Internacional

A UN MES DE LA ASUNCIÓN

Bajo el signo de Trump, la relación México-Estados Unidos

La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos tuvo el efecto de un terremoto sobre México y abrió una crisis en la relación entre ambos países, la más importante en décadas.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Martes 21 de febrero | Edición del día

DOSSIER Un mes de la era Trump

El magnate republicano ratificó, desde antes de ocupar el Salón Oval, sus “promesas” de campaña. La construcción de un muro fronterizo y el anuncio de deportaciones masivas, que junto a la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) son las medidas con las que amenazó a México en los últimos meses. Las declaraciones provocadoras de Trump, diciendo que México pagaría el muro, y las deportaciones que alcanzan unas 400-500 por día, encendieron el repudio al sur de la frontera.


Pese a protestas, el proyecto de construcción del muro continúa

El gobierno del priista Enrique Peña Nieto (EPN) buscó todas las vías para mostrar su “buena voluntad”. Nombró a Luis Videgaray, ex Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). Videgaray habia renunciado en septiembre a la SHCP en medio de un escándalo, después de organizar el primer encuentro entre EPN y Trump, presumiendo de sus contactos con el entonces candidato republicano.


El ’aprendiz’

El nombramiento de Videgaray fue un gesto amistoso hacia el equipo de Trump. Sin embargo, la “guerra de tuits” que lanzó el presidente estadounidenseobligaron a cancelar la reunión bilateral del 31 de enero, y abrieron la peor crisis diplomática en muchos años.

Desde que inició su mandato en 2012, EPN profundizó la entrega de los recursos energéticos y la subordinación política, económica, militar y diplomática a los EE.UU. Trasnacionales como Exxon Mobile -cuyo CEO, Rex Tillerson, es ahora secretario de Estado- se beneficiaron de la reforma energética. Peña, que ahora aseguró que defenderá a los migrantes mexicanos, aceptó sin protestar las políticas migratorias de Barack Obama y sus 3 millones de deportaciones. E implementó, de acuerdo a las exigencias de la Casa Blanca, el programa Frontera Sur, para frenar la migración centroamericana caribeña.


Diferencias entre Trump y Peña desataron la peor crisis diplomática en años

A pesar de ello, Trump está decidido a imponer sus condiciones, lo cual generó declaraciones cruzadas en los últimos días. Videgaray viajo a Washington a entrevistarse con Tillerson y John F. Kelly, luego repitió en Bonn con Tillerson y ahora espera como local a ambos secretarios. Mientras repite que “México no pagará el muro”, el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo sube la temperatura afirmando que “apoyo antinarco y migratorio a EU, si hay TLC justo”. Del otro lado, trascendió que Trump considera enviar 100 mil efectivos de la Guardia Nacional a la zona fronteriza.


John F. Kelly

El gobierno de EPN busca, a través ahora de los contactos con Tillerson y Kelly, un trato decoroso que sea lo menos costoso para su popularidad, cruzado entre la ofensiva trumpista y el descontento interno. Aunque Peña diga que defenderá el “interés nacional de México”, la subordinación al vecino del norte se mantendrá, aunque esta vez no será bajo el manto de “socio privilegiado” que le otorgó Obama.

Las contradicciones que abre el plan de Trump van más allá del enfriamiento de las relaciones diplomáticas. Como se plantea aquí, una modificación radical de la política arancelaria imperante bajo el TLC choca con la relocalización productiva bajo la que las trasnacionales estadounidenses se beneficiaron de los bajos salarios en México. Asimismo, la migración le permitió al capitalismo estadounidense contar con una fuerza de trabajo barata en el agro, la construcción y el comercio.


Trabajo migrante, fundamental para el desarrollo del capitalismo estadunidense

Se trata de un cambio a gran escala de la “gran empresa” neoliberal bajo la cual actuó el capital imperialista y que fue fundamental para la clase dominante mexicana. Está por verse hasta donde llega Trump y la forma final que adquieren sus “promesas” de campaña.

Peña Nieto, en el ojo de la tormenta

La crisis abierta por la llegada de Trump se cruzó con la protesta social que emergió ante el aumento de las gasolinas, y la liberalización de sus precios, lo cual beneficia a empresas como Oxxo Gas, Petro 7, Hidrosina y otras.

