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MANIFESTACIÓN BARCELONA

Barcelona dirá No a la Europa fortaleza

Se prepara la mayor manifestación en solidaridad con los refugiados de Europa. Voces críticas cuestionan como Generalitat y Ayuntamiento se quieren sumar el tanto mientras son parte de la persecución a inmigrantes.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 16 de febrero de 2017 | Edición del día

Foto: Casa Nostra, Casa Vostra

El próximo sábado las calles de Barcelona tienen previsto acoger la manifestación más multitudinaria de Europa en favor de los derechos de las personas migrantes. La convocatoria de la plataforma “Casa nostra, Casa vostra” ha recibido cientos de adhesiones de diversas entidades políticas y sociales catalanas y más de 60.000 firmas individuales.

Sin duda se tratará de una gran hecho político de signo diametralmente opuesto a los fenómenos reaccionarios que vienen recorriendo el viejo continente en los últimos meses, desde el triunfo del Brexit tras una campaña de marcado tinte xenófobo, hasta el ascenso del Front Nacional de Mari Le Pen en las encuestas para las próximas presidenciales francesas.

Dos hitos enmarcados en la puesta en marcha por parte de todos los partidos gobernantes de la UE – tanto los conservadores británicos y alemanes, los social-liberales franceses como la “nueva izquierda” de Syriza en Grecia- de una salvaje política de blindaje de fronteras, deportaciones masivas en colaboración de Turquía, encierro de inmigrantes en auténticos campos de concentración y puesta en marcha de campañas liberticidas y racistas que hacen suyo buena parte del discurso de la extrema derecha.

El Estado español, si bien está lejos de la llamada frontera Este, es el principal responsable de la custodia de parte de la frontera Sur. De los cerca de 40.000 muertos que han padecido en el Mediterráneo desde el año 2000 muchos de ellos lo han hecho atravesando el Estrecho de Gibraltar o dirigiéndose a las costas canarias. Las concertinas que blindan las fronteras de Hungría son fabricadas por la misma empresa española que viene colocándolas en las vallas de Ceuta y Melilla desde hace años.

Desde el inicio de la crisis de los refugiados, las políticas de asilo y extranjería de los miembros de la UE no han hecho más que endurecerse. El Estado español no ha necesitado una renovación legislativa, le bastaba con la que tenía antes de la crisis que convierte en casi imposible conseguir el derecho de asilo, mantiene centros de reclusión y expulsión sin garantía jurídica alguna -los CIEs-, devoluciones “en caliente” en la frontera y una legislación racista que hasta priva del derecho a la sanidad a los inmigrantes en situación irregular.

Toda esta situación es la que explica el rechazo cada vez más extendido entre amplios sectores sociales a las políticas racistas de los Estados de la UE, y que es lo que ha estado detrás de múltiples gestos de solidaridad con los refugiados en Grecia y otros países, movimientos en solidaridad como hemos visto en los estudiantes alemanes o la misma previsión de una movilización masiva en la capital catalana este sábado.

El manifiesto de las entidades convocantes denuncia el endurecimiento de estas políticas y sus aspectos más aberrantes -como los CIEs- pero no entra a cuestionar la propia existencia de una legislación que coarta nada menos que el derecho a la libre movilidad y la igualdad de derechos: las leyes de extranjería. Esta ha sido, y debería seguir siendo, una de las demandas elementales de un movimiento democrático en favor de los derechos de las personas migradas, la apertura de fronteras, la derogación de toda la legislación de extranjería vigente y la regularización de todos los inmigrantes con plenos derechos políticos, civiles y sociales.

Al aceptar ese marco, el peligro es que se termina en una posición de mera presión sobre los gobiernos europeos para que abran un poco la mano. Así, el manifiesto critica que el Estado español no haya recibido a los 10.772 refugiados a los que se comprometió en el acuerdo de la UE del año 2015, en vez de denunciar este acuerdo -tildado como una auténtica vergüenza por las organizaciones de inmigrantes en su momento- que limitaba a un número ínfimo de refugiados a permitir la entrada y los repartía como “mercancías” por distintos países sin tener si quiera en cuenta la voluntad de esas personas sobre su destino.

Este tono de exigencia respetuosa se suaviza aún más cuando se habla de las administraciones catalana y locales, hacia las que dirige fundamentalmente sus demandas. Se reconoce que la competencia sobre las fronteras las tiene el Estado central, pero se pasa por alto que el engranaje de extranjería -administrativo, judicial y policial- no funcionaría sin la colaboración necesaria de todos los niveles del Estado: desde las oficinas del censo, las policías locales, el Departament d’Interior o el de Salut...

Las “exigencias” a estas administraciones son tan suaves como generales: actuar para que Catalunya sea “tierra de acogida”, garantizar “el desarrollo e integración” de las personas migradas, defender el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos sobre la libre circulación y trabajar para “acabar con las causas” que generan los movimientos migratorios.

