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Berenice Abbott: “La fotografía ayuda a las personas a ver”

Abbott retrató la transformación de EE.UU. durante la depresión de 1929. Logró implementar a la fotografía como un medio de documentación del presente y el pasado.

Lunes 17 de julio | 23:22

Berenice Abbott nacida el 17 julio de 1898 en Ohio, Estados Unidos. Viajó a París donde tomó cursos de escultura y tuvo la oportunidad de conocer artistas vanguardistas como Jean Cocteau, James Joyce, André Gide, Max Ernst y Peggy Guggenheim. Éstos fueron algunos de los rostros que protagonizaron sus primeros retratos fotográficos. También se volvió asistente de uno de los fotógrafos surrealistas más reconocido de la época, Man Ray, uno de los fundadores del dadaísmo.

En 1929 se instala en New York, donde se percata de los cambios acelerados de vida de la población tras la depresión y se sumerge en la fotografía como modo de documentar, por lo que comienza a retratar a la ciudad.

Hacer el retrato de una ciudad es el trabajo de una vida y ninguna foto es suficiente, porque la ciudad está cambiando siempre. Todo lo que hay en la ciudad es parte de su historia: su cuerpo físico de ladrillo, piedra, acero, vidrio, madera, como su sangre vital de hombres y mujeres que viven y respiran. Las calles, los paisajes, la tragedia, la comedia, la pobreza, la riqueza.

La característica de sus fotografías en blanco y negro de la arquitectura y diseño urbano de Nueva York en los años ‘30, la llevó hacer uno de sus más grandes libros, Changing New York, publicó en 1939 donde contiene sus obras.

Fotografía, documental penetrante

El interés de retratar los edificios y la vida en Nueva York era captar la mutación de una ciudad improvisada a una nueva ciudad con planeación urbana donde se concentraría una gran diversidad de gente. La idea era reflejar los que nuevos espacios laborales, así como su vivienda y su vida cotidiana.

Abbott logró retratar no sólo la arquitectura que hoy adopta la ciudad de New York popular por sus rascacielos. También captó la vida urbana que va desde el retrato de un “ropavejero” hasta la implementación de nuevos letreros de establecimientos y gasolineras, así como las nuevas estaciones de transporte. Es decir, logró que las cosas cotidianas –objetos y situaciones que pasan desapercibidos por la rutina del trabajo- se volvieran visibles e importantes.

La fotografía es el medio adecuado para recrear el ahora, el mundo vivo de nuestros días.

Los años treinta para muchos artistas era la época del realismo social, producto de la radicalización de la política. No había mejor medio para captar a la ciudad moderna y sus contradicciones que a través de la fotografía.

Abbott le prestaba poca atención al papel de la expresión, pues pensaba la fotografía como un documento. Sin embargo, sus obras expresan sentimientos y distintas emociones, así como fría obra humana de los capitalistas de generar aspiraciones de salir fortalecidos de la crisis económica.

Berenice Abbott falleció el 10 de diciembre de 1991 en Monson, Maine, pero nos dejó como legado que las ganas de retratar el presente y dejar documentado cada transformación de nuestro tiempo que cambia constantemente.

El fotógrafo crea, desarrolla una visión mejor, más selectiva, más aguda mirando cada vez más detalladamente lo que sucede en el mundo.






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