Internacional

EUROPA - CRISIS MIGRATORIA

Austria usará al ejército para detener a los refugiados

El gobierno autorizó militarizar los pasos fronterizos con Italia para impedir el ingreso de inmigrantes. Desde el pasado enero unas 100.000 personas han llegado a Europa por el Mediterráneo.

Diego Sacchi

@sac_diego

Martes 4 de julio | 16:00

El gobierno austriaco se prepara para responder con medios militares a la crisis por los refugiados que llegan a Europa. Mientras el gobierno italiano lleva días pidiendo a sus socios europeos una mayor ayuda por el aumento de migrantes y refugiados rescatados en el Mediterráneo, la Comisión Europea responde proponiendo nuevos acuerdos de reubicación, sabiendo que los anteriores aún no se han cumplido.

Para poner un poco de presión sobre el resto de los integrantes del bloque comunitario, Italia, Francia y Alemania coincidieron en la necesidad de "aplicar plenamente y acelerar" el programa de reubicación de refugiados en los países europeos. Lo hicieron mediante un comunicado conjunto difundido este lunes, tras una reunión en París.

Pero el anuncio parece no haber tenido mucho efecto conociendo que la respuesta austriaca a la crisis es todo lo contrario a brindar ayuda a su vecino, Italia.
Según el ministro de Defensa austriaco, Hans Peter Doskozil, habrá hasta 750 soldados disponibles para mantener el control en los pasos fronterizos. “La asistencia del Ejército austríaco es indispensable si el flujo de llegadas no se disminuye” dijo el ministro al diario ‘Kronen Zeitung’.

De esta forma Austria golpea directamente contra el acuerdo que garantiza el derecho a la libre circulación en el seno de la Unión Europea (UE). Aunque las autoridades austriacas no solo las únicas en tomar medidas de este tipo, ya son varios los países de la UE que han violado ese pilar del proyecto en aras de mandar un mensaje de mano dura contra los refugiados a sus ciudadanos. Así, Alemania, Bulgaria, Hungría, Eslovenia, Francia, España, Dinamarca y Suecia también han implantado controles fronterizos.

Las fronteras que los acuerdos de la UE “eliminaban”, ahora afloran con vallas y alambres buscando impedir el paso de migrantes. A esto se suma la política gran parte de los estados que componen la UE, instalando los llamados campos de refugiados, que realmente parecen campos de concentración, y albergan a inmigrantes en condiciones denigrantes.

Incluso, al no ser esto suficiente, los principales gobiernos europeos pactan con los autoritarios y represores gobiernos de Erdogan, en Turquía, o Al Sisi, de Egipto, con la intención de frenar al medio millón de personas que huyen de la guerra o la miseria.

Las medidas anunciadas en Austria contra migrantes y refugiados, país que recibió entre la segunda mitad de 2015 y la primera de 2016 a más de 90.000 refugiados, coinciden con la proximidad de las elecciones legislativas de octubre. De cara a esos comicios se ha fortalecido la ultraderecha que dirige Heinz-Christian Strache, líder del FPO, generando que la retórica contra la inmigración se extienda a los demás partidos políticos.

Strache, ligado a otros líderes de ultraderecha como la francesa Marine Le Pen o el holandés Geert Wilders, dijo este lunes que Austria debe “poner fin a esta política de islamización lo antes posible”, acusando a la Comisión Europea de intentar islamizar el continente.

El actual canciller y nuevo líder de los conservadores del OVP, Sebastian Kurz, realizó declaraciones en el mismo sentido al decir que la política europea debería centrarse en “bloquear” la ruta migratoria del Mediterráneo.

En su momento las fronteras de la llamada “ruta balcánica”, que era la "más segura" para llegar a Europa fueron cerradas por los gobiernos de los países en esa región, lo que obligó a millones de personas a utilizar el Mediterráneo como forma de llegar a sus costas. Esto volvió a los refugiados presa directa de los traficantes de personas que en el norte de África y en particular en Libia actúan en connivencia con traficantes europeos.

La Comisión Europea realiza declaraciones de ocasión sobre la situación pero en concreto negoció con Turquía un acuerdo multimillonario para que este país se convierta en un verdadero campo de concentración para los refugiados. Por un lado el gobierno de Erdogan impide la llegada de los refugiados a los países de la UE, mientras la extrema precariedad y la violencia son una moneda cotidiana que sufren los refugiados en suelo turco.

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A la creciente militarización y persecución en las fronteras se suma la islamofobia en países como Francia o Alemania, lo que ha hecho que se multipliquen los ataques contra los refugiados, que llegan producto de las guerras y la injerencia de las potencias imperialistas contra sus países de origen.

Cínicamente el gobierno de Merkel sugirió una suerte de contrato laboral para utilizar a los refugiados como mano de obra ultra barata, lo que no es más que la legalización estatal para toda la cadena de explotación laboral y sexual en el que se mueven las redes de trata en todo el continente.








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