Sociedad

Bahía: otro caso de discriminación a trabajadores esenciales

Una trabajadora del Hospital Penna de Bahía Blanca recibió reiteradas intimidaciones en su domicilio de parte de uno de sus vecinos por ser enfermera.

Leandro Wagner

Docente | Delegado de Suteba Bahía Blanca

Martes 7 de julio | Edición del día

Un aberrante suceso tuvo que vivir por estos días Norma Noemí Larrondo, quien recibió en su domicilio una carta amenazadora instándola a abandonar su vivienda en el edificio por su condición de “Primera Línea” como trabajadora de la salud. Como si fuera poco se le sumó el hecho que en la puerta de su domicilio le habían pintado cruces negras.

Entrevistada por un medio local Norma contó que "Hace 30 años que trabajo en el hospital Penna. Es mi vocación y la voy a defender a muerte. Espero que todo esto sirva para que no vuelva a pasar. No estamos para lastimar a nadie, solo queremos ayudar. La gente nos sigue agrediendo, nos grita en la calle, y eso no sirve. ¿Para qué los aplausos? ¿Para encontrarme después con esto? Yo quiero que la gente esté bien y nos felicite de otra manera"

Desde la dirección del hospital Penna emitieron un comunicado expresando preocupación y rechazo ante semejantes hechos de discriminación y violencia.

Fuente: Facebook Higa Penna

Este hecho contra los trabajadores esenciales no es un caso aislado. Hace unas semanas el supermercado mayorista Makro fue el protagonista de otro hecho estigmatizante hacia una trabajadora del Hospital Municipal al no dejarla entrar en sus instalaciones por considerarla como posible portadora de Covid-19.

Dichos como los del intendente Gay afirmando que “preocupa la actitud de la gente que cree que todo ya pasó”, junto a algunos medios de comunicación que tuvieron una política similar de responsabilizar a los trabajadores como en el caso de la cooperativa, se combinan con el miedo que tiene la gente. Las declaraciones del secretario de salud Carlos Acrogliano que aseguró: “si el crecimiento de casos positivos de coronavirus es exponencial, el sistema de salud de Bahía Blanca podría saturarse en cuatro o cinco semanas.” abonan más la cuestión. Su única solución fue una “cuarentena voluntaria” y no permitir la circulación de las personas desde las 21hs hasta las 6hs.

En este sentido el gobierno local, como el provincial y el nacional, evidencian una preocupante falta de determinación a la hora de desplegar medidas que permitan atacar la circulación del virus de manera responsable. Se niegan a testear masivamente en barrios y lugares de trabajo, no brindan a los trabajadores equipos de protección, retacean -cuando no directamente niegan- licencias al personal de riesgo y dejan a los enfermos aislados sin preocuparse porque puedan acceder ni siquiera a alimentos.

La principal estrategia del gobierno estuvo basada en una cuarentena estricta para “ganar tiempo”, aislada de otras medidas básicas de detección, prevención y contención, puso el foco en la “responsabilidad individual”, lo que evidencia desde ya enormes muestras de solidaridad entre la población, pero también casos de individualismo extremo, como el de este vecino, devenido de la política de “sálvese quien pueda” que el gobierno propone para los trabajadores.

Mientras la circulación local del virus se hace cada día más alarmante, son los y las profesionales de la salud quienes ponen el cuerpo de manera abnegada para hacer frente a los requerimientos de ésta crisis sanitaria, que pega de lleno en un sistema vaciado desde hace décadas.

Son ellos y ellas quienes tienen que hacer frente a las demandas en materia de salud de la población sin contar muchas veces con las garantías necesarias para poder cuidar su propia vida y la de los pacientes. Más allá de esto, son los profesionales de la salud aquellos que mejor saben cómo atender a protocolos de salubridad, que muchas veces tienen que garantizar con su propio bolsillo.

Lejos de aprovechar ese tiempo valioso que dió la cuarentena, se desestimó la aplicación de partidas presupuestarias acordes a la situación que fortalezcan los eslabones más importantes y débiles del tejido social: no se mejoró las pésimas condiciones en que se encuentra el sistema de salud, no se brindó material de protección, ni alimentos suficientes para las familias que más lo necesitan, tampoco contrató el personal de salud suficiente. Sin embargo cuando se ve presionado por los poderosos, cede ante cada pedido, y de ahí que hacen lo imposible para justificar la no vuelta a fase 3, presionados por un “tire y afloje” entre el empresariado local que se niega a cerrar a toda costa y una posible catástrofe sanitaria.

Desde el gobierno nacional se amagó para unificar el sistema de salud público con el privado o con el conocido impuestos a las grandes fortunas, medidas que hubiesen ampliado no solo el sistema de salud sino también las condiciones sanitarias de trabajo de los esenciales y terminamos pagándole las deudas a clínicas privadas con la plata de la jubilación de los estatales. No haber avanzado en la unificación del sistema público con el privado implica que el gobierno le paga al sistema privado por cada cama que utiliza por día. Si los recursos están, en el puerto por ejemplo, o en el ATP que cobran las grandes empresas (como si esas necesitaran realmente urgentes “salvatajes”) ¿Porqué no ponemos toda esa bronca para, en vez de estigmatizar a los trabajadores de riesgo que están en la primera linea salvando vidas todos los días, formar comités de seguridad e higiene en cada barrio y en cada lugar de trabajo, y exigir todas estas demandas?







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