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Baltimore y la otra cara de la “democracia” imperialista

La revuelta en las calles de Baltimore exigiendo “Justicia por Freddie Gray”, el joven afroamericano asesinado por la policía, hizo recordar las imágenes vistas hace meses en Ferguson. En uno y otro caso, no se trata de “policías interactuando con individuos” como reflexionó el presidente Obama. Es la muestra de la verdadera cara de la “democracia” imperialista “puertas adentro”.

Diego Sacchi

@sac_diego

Miércoles 29 de abril de 2015 | Edición del día

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Fotografía: EFE

El presidente Barack Obama condenó que en Baltimore se haya desatado la violencia "sin sentido" y aclaró que los activistas deben ser tratados "como criminales". Luego reflexionó que “Hemos visto demasiados ejemplos de lo que parecen ser policías interactuando con individuos, sobre todo con afroamericanos, a menudo pobres, de forma tal que generan preguntas inquietantes”. Así, el primer presidente afroamericano de Estados Unidos se refería al reclamo de miles de manifestantes que piden “Justicia por Freddie Gray”, criminalizando a los jóvenes afroamericanos y reduciendo a una “interacción inquietante” lo que es una verdadera política de estado, el racismo.

Si los bombardeos, invasiones e injerencia norteamericana han sido la muestra más gráfica de la política exterior imperialista durante años, la rebelión de los jóvenes afroamericanos se da contra la opresión imperial “puertas adentro”, como explica el artículo Ferguson: ¿el fin de la ilusión posracial?.

Esto fue puesto en evidencia en Ferguson. Los manifestantes decían “Están haciendo en casa, lo que hacen afuera” en referencia a las invasiones en Medio Oriente o "¿Usted nos va a disparar? ¿Es ésta la Franja de Gaza?” cuando la Guarda Nacional, que había militarizado la ciudad, se disponía a reprimir.

Allí se vieron las imágenes de tanques ingresando en esa pequeña ciudad y policías equipados para la guerra. El denominado “Programa 1033” del Departamento de Defensa de Estados Unidos estableció la transferencia del material militar sobrante del Ejército hacia las policías locales. Según la Agencia de Logística de ese organismo, solo durante 2013 se han transferido pertrechos militares por 449 millones de dólares.

Según un análisis del New York Times, desde el 2006, los departamentos de policía han adquirido 435 vehículos blindados, 533 aviones, 93.763 ametralladoras y 432 camiones blindados resistentes a las minas.

Los recursos utilizados en la llamada “guerra contra el terrorismo” se vuelven hoy contra aquellos sectores que cuestionan la desigualdad social y el racismo.

Esta verdadera fuerza de ocupación fue vista por millones en el mundo y llegó a crear lazos “virtuales” de solidaridad que unían a Ferguson con Gaza, que en ese momento era bombardeada por Israel.

Estados Unidos bombardea Pakistán con Drones (aviones piloteados a control remoto). Esos bombardeos, que son parte de la política guerrerista en Medio Oriente, han dejado según el sitio thebureauinvestigates.com, la brutal cifra de 290 civiles muertos y 64 niños asesinados desde el 2009 al 2012.

Pero esa cifra es menor a los 313 afroamericanos que fueron asesinados en Estados Unidos, según el sitio Ocuppy.com, por la policía u otra fuerza de seguridad en 2012, el 40% de ellos tenía entre 22 y 31 años. La página web ProPublica se concentra en los jóvenes de 15 a 19 años y encuentra que los afroamericanos, en este grupo de edad, tienen 21 veces más posibilidades de ser asesinados por la policía.

La tasa de desempleo es del doble entre la comunidad negra (12%) que entre los blancos (6%). La población carcelaria estadounidense está compuesta por individuos afroamericanos en un 37%, mientras constituyen sólo el 12,6% de la población general. El 28 % de los hogares negros vivía en la pobreza en 2011, casi tres veces más que los hogares blancos. La pobreza solo refuerza la discriminación: por ejemplo, entre las personas que no completan el secundario, el 20,5 % de las negras no tiene trabajo, mientras que este porcentaje no llega a la mitad (9,7 %) entre las blancas.

La magnitud de estas cifras se acrecienta si tenemos en cuenta que, aunque es la primera minoría, la población afroamericana en Estados Unidos representa solo el 13 %.

Para darse una idea de cómo afecta el racismo en la calidad de vida de los afroamericanos podemos ver un estudio de WAVE, entre jóvenes de distintas ciudades del mundo, que indica “los adolescentes en Baltimore y Johannesburgo (Sudáfrica), a pesar de estar ubicados en países ricos comparativamente, tuvieron resultados de salud peores (que Ibadan o Nueva Delhi las otras ciudades tomadas en la muestra) y tendían a percibir sus comunidades más negativamente”, y continúa “En Baltimore, que se encuentra en la nación más rica del mundo y a sólo 40 millas de la Casa Blanca, los adolescentes mostraron considerablemente, altas tasas de problemas de salud mental, abuso de sustancias, violencia sexual y embarazo adolescente”

Estos datos muestran como, a pesar de las grandes conquistas en derechos civiles que produjeron las movilizaciones de los años 60, el racismo es una parte fundamental de la política implantada por las clases dominantes en Norteamérica. Como se explica en el artículo de Ferguson: ¿El fin de la ilusión posracial? “El triunfo de un presidente negro fue un acontecimiento de enorme peso simbólico. Obama se transformó en emblema de las aspiraciones de la comunidad afroamericana, hija de la esclavitud, y presa de la violencia y la discriminación racial. Pero esa llegada al poder fue una expresión del ascenso y la cooptación de una elite minoritaria negra presente en la clase dominante y el establishment político, y no de la superación del racismo.”







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