El “gasolinazo” provocó desde el 1 de enero movilizaciones en 30 estados, protagonizadas por las clases medias y sectores populares. En ciudades como Guadalajara, Mexicali y otras del norte del país se manifestaron más de 50 mil personas. En la ciudad de México, el 31 de enero, decenas de miles de trabajadores se movilizaron. En todas ellas resonó el grito de “Fuera Peña Nieto”.


El año comenzó en México con movilizaciones en contra del ’gasolinazo’

El descontento popular detonó en el marco de una economía con bajo crecimiento, devaluación del peso, caída del nivel de vida y pérdida de conquistas sociales. La popularidad de EPN cayó hasta el 12%, y su actitud conciliadora ante Trump lo profundizó.

El Partido Acción Nacional y de la Revolución Democrática, que junto al oficialista Revolucionario Institucional integraban el “Pacto por México” y avalaron las reformas estructurales de EPN, adoptaron un discurso opositor. Su intención fue posicionarse para las elecciones presidenciales. Esto mientras buscaban contener el descontento y evitar que la movilización escalara y llevara a la caída del gobierno.


MORENA, capitalización del descontento contra EPN rumbo a 2018

De igual forma actuó el Morena, liderado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), visto por millones de trabajadores y jóvenes como una alternativa opositora. López Obrador se está beneficiando del descontento con el gobierno y pretende capitalizarlo para llegar a la presidencia en 2018. Pero AMLO, mientras protestaba contra el gasolinazo y anunciaba una gira por EE.UU., llamó a respaldar a Peña contra Trump.

A todos les preocupa que se profundice la inestabilidad, y que la clase trabajadora irrumpa y golpee duramente al gobierno.

Peña Nieto, aprovechando que las movilizaciones contra el gasolinazo no se profundizaron, llamó a la “unidad de todos los mexicanos”ante Trump. Su objetivo era recuperar la popularidad perdida y subordinar el descontento a un “nacionalismo” senil, encabezado por los campeones de la entrega. También lo hicieron la mayoría de los partidos de oposición, empresarios como Carlos Slim -uno de los mayores multimillonarios del planeta- y sectores de la burocracia sindical.


’Vibra México’, convocada por empresarios y la derecha

El 12 de febrero fue llamada una movilización bajo el slogan de “Vibra México”, convocada por grandes televisoras, organismos empresariales y personalidades derechistas, acompañadas por los rectores de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Iberoamericana. El objetivo: “cerrar filas” tras el presidente y “contra Trump”. Esta movilización resultó un rotundo fracaso, y mostró que el descontento con EPN se mantiene a pesar de los llamados a “la unidad nacional”.

Perspectivas

El panorama en México está hoy más cruzada que nunca por la relación con los Estados Unidos. El programa de Trump, aún si se aplica parcialmente, cuestiona el modelo de integración a los EE.UU., sobre el que se erigió la fortaleza del régimen mexicano en las últimas décadas, que permitió cierto crecimiento económico y le dio el apoyo de amplios sectores sociales, especialmente medios y altos, beneficiarios de un boom consumista.


Popularidad de EPN: a la baja

La crisis en la relación entre ambas administraciones es un factor desestabilizante para Peña Nieto, que se suma a su pérdida de popularidad. Los 20 meses que faltan para que abandone Los Pinos pueden volverse una pesadilla, mucho más si la protesta obrera y popular ocupa el centro de la escena.


Es fundamental una perspectiva internacionalista

Los trabajadores de México deben tomar en sus manos la lucha contra el gobierno y las instituciones, responsables de la entrega al imperialismo estadounidense. Es fundamental adoptar una perspectiva internacionalista, para lograr la unidad con la clase obrera y el pueblo estadounidense contra las deportaciones y el muro fronterizo, y ante los planes que impulsan los gobiernos al servicio de los capitalistas.

En ese camino, y para soldar una unidad indestructible, los trabajadores estadounidenses deben tomar en sus manos la defensa de sus hermanos migrantes, y contra el saqueo que las trasnacionales ejercen sobre México. La clase obrera es una sola y sin fronteras.

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