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PRIMARIAS EN ESTADOS UNIDOS

Bernie Sanders en Nueva York: ¿giro a izquierda?

Más de 20 mil personas escucharon el discurso de Bernie Sanders, que apoyó la huelga en Verizon y volvió a criticar a Hillary Clinton por sus lazos con Wall Street y el establishment.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 15 de abril de 2016 | Edición del día

Foto: EFE

La noche del miércoles reunió a más de 20 mil personas, casi 30 mil según la campaña, para escuchar a quien desafió la “candidatura natural” de Hillary Clinton. El día incluyó la visita a un piquete de los trabajadores en huelga contra la empresa de telecomunicaciones Verizon, duras críticas a Clinton por financiar su campaña con dinero de Wall Street y un parque repleto de jóvenes que pedían “revolución política”.

¿Representó este discurso un giro a izquierda en la campaña de Bernie Sanders? No. En realidad, lo que sucedió estas últimas semanas (en las que el senador ganó 7 de las últimas 8 primarias) es la confirmación de que Sanders es un “candidato viable” en tanto y en cuanto su base electoral lo reconozca como canal de su bronca contra la elite política y financiera.

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La elección del parque Washington Square, a pasos de la Universidad de Nueva York, no fue casual. La mayoría del público no superaba los 30 años. Miles de jóvenes universitarios y estudiantes de último año de secundaria se acercaron al mítico arco para escuchar, muchos con sus padres, al candidato que han adoptado como propio. Entre los organizadores del mitin estuvieron el director de cine afroamericano Spike Lee (que dirigió su último spot) y la actriz latina Rosario Dawson, dos personalidades de la progresía de Brooklyn, donde Bernie Sanders juega de local.

La desigualdad y la retórica contra las corporaciones en el centro

“Nosotros no representamos a los millonarios, ni al Estados Unidos corporativo, ni a Wall Street”. Ese pasaje fue uno de los más aplaudidos el miércoles. Una vez más Sanders recordó que su campaña es financiada con donaciones que no superan los 30 dólares. En contraposición, criticó a Hillary Clinton por sus lazos con Wall Street y recordó los 225 mil dólares que cobraba por sus discursos a banqueros y empresarios.

Luego de visitar uno de los piquetes de los huelguistas de Verizon, que defienden su convenio de los recortes de la empresa, Sanders saludó su lucha en el discurso. “Hoy, quiero quitarme el sombrero ante el sindicato CWA (…) Se enfrentan a una corporación codiciosa que quiere recortar su seguro de salud y eliminar puestos de trabajo con buenos salarios en Estados Unidos y después pagarles a sus CEO 20 millones de dólares al año”. El sindicato de telecomunicaciones, como el sindicato de enfermeras de Nueva York y el de portuarios apoyan la candidatura de Sanders.

La desigualdad, uno de los temas que más sensibiliza a la base de Sanders estuvo en el centro de su discurso. “Un gran país no es recordado por cuántos millonarios o multimillonarios tiene (…) sino por cómo trata a los más débiles y vulnerables de nosotros”. Hay que recordar que una parte importante de los votantes de Sanders trabaja en empleos precarios y con bajos salarios, y muchos de ellos se han movilizado por el salario mínimo de 15 dólares la hora. Por eso también otro de los momentos álgidos fue cuando Sanders nombró uno a uno los estados donde el movimiento por el salario alcanzó (parcial o totalmente) esa conquista.

El entusiasmo explotaba ante cada mención de luchas, movimientos y demandas que la base de Bernie Sanders siente como propias. Su estatus de outsider le ha permitido desafiar la campaña de Hillary Clinton, la favorita del establishment. “Las mujeres no van a trabajar por 79 centavos por cada dólar que ganan los hombres. Las mujeres en Estados Unidos quieren el dólar entero, y tienen razón”. El apoyo de las mujeres jóvenes fue una de las primeras sorpresas de Sanders, que privó a Clinton del voto de un sector que parecía cautivo de su candidatura.

Sanders disparó contra Wal-Mart, un ícono de las corporaciones, odiada por sus salarios miserables y sus duras tácticas antisindicales. Así se refirió a la familia Walton, propietaria de Wal-Mart: “¡Qué tipo de economía es esta donde las familias trabajadoras pagan más impuestos para subsidiar a la familia más rica del país!”. Y agregó, “Páguenles a sus trabajadores un salario digno”.

