Géneros y Sexualidades

TRIBUNA ABIERTA

Bailar la conga o el fin de una etapa

Son más y somos más, le comenté a un compañero durante la manifestación del Orgullo Indignado que superó todas las expectativas de las plataformas convocantes contra el heteropatriarcado capitalista.

Martes 4 de julio | 18:17

Pero el sábado vimos uno de los espectáculos más esperpénticos que se han presenciado en mucho tiempo en el Estado español, al menos en lo que a la arena de sus figuras sociopolíticas se refiere. Además, televisado y bien televisado.

De pronto todos los partidos parecían confundirse bailando al unísono la conga, haciendo oídos sordos al pinkwashing de Israel, repitiendo casi las mismas frases hechas, llevando las mismas pancartas.

Nuestra estupefacción ya llegó al punto del colapso cuando vimos a Manuela Carmena (que ha vendido el orgullo al empresariado neoliberal capitalino) bailando la conga con Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad por uno de los partidos más homófobos de la historia, brazo derecho de la Iglesia Católica, los legionarios de cristo, que autoriza manifestaciones neonazis en su suelo y que nos ha retirado de la educación para la ciudadanía y casi de las clases de historia.

Mucha gente pensante del colectivo LGTB debió pensar “hasta aquí hemos llegado”. Con la satisfacción de que el Orgullo Indignado va ganando posiciones de forma nada desdeñable tuvimos que ver también la carroza de Albert Rivera, las mascotas de los políticos de la izquierda parlamentaria y algunos que, para la ocasión, se vestían de centro además de la puesta de largo de Tel Aviv como destino turístico ante cientos de miles de madrileños dispuestos a pasar por alto que tal vez eso de visibilidad suene siempre bien pero el precio que pagamos puede ser cada vez más alto.

La única satisfacción ante el esperpento nacional de la policía para la gestión de la diversidad y otras lindezas, Albert Rivera de la mano con Pablo Iglesias, Cifuentes bailando la Conga con Carmena, es que el Orgullo Indignado ha saltado a los medios porque fue tan numeroso, tan intenso y generó tanto eco que, aun queriendo, no han podido ignorarlo del todo.

Esperemos que algún político de izquierdas siquiera lo mencione y se pregunte a quienes representaban realmente, ¿a intereses macroeconómicos o a amplios sectores todavía infrarrepresentados de la llamada comunidad LGTBQ?, y se den cuenta de que el sábado les sirvió a muchos y muchas para “hacerse la foto social del verano”.






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