Sobre este último punto habría mucho más que decir, sin duda. Pedirle a estas administraciones, o al Estado español, o al resto de gobiernos de la UE... “trabajar por erradicar las causas de injusticia, violencia estructural, guerra y vulneración de los derechos humanos en origen que son la raíz de los movimientos forzados o no deseados de población”, es perder de vista que son los Estados imperialistas la principal causa de estos elementos de barbarie.

Son estos gobiernos, en todos sus niveles, los “abogados” y “embajadores” de las grandes empresas multinacionales que expolian amplias zonas del planeta, los que someten a los países semicoloniales a una tutela económica y política en favor de los intereses de éstas, los que mantienen dictaduras sanguinarias como la saudí y sobre todo, los que llevan a delante o promueven los conflictos bélicos que están detrás de la mayor oleada de refugiados desde la II Guerra Mundial.

En esta política todos los niveles del Estado español, incluida la Generalitat o el Ayuntamiento de Barcelona, colaboran con “responsabilidad de Estado”. No solo desde la Moncloa o la Zarzuela -desde donde por ejemplo se organizó el último viaje de Felipe VI a Arabia Saudí-, sino también desde el govern catalá -cuyas embajadas defienden los intereses de la patronal catalana en el exterior o son conocidas sus buenas relaciones con el Estado de Israel- y hasta el mismo consistorio, que abre las puertas y las arcas para hacer posible el principal evento mundial de la industria de telefonía móvil (y el coltán que está detrás de una buena parte de los conflictos bélicos en el África subsahariana) en estos días.

Estas demandas descafeinadas están permitiendo que estas instituciones, y los partidos que las están gestionando, estén tratando de instrumentalizar la protesta para hacerse un auténtico lavado de cara. A tal punto es así, que hasta las tímidas críticas del Jordi Évole a su “incompetencia” en el concierto realizado el sábado pasado desataron toda una avalancha de críticas al periodismo por “romper la concordia”.

Varios consejeros de la Generalitat, como la de Bienestar Social, han anunciado que participarán. La misma responsable de los recortes en ayudas sociales, como el PIRMI, y por lo tanto de fomentar la exclusión social de miles de familias, en especial inmigrantes. El mismo govern que hace redadas racistas y colabora con la Policía Nacional para hacer posible las detenciones de inmigrantes y su encierro en el CIE de Zona Franca.

Lo mismo desde el Ayuntamiento y Barcelona en Comú. Desde la llegada de Colau se viene haciendo bandera de la “ciutat refugi” sin tomar ninguna medida en esa dirección, sino más bien al contrario. La principal campaña -en la que más recursos se vienen destinando- dirigida a personas migradas es la guerra contra el top manta, que deja un saldo de cientos de detenciones (más de 100 al año), un “mantero” preso en la cárcel modelo, otros entregados al CIE y un hostigamiento permanente a esta venta ambulante llevada adelante en su mayoría por inmigrantes africanos.

Con razón diversos colectivos de inmigrantes vienen denunciando desde hace meses el cinismo y la hipocresía del equipo de Colau, que mientras tiene toda una política de gestos y discursos en favor de unos refugiados que están a miles de kilómetros, mantiene las mismas políticas de racismo institucional que el resto de los equipos de gobierno convergentes o socialistas.

Justamente por todo esto, desde diversos colectivos se convoca a participar en la manifestación en un bloque crítico que saldrá del edificio del Mobile Worl Center en Plaza Catalunya, que mantenga la independencia de los partidos de gobierno, las instituciones y las ONG y entidades que se niegan a denunciarlos abiertamente. Esperemos que este bloque pueda tener un peso significativo el sábado y que su presencia en la manifestación sirva para intentar desenmascarar la hipocresía de aquellos que marcharán ese día para el siguiente seguir dando órdenes contra “manteros” e inmigrantes desde sus despachos. Pero además, esperemos que también sirva para dar los primeros pasos de un movimiento que se proponga luchar hasta el final contra las causas y los responsables de toda esta situación.

La barbarie capitalista y los gobiernos imperialistas están generando una crisis humanitaria histórica, y al mismo tiempo abonan el terreno para fenómenos aberrantes como la extrema derecha xenófoba o el terrorismo del ISIS. Para enfrentar esta situación es fundamental poner en pie un gran movimiento contra la división de los explotados que nos quieren imponer, que denuncie y pelee contra los Estados imperialistas, contra todas las intervenciones militares e injerencias que vienen llevando adelante en África y Oriente Medio, contra el expolio cometido por las multinacionales europeas... y que pelee contra toda la legislación de extranjería, la apertura de fronteras y todas las políticas racistas e islamofóbicas que se vienen impulsando en el viejo continente. Contra la Europa del Capital, el horizonte de lucha por gobiernos de trabajadores y los Estados Socialistas de Europa, es la única salida realista a la barbarie capitalista actual.







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