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Batalla de Quera: un grito de rebelión en la Puna

Tras el aniversario de la última rebelión armada de los pueblos originarios en la Puna jujeña, recordamos esta gesta de los oprimidos desde La Izquierda Diario.

Lunes 9 de enero | 08:00

Esta semana se cumplieron 142 años de la histórica Batalla de Quera. El 4 de enero de 1875, 800 campesinos indígenas puneños fueron duramente vencidos por 1100 efectivos del Ejército Nacional y brutalmente reprimidos tras la derrota, luego de haberse rebelado contra la explotación y la opresión de los terratenientes de la región. Aquí una breve síntesis sobre este acontecimiento.

Karl Marx sostenía que el capitalismo es un sistema económico y social que vino al mundo chorreando lodo y sangre. Para que grandes masas de seres humanos se vean obligadas a vender "libremente" su fuerza de trabajo en el mercado a cambio de un salario, fue necesario antes un proceso violento de expropiación en el que la mayoría de la población fue despojada de sus medios de vida originarios, como la tierra, y pasó a ser sólo poseedora de su capacidad de trabajar. Las resistencias fueron ahogadas a fuego y sangre.

En Jujuy este proceso se inició desde la colonización de la región por una casta de militares y curas provenientes del sur de Europa. La población nativa, que vivía de actividades agrícolo-ganaderas, fue despojada del libre uso de sus territorios, y sometida a un sistema de trabajos forzados en las llamadas "encomiendas". Ya para mediados del siglo XIX, documentos de la época describen que la provincia, junto con la mayoría de su población rural, estaba repartida entre unos treinta propietarios y propietarias de tierras, familias como los Bárcena, los Aráoz, los Sánchez de Bustamante, los Padilla, los Macedonio Graz, los Carrillo, etc.


Fernando Campero, Marqués de Tojo

Cada unidad de tierra poseía una hacienda o estancia y una parroquia. El más famoso de los terratenientes fue Fernando Campero, el "marqués de Tojo", dueño de casi toda la Puna (los actuales departamentos de Yavi, Cochinoca, y parte de Santa Catalina), quien tenía su hacienda en Yavi. La población originaria que vivía en estas propiedades estaba sometida por formas como el arriendo, peonaje, o créditos, que pagaba con trabajo personal o con una parte del producto de su trabajo (una parte de su rebaño de ovejas por ejemplo).

El poder político en la provincia lo ocupaba una dinastía familiar, que desde mediados del siglo XIX se reservaba los cargos en la legislatura, el ejecutivo y la justicia: los Sánchez de Bustamante. Los políticos estaban unidos por lazos familiares o contactos a los grandes o medianos terratenientes de la zona.

La región de la Puna era la más poblada de la época. Sus habitantes, un 90% de etnia indígena, vivían de la extracción de minerales, cría y venta de animales y el cultivo de la tierra en algunas pocas zonas fértiles, etc. Además de la hacienda de Campero, otras de importancia eran las de Santa Catalina, San León y San Juan, San José de la Rinconada, San Juan y Granadas. Las masas indígenas eran doblemente explotadas: debían pagar tributo o impuesto al Estado, consistente en una parte de sus animales, y arriendo a los propietarios de las tierras en las que vivían y trabajaban. Sumado a que la zona fue azotada durante el siglo XIX por una serie de guerras y epidemias, el pago de los arriendos se volvió cada vez más imposible de llevar a cabo, y detonó en una serie de motines, y rebeliones, en los años 1862, 1864, 1870.

Eric Boman, antropólogo sueco describe la región de la siguiente manera: "El territorio está dividido entre un pequeño número de propietarios que viven casi todos en Jujuy. Cada propietario tiene una enorme extensión, habitada por un centenar de indios, o más, que deben ceder al propietario la mayor parte de los productos de sus pequeños rebaños, y además entregar su trabajo personal cuando se les requiere. La mayoría de sus propietarios no han visitado nunca sus dominios de la Puna, se contentan con enviar de tiempo en tiempo a un administrador para recoger sus arriendos”.

En 1872 los arrendatarios puneños de Yavi, denunciaron a Fernando Campero, reclamaron los títulos de propiedad de las tierras en las que trabajaban y la rebelión se extendió a otras fincas de la Puna. Ante la indiferencia de las autoridades de Yavi los puneños se levantan el 4 de junio de 1873 armados de palos, hondas, y boleadoras, con el deseo de recuperar sus tierras.El gobierno de Pedro del Portal intervino frente a la rebelión expropiando y declarando fiscales esas tierras. El principal vocero de los rebeldes era Anastasio Inca, referente indígena de la región y artífice de la rebelión.


