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IGLESIA

Bergoglio y su “perdón” a las mujeres por abortar

El Papa habló del aborto como un “pecado muy grave” al cual se debe “extender la misericordia”. Un poco de maquillaje para la misoginia milenaria de la Iglesia Católica.

Martes 22 de noviembre | Edición del día

Oscurantismo por los siglos de los siglos

El día de ayer se difundió “Misericordia et misera”, el documento de conclusión del Jubileo extraordinario de la Iglesia Católica. El mismo fue levantado por la prensa principalmente debido a sus pasajes referidos al aborto. “El Papa Francisco y un cambio histórico” y “El Papa consolida el perdón a las mujeres que hayan abortado”, fueron los titulares de diarios como La Nación y El País de España. Hasta varios medios que se definen como progresistas, presentaron esto como un avance. Sin embargo, basta con leer superficialmente esta nueva Carta Apostólica para comprobar que la doctrina eclesiástica permanece tan sólida como los techos de oro del Vaticano.

En 2015, con motivo de comienzo del Año Jubilar -que concluyó el pasado 20 de noviembre-, Bergoglio ya había permitido a todos los sacerdotes otorgar el “perdón” a las mujeres que abortaran. A partir de ahora, esta facultad -que antes pertenecía únicamente al Pontífice y a los obispos- se hizo permanente. “Debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre”, fue el fundamento de Francisco en el texto.

Para no dejar lugar a dudas sobre la posición de la Curia, decretaba unas líneas más arriba: “Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave porque pone fin a una vida humana inocente”. A su vez, en una entrevista al canal católico italiano TV2000 y a InBluRadio con motivo de balance de este Jubileo, afirmaba: “He pensado en la costumbre de matar a los niños antes de su nacimiento. Es un crimen horrendo. Los matan porque es mejor así, porque están más cómodos. Es una responsabilidad grande, es un pecado gravísimo”.

Los distintos clérigos consultados por los canales de televisión, esbozaron los mismos argumentos cuando se les consultó por los alcances de la medida. Tal es el caso de Gustavo Antico, el Secretario de la Comisión de Familia de la Conferencia Episcopal de Argentina, que advirtió en Todo Noticias: “Ante la gravedad de esta situación, que atenta contra la vida humana, Francisco perdona. (…) Pero es un pecado, un pecado grave. Queremos invitar a la conversión, a recuperar ese amor por la vida”.

A nadie puede sorprender esta postura por parte de la Iglesia, incluso bajo el ala de un pretendido “renovador” como Bergoglio. Con cambios en el discurso y la imagen, en lo que respecta a las mujeres y los oprimidos, lo esencial de esta institución oscurantista sigue intacto. La exhortación apostólica “Amoris Laetitia” publicada el 8 de abril de este año es ilustrativa en este sentido. Allí, el Papa incorporó frases de intelectuales, activistas y poetas, desde Martin Luther King hasta Erich Fromm, y hasta mechó unos versos de Mario Benedetti para defender su moral reaccionaria. Al lado del poema “Te quiero” del escritor uruguayo, en el texto se pueden leer frases como “la Iglesia rechaza con todas sus fuerzas las intervenciones coercitivas del Estado en favor de la anticoncepción, la esterilización e incluso del aborto”. Tampoco falta allí la homofobia explícita: “No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia […] Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia y que los organismos internacionales condicionen la ayuda financiera a los países pobres a la introducción de leyes que instituyan el matrimonio entre personas del mismo sexo”.

Incluso si nos remitimos al reciente “Misericordia et misera”, veremos que no sólo reprueba el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. El escrito comienza con una reflexión en torno al perdón del “adulterio” digno del siglo XIII. “Ella, adúltera y, según la Ley, juzgada merecedora de la lapidación (…) En este relato evangélico, sin embargo, no se encuentran el pecado y el juicio en abstracto, sino una pecadora y el Salvador. Jesús ha mirado a los ojos a aquella mujer y ha leído su corazón: allí ha reconocido el deseo de ser comprendida, perdonada y liberada”, reza el documento.

Por el aborto libre y legal

La jerarquía eclesiástica busca imponer su dogma sobre la vida de las mujeres obstaculizando la aplicación de la Ley de Educación Sexual y el tratamiento del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Mientras tanto, 60 mil mujeres llegan anualmente a los hospitales públicos como consecuencia de la clandestinidad del aborto y 300 de ellas pierden su vida. La mayoría son jóvenes y pobres.

No obstante, hay organizaciones progresistas que se aprestan a arrodillarse ante el Vaticano. Días atrás, algunas de ellas como Movimiento Evita, Patria Grande o La Cámpora, han participado del Encuentro Mundial de Movimientos Populares que tomó lugar en Roma. Ésta tenía como base la encíclica papal “Laudato si”, la cual puntualiza en la “protección del embrión humano” y refiere a la “incompatibilidad de la defensa de la naturaleza y la justificación del aborto”.

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Como demuestra la historia, la defensa de los derechos de las mujeres debe partir de una denuncia férrea a esta institución reaccionaria y exigir su separación del Estado. Sólo un gran movimiento de mujeres independiente puede dar esta pelea y conquistar todos los derechos que faltan.




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