aunque aún no hay datos oficiales (recién estarían el martes o miércoles), los resultados de las empresas que hicieron boca de urna y que ayer los medios retrasaron durante cuatro horas son contundentes. El binomio Arce-Choquehuanca del MAS gana en primera vuelta por 52,4% de los votos arrasando en varias de las regiones donde el MAS ya tenía mayoría y sacando resultados arriba del 30% en aquellas donde el bloque de la derecha y el golpismo se mostraba hegemónico.

Como se ve en el conteo rápido de CiesMori, la empresa que hizo el boca de urna para Unitel.tv, Arce gana en La Paz, Cochabamba, Oruro, Pando y Potosí.
En La Paz, Oruro y Cochabamba gana por más del 60% de los votos, mientras que en Pando lo hace con más de 45%.

Mesa por su parte gana en Tarija y Chuquisaca con más del 50%, y en Beni apenas más de 40%. El candidato de la ultra derecha cívica Luis Fernando Camacho gana solo en su feudo de Santa Cruz por 45%. Pero incluso allí Arce tiene arriba del 35% de los votos.

La primera en reconocer el triunfo aún cuando los datos oficiales no llegaban siquiera al 10% fue la propia presidenta de facto Jeanine Áñez, y lo hizo apenas pasada la medianoche.

Esta mañana, fue el turno de Luis Almagro, el rancio secretario general de la OEA, que fue uno de los artífices del golpe al liderar una auditoria contra las elecciones de 2019, que se comprobó absolutamente fraudulenta, lo que dio legitimidad al golpe cívico, militar, policial y clerical, que perpetró las masacres de Sacaba y Senkata contra los miles que se manifestaron que resistieron al golpe.

El reconocimiento de Almagro es la imagen viva del cinismo pero también de la derrota estrepitosa de un golpe que fue negociado con la derecha racista boliviana en los salones de Itamaraty en Brasil de la mano de Bolsonaro, y con el visto bueno de Estados Unidos.
La derrota electoral de los golpistas en menos de un año son un duro revés para la derecha local, Bolsonaro, la "diplomacia" estadounidense y el bloque de la derecha regional encabezado por el grupo de Lima. Por su parte también es una llamada de atención hacia la creciente gravitación que tienen los militares sobre los gobiernos de muchos países de la región, producto de las cada vez más profundas y recurrentes crisis de los regímenes políticos.

El principal candidato opositor al MAS, Carlos Mesa, solo emitió un comunicado que no reconoce el triunfo de Arce, sino que admite su propia derrota.

La que sí habló temprano a la mañana es la burguesía concentrada de Santa Cruz mediante su diario, El Deber, cuya editorial refleja la derrota del plan golpista y de la derecha y el triunfo de Arce, al que busca acercarse para sintonizar con un nuevo Gobierno al que espera dialoguista, y que Arce en principio no defraudó.

En su editorial llamada "Una clara y aplastante victoria", señalan que "Mucho se tendrá que analizar después de este día histórico, entre otras cosas, el papel y la decisión de los partidos oponentes al MAS de concurrir a las elecciones en forma fragmentada, pero por hoy la noticia es el fenómeno del que el país y la región hablarán bastante: el retorno del MAS al poder por la vía de las urnas y por un porcentaje superior al 50 por ciento". El mensaje va dirigido en parte a la derecha, y en particular a Camacho que no bajó su candidatura en favor de la de Mesa (como hicieron Áñez y Tuto Quiroga), aunque como muestran los números ni la suma de Camacho más Mesa podían superar a Arce.

Por otro lado busca dialogar con Arce, que también tuvo una primera conferencia de prensa conciliadora donde señaló que "gobernará para todos los bolivianos y que construirá un gobierno de unidad nacional". Si bien a El Deber le molesta que Arce insinúe que lo que todos apoyaron durante estos meses (e incluso el propio MAS colaboró en sostener y legitimar) fue un golpe de estado, sí reivindica esa faceta dialoguista del candidato del MAS, porque "no era la de Evo Morales".

Ese guiño expresa un fenómeno objetivo, que es el hecho de que Arce arrasó de manera tan inesperada porque el fracaso absoluto en todas las áreas de parte de los golpistas (la gestión de la pandemia, la economía, la represión militarizada, etc) empujó a un sector de las clases medias de las ciudades que en un principio apoyaron el golpe y que no hubiesen votado por Morales, a terminar eligiendo al candidato del MAS para terminar con el decadente ciclo golpista.

También lo hicieron millones de trabajadores y campesinos, que han acumulado muchas expectativas de que un Gobierno de Arce pueda mejorar su situación económica y social. Con esa ilusión proveniente de varios sectores deberá lidiar Luis Arce, y también con el peso que Evo Morales mantiene en su base campesina e indígena que, a diferencia de la deriva abiertamente neoliberal y la persecución al correismo de Lenin Moreno en Ecuador, le pone un límite que va a generar tensiones permanentes.

Es que Luis Arce no es Evo Morales, ni lo podrá ser. Era un candidato elegido especialmente para garantizar un perfil conciliador en contra de la polarización (y lo dejó claro en su primer discurso de "unidad nacional"), y ahora será un presidente gobernando en medio de la crisis económica y social, muy lejos de la bonaza del pasado. La ilusión de la vuelta de ese antiguo ministro de Economía de Evo, que tuvo bajo su tutela el "milagro" económico de la década que fue de 2006 a 2017, tiene fecha de vencimiento. Las ilusiones sociales y las tensiones con todos estos actores, en el marco de la crisis actual, serán elementos de inestabilidad, a lo que hay que sumar la experiencia de un sector amplio, incluyendo a la base masista, que resistió al golpe durante el último año, incluso cuando esto significó la muerte o la persecución y aún cuando la hacía contra la propia dirección del MAS que negoció tanto la legalidad de Áñez, como el aplazamiento de las elecciones boicoteando la huelga general en curso y las movilizaciones que pedían la caída de los golpistas.







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