Teofilo Sanchez de Bustamante, Gobernador de Jujuy 1873-74

Mientras estallaba la revuelta indígena, en la capital provincial sucedía una disputa por el poder entre dos fracciones de la elite local. El gobernador Teófilo Sánchez de Bustamante sucesor de Pedro del Portal, por un lado, y una "oposición" liderada por un terrateniente llamado Álvarez Prado, en el otro bando, que además era apoyado por todos los terratenientes de la Puna y la Quebrada incluido Campero.

Alvarez Prado armó un ejército de campesinos en la Quebrada y se levantó contra Sánchez de Bustamante disputándole el gobierno. Éste por su parte, como último recurso para mantenerse en el poder, se entrevistó con los líderes de la protesta campesina en la Puna, "apoyó" la insurrección, y les prometió devolverles las tierras. De todas maneras Bustamante sería derrotado por sus oponentes en Volcán el 27 de febrero de 1874.


Álvarez Prado, Gob. de Jujuy 1874-76

Por su parte los campesinos rebeldes al enterarse de la derrota de Sánchez de Bustamante, tomaron el pueblo de Yavi el 9 de marzo y mataron a los funcionarios de Campero y del gobierno. Algunos de éstos huyen a Bolivia.

En abril, asume la gobernación Alvarez Prado. El 3 de julio anula las resoluciones de expropiación de las tierras de Campero dictadas por los anteriores gobiernos y organiza una expedición militar de 300 hombres para erradicar la rebelión. El 3 de diciembre en el denominado lugar de "Abra de la Cruz" se produce el combate con el triunfo de los puneños liderado por Laureano Saravia oriundo de Santa catalina, a quien Anastasio Inca delegó el mando militar, los secundaba B. Gonza, F. Zurita y J. Maidana sus capitanes.

El gobernador Prado se repliega a Humahuaca donde prepara un ejército mientras negocia con los rebeldes para ganar tiempo. Pide ayuda al gobierno nacional presidido por Nicolás Avellaneda, quien envía tropas desde Salta, y el 4 de enero de 1875 Alvarez Prado ordenó el ataque en el sitio conocido como Quera.


José Maidana, uno de los líderes de la rebelión puneña

La lucha encarnizada duró más de doce horas. Combatieron del bando puneño 800 campesinos con 200 armas de fuego, y del bando oficial 1100 efectivos con 1170 armas de fuego, con la sangrienta derrota de los puneños. Según el parte de prensa oficial el saldo de muertos fue de 70 soldados y 120 rebeldes, aunque según otras fuentes fueron 240 puneños muertos y más de 273 heridos. La carencia de munición de los combatientes puneños fue el factor de la derrota ya que los obligó a replegarse por distintos puntos cardinales para evitar la captura. Laureano Saravia pudo escapar a Bolivia.


Nicolás Avellaneda

En los días siguientes se desató una escalada de fusilamientos a los principales cabecillas de la rebelión, comenzando con Anastasio Inca y siguiendo por los comandantes y oficiales de Saravia. Sus cuerpos fueron colgados y expuestos en las plazas públicas como escarmiento.

El triunfo de Álvarez Prado consolidó su dominio territorial y el de su socio amigo Campero entre otros terratenientes menores. Posteriormente el Estado expropió parcialmente algunos territorios, pero las masas indígenas jamás volvieron a ser propietarias de sus tierras.

El resultado de la batalla determinó para los pueblos originarios de la Puna tanto la pérdida de sus territorios ancestrales como su expulsión de los mismos. Tras la derrota física de los rebeldes se sucedería una importante transformación estructural de la provincia donde los terratenientes acapararon totalmente las tierras y producto de esta distribución, surgirían las grandes empresas capitalistas como los ingenios azucareros y las minas.

Este proceso fue determinante para el surgimiento de la clase obrera en la provincia. Las masas indígenas desposeídas se proletarizaron en los ingenios de capitales británicos y extranjeros como La Esperanza, Ledesma, San Martín de Tabacal, y posteriormente Mina Pirquitas y El Aguilar. La familia de Campero terminarían arrendando las tierras de Yavi a Patrón Costas dueño del Ingenio San Martín de Tabacal junto a su población.

“Los jalones de derrota son promesas de victoria” decía Lenin, el revolucionario ruso. La historia de la lucha de los oprimidos tuvo un importante capítulo en el proceso que culminó en la derrota de la batalla de Quera. Sin embargo la clase obrera surgiría como una nueva clase social asentada sobre nuevas bases, con nuevos métodos de lucha, y con una mayor fuerza peleará durante todo el siglo XX.

Será tarea de la clase obrera ajustar cuenta con los terratenientes, la burguesía y el estado nacional, autores de incontables masacres contra los pueblos originarios y los trabajadores, acabar con la opresión étnica que se mantiene hasta el día de hoy, devolver la tierra a los originarios, y sacudirse el yugo de más de 500 años de dominación extranjera, en la perspectiva de un mundo sin oprimidos ni explotados.




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