MARXISMO

Benjamin: ajedrez y lucha de clases

Benjamin escribió en su Tesis sobre el concepto de historia una alegoría sobre el ajedrez y la lucha de clases.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Jueves 10 de agosto | 22:42

En 1769 el inventor Wolfang Von Kempelen, eslovaco, creó el Ajedrecista Turco. Una máquina de ajedrez con una apariencia de turco. La pregunta era: ¿cómo funciona el ajedrecista que, siendo una máquina, siempre ganaba?

El invento de Kempelen debutó con la emperatriz María Teresa de Austria y también combatió contra José II, la Zarina Catalina II, Napoleón Bonaparte, Edgar Allan Poe, Federico II de Prusia o el Duque ruso Pavel: siempre ganaba.

El que jugaba era un muñeco con apariencia de turco con una pipa y un turbante. Cuando los jugadores querían saber más de él mostraba su interior lleno de cables. Napoleón perdió tres veces. Allan Poe escribió un cuento El ajedrecista de Maelzel a propósito del misterio y un ensayo. Kempelen viajó por toda Europa, en ferias, para mostrar su espectáculo.

Se conoció tiempo después, que un juego de espejos generaba la sensación de que la máquina estaba vacía. Pero dentro del tablero un enano, jorobado, Tibor Scardanelli, jugaba, movía la cabeza, ojos y hacia ademanes cada que ganaba.

Karl Von Clausewitz en De la Guerra sugería que en el ajedrez, se puede tener estrategia, pero no estratagema. La estratagema es el “ocultar las intenciones”, una intención tramposa para ganar al enemigo. “En una palabra, las piezas que se encuentran sobre el tablero de ajedrez estratégico carecen de esa agilidad que constituye uno de los elementos de la astucia y la estratagema” señalaba.

Lenin, en vísperas de la Primera Guerra, leyó al teórico de la guerra y jugaba cotidianamente ajedrez, considerado el juego de estrategia más completo de occidente. En él se concentra el máximo de pensamiento en una cuadrícula de madera: el objetivo central es aniquilar al enemigo. El juego es una simulación de la guerra y esta es “un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad”.

W. Benjamin se fascinó por el ajedrecista turco y dedicó su primera Tesis sobre el concepto de historia a hacer una alegoría del ajedrez con la lucha de clases, en el centro de su texto se dice:

allí dentro había sentado un enano corcovado que era un maestro en el juego del ajedrez y guiaba por medio de unos hilos la mano del muñeco, imaginarse un equivalente de este aparato en filosofía. Siempre debe ganar el muñeco llamado materialismo histórico pudiendo enfrentarse con cualquiera si toma a la teología a su servicio, la cual, hoy día, es pequeña y fea, y no ha de dejarse ver en absoluto.

Ajedrez y lucha de clases

Benjamin plantea en sus Tesis que la historia del capitalismo es la historia de sus víctimas: esclavos, indígenas, mujeres, pobres, trabajadores. La clase trabajadora es la clase vengadora de todas las víctimas del capitalismo: ella concentra lo que él llama el “núcleo mesiánico de las víctimas de la historia del capitalismo”. Desde Espartaco y su rebelión de esclavos a los miembros de la Comuna de París ejecutados en Pierre Lachaise a Blanqui al borde de la locura luego de su cautiverio en la Fortaleza de Toreau. Pero ¿por qué el proletariado no ha ganado? El enemigo no ha dejado de vencer.

Benjamin escribe sus Tesis en un momento de retroceso de la lucha de clases. El avance del fascismo liquidaba todo tipo de organización obrera; desde la Socialdemocracia al Partido Comunista, Hitler había desarmado a uno de los proletariados más organizados de toda Europa dando píe a la Segunda Guerra.

León Trotsky definió la situación como un error del PC Alemán al negarse a combatir en común con la socialdemocracia, frente único, pues los estalinistas consideraban que el fascismo era un fenómeno “pasajero”.

Finalmente Benjamin escribe que pese a todo pronóstico pesimista, que en él siempre estuvo, la esperanza de vencer al fascismo era posible: siempre y cuando se le devolviera el poder destructivo al marxismo que en Alemania era dominante. El poder de la teología contra el frío del marxismo determinista. Fíjense: Benjamin sugería que podría vencerse al fascismo.

En el tablero de ajedrez en un lado está el proletariado y en el otro la burguesía. La segunda no ha dejado de vencer. El proletariado podría ganar si toma como ejemplo a Von Kempelen introducir un elemento en el combate que debe permanecer oculto: la teología.

¿A que se refiere Benjamin con introducir a la estrategia del proletariado, el marxismo, la teología pero oculta? Existen en las Tesis una serie de categorías teológicas que deben imprimirle, devolverle, un poder explosivo al marxismo. Redención, rememoración, tiempo ahora, reparación, jetzeeit. Su traducción se resume en que el proletariado debe saberse la clase vengadora de todas las anteriores.

Dice Benjamin que la Revolución de 1917 es clave pues “lo que podemos esperar de los que vendrán no es que nos agradezcan por nuestras grandes acciones sino que se acuerden de nosotros que fuimos abatidos. La revolución rusa lo sabía pues se tenía la consigna “sin gloria para el vencedor, sin compasión con el vencido”.

El proletariado es la clase vengadora que concentra la fuerza de todas las víctimas del capitalismo. El obrero –el proletario– no lucha sólo por su futuro inmediato, ella concentra todas las víctimas de la historia: los esclavos del Siglo II, las mujeres asesinadas en la quema de brujas, los indios liquidados por los españoles, los campesinos de la Edad Media derrotados por el Estado absolutista, los obreros asesinados en la Comuna. En ese sentido la revolución es un acto de justicia.

Cuando el proletariado descubra que su responsabilidad no es sólo con su futuro inmediato sino con todas las víctimas del capitalismo se encenderá, del pasado, la chispa de la esperanza. La historia de la humanidad es un partida de ajedrez: ellos, –la burguesía– va ganando mientras no recordemos que el proletariado es la clase vengadora que lleva “a su fin la obra de la liberación en nombre de tantas generaciones vencidas”.






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