Cultura

TRIBUNA ABIERTA

Blues de Fernanda Iglesias

Una opinión de Martín Kohan sobre las formas de abordar problemas sociales, como la violencia de género, en los medios

Martín Kohan

Escritor argentino

Viernes 14 de octubre | Edición del día

La ventaja de ciertas particiones binarias radica en que resultan sencillas y claras. La desventaja, a su vez, radica en eso mismo: en que son sencillas y claras. Porque a su sencillez por necesidad cualquier verdadera complejidad se le escapa, y porque en su claridad tan subrayada no se pueden apreciar los matices. Un caso de partición binaria: de un lado, quienes tienen la culpa, quienes hacen el mal; del otro, las víctimas, a quienes se les hace el mal y son completamente pasivas. ¿Funciona? Claro que funciona. Y contiene incluso una verdad que es preciso no desatender. Hay ciertos rubros, además, en los que un enfoque de esa índole es preferible; por ejemplo, en el rubro judicial, o por ejemplo en el rubro policial, porque cuando se trata de interceptar la violencia, o cuando se trata de juzgarla y castigarla, la límpida escisión (acá el sujeto, acá el objeto) facilita la resolución de los casos.

Cuando se trata de comprender la violencia, en cambio, o cuando se trata, más aún, de desactivar sus intrincados mecanismos, la partición binaria sencilla y clara, sin dejar de ser confortable y adecuada, muy propicia para lanzar consignas, empieza indefectiblemente a fallar. Si lo que se quiere, además de vigilar y castigar, es discernir y es desarticular los dispositivos de ciertas violencias activadas con giros y retorcimientos nada simples, es preciso encarar otra clase de indagación. La complejidad no responde a una mera vocación de enredo, la atención a los matices no supone atenuaciones, ni mucho menos complicidad con los victimarios, ni para nada una culpabilización de las víctimas. Expresan una voluntad verdadera de pensar más allá de los lugares comunes, para dar con soluciones ciertas.

El esquemita y la formulita siempre pueden prevalecer, por supuesto, y vencer a la intención reflexiva: la partición binaria se reimplanta y al que intente elaborar ciertas ideas más pulidas se lo empuja del lado de los culpables, de los que hacen y cometen violencia. Es así como las buenas conciencias se aseguran el quedar perfectamente en paz. Y los hechos más terribles siguen mientras tanto sucediendo, rodeados de lemas y frases hechas, blindaje necio contra los enfoques críticos.




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