ELECCIONES GENERALES

Avance de Cambiemos, derrumbe peronista y muy buena elección del Frente de Izquierda

Un balance preliminar de las elecciones generales. Victoria del macrismo que no es un cheque en blanco. Crisis y división del peronismo y el kirchnerismo. Un debate sobre qué tipo de fuerza política construir para enfrentar a la derecha fortalecida.

Fernando Rosso

@RossoFer

Lunes 23 de octubre | 05:44

Las elecciones generales, según el escrutinio provisorio, confirmaron el triunfo nacional de Cambiemos e implicaron un sensible avance con respecto a las primarias. La coalición oficial sumó casi cinco puntos y superó el 40 % de los votos en todo el país. Triunfó en la estratégica provincia de Buenos Aires y logró imponerse sobre Cristina Fernández en el tramo a senador por cuatro puntos de diferencia (41,38 % a 37,25). Además, dio vuelta la derrota que había sufrido por unas centésimas en Santa Fe (tercer distrito electoral) en las Paso y ayer se impuso cómodamente por doce puntos de diferencia (37,78 a 25,84 %). También revirtió el resultado en la elección de Salta, donde la coalición peronista respaldada por el gobernador Juan Manuel Urtubey (aspirante a renovador del peronismo) había triunfado en las primarias por más de diez puntos y este domingo Cambiemos se impuso por una distancia de siete puntos porcentuales (30,94 a 23,98%). La coalición oficial triunfó en trece de los veinticuatro distritos electorales del país, incluyendo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y también sumó Chacó y La Rioja en los que había perdido en las PASO. En otras ocho provincias ganaron distintas variantes del peronismo y en dos (Chubut y Santiago del Estero) se impusieron coaliciones provinciales. Cambiemos venció en los cinco principales distritos del país, superó los diez millones de votos y sumó 21 diputados y 9 senadores.

Los comicios se desarrollaron en el marco de los conmovedores hechos que terminaron con la muerte del joven Santiago Maldonado. El viernes anterior a las elecciones se terminó de abrir una grave y delicada crisis política de consecuencias impredecibles cuando la familia reconoció el cuerpo encontrado en el río Chubut y se cayeron todas las mentiras propaladas desde el Gobierno y los medios afines durante los ochenta días en los que estuvo desaparecido. La intervención clave del juez Gustavo Lleral fue un auxilio esencial para el oficialismo en un momento decisivo cuando salió a brindar casi en cadena nacional una información parcial (“no hay lesiones en el cuerpo”) luego de la primera autopsia que aportaba a la confusión general, mientras hacía como si estuviera aclarando. La crisis por la muerte de Santiago, producida en el marco de una represión de Gendarmería sigue abierta, pero en la coyuntura la intervención de Lleral fue esencial para contener el malestar y la bronca que crecía contra el Gobierno e incluso comenzaba a expresarse en las calles.

Pero el triunfo de Cambiemos tiene otras razones políticas y estructurales de mediano plazo. En primer lugar, el sostén de gobernabilidad que le concedió el grueso del peronismo y la dirigencia sindical burocrática. Los primeros aprobando la mayoría de las leyes esenciales enviadas por Mauricio Macri y los segundos evitando dar pelea ante el avance del ajuste. Incluso la CGT ya empezó a negociar acuerdos por sector en el marco del objetivo gubernamental de flexibilizar aún más las relaciones laborales para “bajar el costo argentino”, eufemismo que se utiliza para avanzar sobre los derechos de los trabajadores.

En segundo lugar, pese a que el Gobierno avanzó en su ajuste debió moderar el ritmo y practicó cierto “gradualismo” combinado con el impulso al gasto público con obras y créditos que implicaron una leve estabilización de la economía. Un manual típico de todos los gobiernos en años electorales, que Cambiemos financia con la emisión vertiginosa de deuda que puede tomar gracias a la “herencia recibida” por el kirchnerismo y el mal llamado “desendeudamiento”: la práctica de pagarles a los organismos internacionales hasta que les duela. Cambiemos se endeuda violentamente, no importa si es al precio de hipotecar el país y a las futuras generaciones, porque “el cambio es aquí, el cambio es ahora”.

En tercer lugar, el oficialismo usufructuó la ventaja de detentar el poder del Estado (nacional y de los principales distritos) que es más una expresión de la crisis de los partidos políticos tradicionales antes que manifestación de su fortaleza.

Debacle peronista

Por último, este triunfo no puede entenderse sin la profunda crisis que atraviesa el peronismo donde se combinan dos fenómenos centrales.

Los grandes derrotados dentro en ese movimiento fueron los peronistas más próximos al macrismo (los periodísticamente llamados “racionales”). Desde Juan Schiaretti, que volvió a perder y por mayor distancia en Córdoba; pasando por el nonato “renovador” Urtubey, derrotado en Salta; hasta llegar a Sergio Massa que en la provincia de Buenos Aires perdió los cuatro puntos que le permitieron dar vuelta la elección a Cambiemos y hasta logró la proeza de ser derrotado en su bastión: Tigre.