Sanders aprovechó el acto en Nueva York para dirigirse a la comunidad afroamericana, un sector donde Hillary Clinton y su marido Bill todavía retienen gran parte del apoyo. Se refirió a la desigualdad que sufren las familias negras, golpeadas por la brutalidad policial racista, y mayores índices de pobreza y desempleo. Una desigualdad que en Nueva York se hace evidente en las divisiones por barrios, y la infraestructura de las comunidades pobres es un recordatorio cotidiano de la discriminación. “Escuchamos a nuestros hermanos y hermanas de la comunidad afroamericana (…) Ellos se preguntan ‘¿Cómo puede ser que haya cientos de miles de millones de dólares para gastar en la guerra en Irak, una guerra en la que jamás deberíamos haber participado, pero no para reconstruir los barrios pobres?’”.

El candidato y los votantes

Como nunca en actos anteriores, el discurso en Washington Square pinta de cuerpo entero a los seguidores de Sanders, más que al candidato. Hablar contra la deuda estudiantil que agobia a millones jóvenes (que pasan literalmente su vida adulta pagando por sus estudios) casi en las escalinatas de la Universidad de Nueva York no deja lugar a dudas.

Es difícil poner en duda las probadas credenciales demócratas, como lo ha demostrado acompañando casi todas las leyes impulsadas por el Partido Demócrata en el Senado. Pero la dinámica de la campaña electoral, teñida por las consecuencias de la gran recesión que golpea la economía estadounidense desde 2007, ha transformado a los outsiders como Bernie Sanders y Donald Trump, en canal de expresión del descontento, por izquierda y por derecha.

Como en su discurso luego del triunfo en Wisconsin, habló de su campaña y la posibilidad de hacer cambios. “De lo que se trata profundamente esta campaña es de comprender que el verdadero cambio nunca ocurre de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba”. Es imposible no estar de acuerdo con la segunda parte de esta afirmación: los verdaderos cambios ocurren de abajo hacia arriba. Pero lo único que confirma son los grandes límites que impone una campaña dentro del partido Demócrata (algo que no pocos sectores de la izquierda estadounidense advirtieron). Y las tibias (y escasas) críticas de Sanders al propio partido Demócrata y su sistema antidemocrático para elegir el candidato solo suma obstáculos.

El fenómeno juvenil que alimenta su campaña es el que le ha permitido llegar hasta este punto de la campaña, ser todavía un “candidato viable” y un dolor de cabeza para Hillary Clinton, que quiere aumentar la diferencia en los delegados votados, y solo utilizar los superdelegados como último recurso. La retórica izquierdista, las críticas contra Wall Street y la desigualdad de Bernie Sanders hablan más de las demandas que movilizan a su base que de su programa, que lejos está de la “revolución política”. Por eso cada vez cobra más fuerza el interrogante de qué harán sus votantes si los resultados no son los que ellos esperan.

La batalla de Nueva York

La elección de los últimos actos de Sanders y Clinton no fue casual, el primero en el parque pegado a la Universidad de Nueva York, la segunda en el Bronx. Ambos concentran sus esfuerzos en Nueva York donde se llevarán a cabo las próximas primarias el 19 de abril. Las últimas encuestas ubican a Clinton con un 55 % y a Sanders con un 41 %. Ambos quieren ganar en Nueva York por la suculenta cantidad de delegados. Hillary además la necesita para salir del pantano incómodo en el que la colocaron las últimas siete victorias de Bernie. Y el senador de Vermont sabe que se juega una batalla importante para mantenerse en carrera y sumar más apoyos entre los superdelegados.

El planeta republicano llega a Nueva York plagado de cruces y acusaciones. Donald Trump viene denunciar una estafa en Colorado (donde se impuso Ted Cruz), y se aleja de la mayoría cómoda que parecía conquistar al comienzo de las primarias como favorito de los votantes. El establishment republicano baraja la salida de una convención abierta, que obligaría a muchos delegados con mandato a cambiar su voto si su candidato no alcanza la mayoría en la “primera vuelta”. Esto encontraría en primer lugar el rechazo de la base republicana. Una encuesta de Associated Press mostró que el 58 % de los votantes republicanos creen que el candidato con más votos es el que debe ser nominado.







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