Juventud

TRIBUNA ABIERTA

¿Becarias privilegiadas en la universidad?

La Asamblea Dignidad Predoctoral de la Universidad Autónoma de Madrid, formada por investigadoras en formación contratadas que se organizan para luchar por sus derechos, nos explica cuáles son sus condiciones laborales y cuál es su pelea.

Martes 26 de septiembre | 18:18

Foto: EFE

Vivimos en un país en el que los Chef Michelin defienden tener trabajando a becarias sin cobrar, porque para nosotras supone un privilegio trabajar a sus órdenes. En los grados o másteres oficiales de las universidades se ofertan prácticas en empresas que, en la mayoría de los casos, tampoco son remuneradas. Y peor aún, los propios organismos públicos españoles como Ministerios o Embajadas también tienen año tras año a becarias sin cobrar. Por si fuera poco, organismos internacionales como la propia ONU también hacen uso de este tipo de “mano de obra” gratuita.

Con este dantesco panorama una puede hacerse esta pregunta: “¿De qué se quejan entonces las becarias predoctorales que tienen una FPU o una FPI (o cualquier otra “beca” de investigación predoctoral)? ¿Son unas privilegiadas?” No, no somos privilegiadas. Tener sueldos que apenas permiten la emancipación y jornadas laborales flexibles que en la práctica son interminables no es ningún privilegio. Trabajo bajo presión de resultados, bajo la constante amenaza de construir un curriculum lo más competitivo posible respecto a tus compañeras tampoco es ningún privilegio. La falta de estabilidad y perspectivas de futuro de la carrera académica y científica tampoco son dignas de llamarse privilegio. No tener derecho a indemnización tampoco lo es. Dar por hecho que vamos a invertir nuestro paro en terminar las tesis como si se tratara de una extensión de nuestros contratos, no es un privilegio. En muchos casos un verdadero esfuerzo familiar e individual para sortear todas las desigualdades sociales y llegar a poder "disfrutar" de uno de estos contratos bajo las condiciones apuntadas tampoco hace recordar a una casta de privilegiados. Y, desde luego, trabajar en algo por "vocación" no es excusa para ningunear derechos laborales que garantizan una vida digna, que no privilegiada.
Estas y muchas razones nos llevan a reivindicar desde hace ya varios años que nosotras NO somos becarias. Las luchas de compañeras anteriores dieron en parte su fruto. Hoy todas aquellas personas que tienen una ayuda predoctoral firman un contrato con su centro de adscripción, ya sea este una universidad, un centro de investigación, etc. Sin embargo, empezando por cómo nos identificamos dentro de nuestro propio colectivo y terminando por cómo aparecemos en los documentos de las instituciones, aún hoy somos las becarias.

La diferencia entre ser becaria o contratada no es un simple matiz lingüístico o una necesidad de creernos algo que no somos. Es una realidad. Como contratadas tenemos una relación laboral específica y somos, por tanto, trabajadoras. Y ser trabajadoras implica toda una serie de derechos y obligaciones muy diferentes a los que pueda tener una becaria.

Pero nuestra lucha es aún mayor. Por si esto fuera poco, a principios de 2017 en el colectivo predoctoral nos encontramos con que habían modificado las condiciones de nuestros contratos sin previo aviso, con carácter retroactivo e ilegal, a todos los contratos firmados desde 2014. Pasamos de tener un contrato por obra y servicio (código 401) a un contrato en prácticas (código 420). Tras denunciar esta situación organizadas en torno a la plataforma “Dignidad Investigadora”, la FJI (Federación de Jóvenes Investigadores) y el apoyo de algunos partidos políticos de oposición, el gobierno rectificó y volvimos a tener un contrato por obra y servicio, aunque aún no tenemos la indemnización asociada.

Sin embargo, esto fue sólo el inicio. Nuestra lucha no es por un cambio de código, sino por el reconocimiento de una labor investigadora y docente que realizamos durante los 4 años que duran la mayoría de los contratos que tenemos y por unas mejores condiciones laborales. Existe una gran diferencia entre lo que es un contrato en prácticas, un contrato de formación, y un tipo de contrato que aún no tenemos (y que deberíamos, acorde a la Ley de Ciencia del año 2011), que refleje de manera específica las necesidades y condiciones de nuestro trabajo, algo que no ocurre con un contrato en prácticas, que no pueden superar los dos años. Tampoco por un contrato de formación, pues estos pueden hacerse únicamente para personas hasta 25 años de edad o excepcionalmente hasta los 30 años de edad si la tasa de paro se sitúa por encima del 15%, además de ser un contrato para personas sin cualificación profesional reconocida por el sistema educativo y, como el anterior, soporte de precariedad.

¿Y cuál es nuestra situación ahora? Aún siendo trabajadoras contratadas a tiempo completo con un contrato de 4 años de duración, todavía no pertenecemos a ningún Convenio Colectivo. Nuestro único marco regulador es un Estatuto del Personal Investigador, que no se ha actualizado desde el año 2006. Aunque hubo un primer encuentro con la SEIDI y algunos sindicatos para la elaboración de un nuevo Estatuto del Personal Investigador en Formación, actualmente el proceso se ha ralentizado y seguimos a la espera de un próximo encuentro con la SEIDI para continuar con las negociaciones.

Hoy seguimos luchando por un mínimo como es que nuestros contratos cumplan con la legalidad de lo estipulado en la Ley de la Ciencia aprobada en el año 2011, pero lo que queremos es ser reconocidas dignamente como trabajadoras, entrar en un Convenio Colectivo que nos garantice ser trabajadoras de pleno derecho y conseguir unas condiciones dignas que nos saquen de la precariedad.

No queremos olvidarnos tampoco de otros sectores de la universidad que sufren también condiciones de gran precariedad, como es el caso de las trabajadoras de empresas privatizadas como limpieza, cafetería u otros servicios. Pensamos también en las profesoras asociadas, con sueldos en torno a los 300€ y contratos temporales, o las estudiantes que trabajan como becarias desempeñando labores propias de puestos laborales que la universidad se ahorra con sueldos que apenas cubren las tasas universitarias y que, en bastantes casos, a través de la deformación de la figura de becaria, es la única forma que tienen nuestras compañeras para seguir adelante con la tesis doctoral.

La única manera de conseguir una universidad, investigación y docencia digna en España es a través de la denuncia y movilización de toda la comunidad educativa y, en definitiva, de toda la sociedad. Nuestro trabajo revierte directa e indirectamente en ella y tal y como visibilizamos hace unos meses en la Marcha por la Ciencia. Somos tu amiga, tu vecina, tu clienta.

Así que no, no somos becarias privilegiadas sino trabajadoras que luchan por sus derechos y por una investigación. Unos derechos y educación para todas.






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