Cultura

CINE Y POLÍTICA

Benjamin: la primera interpretación marxista de la industria cinematográfica

Walter Benjamin decía que el marxismo es una teoría del despertar histórico.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Miércoles 2 de agosto | 00:00

Una de las principales peleas de Benjamin contra Ernst Bloch fue sobre “el potencial de los sueños”. El segundo argumentaba que una ontología del ser radicaba en que siempre estábamos volcados, de algún modo, a la utopía. Benjamin le increpaba que el marxismo más bien era una teoría para despertar.

Entonces para el autor de las Tesis sobre la historia el capitalismo es un sueño del que hay que súbitamente salir: si es por medio de la pesadilla es mejor. Cuando está dormido y súbitamente es despertado por una pesadilla es muy difícil volver a conciliar el estado onírico.

En otro punto, Benjamin polemizó con Bloch sobre el arte y lo estético. Para el primero la literatura, la poesía, (recordemos que él quería ser, sobre todo, crítico literario) a través de la alegoría colaboraría al despertar del sueño del capitalismo. El segundo consideraba que el arte y lo estético anticipa siempre hacia adelante de la historia lo que viene de la humanidad.

Benjamin no se peleaba con esta última afirmación, pero sugería que la literatura podría ser profética: nos avisaba no el devenir positivo del curso de la historia, sino el devenir negativo de la misma. ¿No es acaso su interpretación de Angelus Novus de Paul Klee, esa anticipación, una advertencia negativa de la Gran Guerra Mundial?

El cine, la obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica

Benjamin escribió La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica en 1936 en pleno ascenso del fascismo. Benjamin problematiza, entre muchos aspectos, dos: la destrucción de la experiencia estética y la necesidad de subvertir la técnica capitalista.

Dice Benjamin que lo estético debe entenderse por medio de la categoría aura. Lo bello, según La crítica del juicio de Kant, es una experiencia única, irrepetible, sublime y epifánica. El capitalismo, con la reproducción infinita de la técnica, la producción de mercancías roba, aniquila, destruye el aura la experiencia, de lo bello con la reproducción del arte. En esencia el arte debe sorprender con la reproducción técnica se diluye dicha posibilidad.

¿No sucede que cuando escuchas una canción en un primer instante te fascina, pero al convertirse en moda deja de sorprender? ¿Acaso la reproducción al infinito de la Mona Lisa no hace difícil saber que es lo que tanto sorprendió a los historiadores del arte?

Pedagogía y anticipación del cine militante

El cine según Benjamin es usado como un gran aparato de propaganda en el capitalismo. Basta conocer la historia de El triunfo de la voluntad (propaganda fascista), de Leni Reifenstahl, al servicio del Reichstag o la historia de Hollywood como reproductor de los ideales del capitalismo liberal. Por cierto, el primer gran libro marxista sobre Hollywood, de Siegfried Kracauer, no puede entenderse sin la influencia positiva de su también amigo, Benjamin.

Pero el cine tiene dos características. Benjamin lleva en un segundo punto, a la reflexión del cine: la síntesis de muchas artes. En él, el teatro, la música, la fotografía, la pintura, la poesía se sintetizan con la reproducción de la imagen.

Este aspecto la técnica, tiene un elemento positivo: por primera vez es posible llegar a mayor cantidad de público. El aura se pierde, pero se socializa la posibilidad. Para Benjamin el cine es de todas las artes la que más posibilidades revolucionarias tiene. Pero debe subvertirse.

En poco tiempo y de manera pedagógica, con el cine se puede llevar a que miles de personas cuestionen los aspectos negativos de la vida moderna. Benjamin sostenía que “En las obras cinematográficas la posibilidad de reproducción técnica del producto no es, como por ejemplo en las obras literarias o pictóricas, una condición extrínseca de su difusión masiva. Ya que se funda de manera inmediata en la técnica de su producción”. Su producción es para las masas, a diferencia de la poesía, la novela o la pintura. Ahí su posibilidad.

Puede subvertirse y convertirse en un medio de propaganda y acción política de las clases populares en su combate contra el capitalismo.

Benjamin anticipó el cine militante de los años sesenta ampliamente difundido en todo el mundo. El 68 como gran ensayo revolucionario generó un gran movimiento de cine militante con especificidades nacionales. En Argentina: Raymundo Gleyzer. En Brasil: Glauber Rocha. En Bolivia: Jorge Sanjinez. En México: Oscar Menéndez. En Francia el genial Jean Luc Godard. En Italia, de algún modo, Passolini.

Todo este movimiento internacional del cine tenía que ir a las calles y solidarizarse con la lucha de los estudiantes y obreros. Tenía que ayudar a despertar, también, de los sueños del capitalismo por medio de la alegoría o con la simple documentación de escenas de la historia borrradas por los poderosos.

¿Cuántos obreros, estudiantes, amas de casa y campesinos llegaron a visitar los cineclubes para politizar su vida durante los años setenta? Benjamin, en última instancia, es un anticipador de ese espacio, centrífugo y centelleante, de participación política.






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