Durante la mayor parte de estos dos años todos ellos militaron una especie de “peronismo macrista” y gran parte de sus electores optaron por votar al original antes que a una mala copia.

El kirchnerismo, por su parte, con la candidatura de Cristina Fernández a la cabeza en el principal distrito resistió “mejor” la avanzada de Cambiemos, así como sus aliados en otras provincias, aunque no pudo evitar ser derrotada en PBA. Desde la oposición, adoptó un discurso más “duro” y antiajuste. Fue la menos perdidosa en el derrumbe peronista. Sin embargo, lo obtenido no le alcanza para liderar al conjunto del maltrecho movimiento y además sufrió el rechazo que le impone un techo demasiado bajo por los inocultables e impresentables hechos de corrupción producidos bajo su gobierno y porque para muchos sectores sociales también fue la cara del ajuste, sobre todo durante los últimos años de su gestión (con el “impuesto al salario” como una de sus representaciones más evidentes, pero no la única). En los años de declive del kirchnerismo esta crisis en su política real se intentó ocultar con la sobreproducción de relato (“cadenas nacionales”) y una hiperpolitización vacía y superficial de la cual el PRO y su narrativa despolitizadora y de charla motivacional es la contracara en espejo.

Aquí reside también otra de las razones del respaldo que obtuvo Cambiemos. Con la agitación sistemática de los hechos de corrupción a través del monumental aparato de medios adictos (que a la vez fue fortalecido por el Gobierno), logró cosechar una importante cantidad de “voto rechazo” y de consenso negativo que no representa necesariamente un apoyo positivo al conjunto de su programa y proyecto político.

El analista y bloguero peronista Abel Fernández destacó este elemento cuando todavía se estaba desarrollando la elección: “El factor principal que motiva una mayoría larga de los votos que se están emitiendo hoy es la voluntad de decirle no a algo: al gobierno actual y sus políticas, a un regreso de Cristina. Estos motivos negativos son muy diferentes, y se contradicen entre sí, pero pesan más que cualquiera de los positivos.”

Las elecciones y la lucha

Todos estos factores configuran un escenario en el cual el Gobierno logra un contundente respaldo electoral que no es sinónimo de un cheque en blanco para llevar hasta el final sus objetivos económico-políticos de máxima: un ajuste neoliberal con la reforma laboral como columna vertebral. El pliego de demandas del Coloquio patronal de Idea donde Macri cerró realmente su campaña electoral.

El triunfo de ese programa será posible sólo si logra traducir la victoria electoral (que es un elemento importante) en un cambio cualitativo de la relación de fuerzas en el terreno de la lucha viva. Esto definirá si Cambiemos logrará o no imponer su impronta (y su hegemonía) en los próximos años o será un gestor de la decadencia nacional y de sus formaciones políticas tradicionales.

En ese contexto de avance de la derecha, hay que valorar los resultados que obtuvo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (ver nota aparte) con un verdadero batacazo del obrero Alejandro Vilca (PTS) en Jujuy, pero también con guarismos muy destacados en Mendoza: casi el 12% de los votos que consolidan el espacio que el FIT tiene en esa provincia, una importante elección en Neuquén y otros distritos. Y resistiendo la polarización en la provincia de Buenos Aires con la consagración de dos diputados nacionales (Nicolás del Caño y Romina del Pla) y avanzando en una elección muy destacada en la Ciudad donde la lista encabezada por Myriam Bregman logró consagrar dos bancas en la Legislatura. Es un nuevo avance del FIT y sus referentes para presentar batalla a los planes de Macri.

Al finalizar la elección, Cristina Fernández afirmó en su discurso que “las oposiciones firmes y claras han avanzado en todo el país”. La sentencia en abstracto es cierta, aunque el kircnerismo está flojo de papeles en el terreno de hacer una oposición “firme y clara”, más allá del discurso electoral.

Pero hacia adelante, está planteado discutir cómo enfrentar el ajuste de Macri y su avasallamiento a los derechos democráticos. Esta pelea nos encontrará codo a codo, en primer lugar con todos aquellos que apoyaron al FIT, pero también con muchos de los que referenciados en el kirchnerismo aspiran real y honestamente a enfrenar a la derecha envalentonada en el poder. Nos encontrará en la pelea por justicia por Santiago Maldonado (el próximo 1° de noviembre debemos colmar las calles) y enfrentando las reformas laborales, así como el conjunto del plan de ajuste. Pero también será una obligación desarrollar una polémica franca sobre qué tipo de fuerza política hay que construir y con qué métodos para derrotar a la derecha: si con “mayorías” construidas desde arriba y exclusivamente desde el Estado y en alianzas con empresarios presuntamente nacionales, con referentes políticos y sindicales que terminan indefectiblemente siendo la base de la gobernabilidad y el sostén de la derecha o con la independencia política de los trabajadores y la lucha por recuperar las organizaciones sindicales de manos de la burocracia sindical, poner en movimiento a los estudiantes y a la juventud para enfrentar realmente a la derecha en el parlamento y en las calles. Debates y combates que marcarán el próximo periodo y de los que dependerá el futuro.








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