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DOSSIER SINDICAL

Aurelio Tomás: “Las ganas de Macri y la CGT de llevarse muy bien se chocaron con la economía”

Aurelio Tomás es columnista de política y temas gremiales en el diario Perfil. Su opinión sobre el papel de las CGT en estos meses y el proceso de reunificación.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Sábado 23 de julio de 2016 | Edición del día

¿Cómo analizás el papel de las centrales sindicales en estos 7 meses de gobierno?

El mundo sindical y el gobierno eran como dos actores con muchísimas ganas de llevarse muy bien. Con muchas razones y sobre todo políticas. Por un lado la principal virtud que tiene, desde la perspectiva de los dirigentes gremiales, una persona como Mauricio Macri, más allá de su orientación, obviamente de derecha, es una persona que a diferencia de lo que ha pasado en los últimos 12 años, no tendría que tener un interés en meterse en el mundo de ellos. Yo creo que el cegetismo sufrió mucho en 12 años de kirchnerismo una interferencia muy fuerte de la política en sus organizaciones, de distintas maneras. Desde la promoción de listas de La Cámpora como fue en Comercio, desde interferir en la organización a nivel de centrales, con toda la división que generó el propio gobierno. Yo creo que la perspectiva de una organización más autónoma, que puede sentarse “de igual a igual” y no de dominarlo como trato de hacer el kirchnerismo, le daba una perspectiva de tener un buen diálogo.

Por eso el tipo de reuniones y fotos que compartieron en la Casa Rosada, o algunos puestos en el Estado como la Superintendencia de Seguros de Salud, daban una perspectiva política de llevarse muy bien. Salvo que uno y otro se chocaron con la economía. Y tomaría como ejemplo esta cuestión de la Superintendencia de Salud, donde se les da un lugar de cogestión prácticamente en esa materia.

Hay un acuerdo político, pero la limitación llega, por ejemplo, estos días con el retraso de la firma de Prat Gay porque no tienen fondos para liberarle. Está el acuerdo político, una compensación inicial de 2700 millones, que se redistribuiría en las obras sociales, está el acuerdo por la participación de agentes directos del sindicalismo, pero lo que no tenés es la firma del Ministerio de Hacienda que te permita liberar esos fondos.

Entonces cuando la plata no está, la economía se convierte en algo muy apremiante. También está el tema del salario o los efectos de los despidos. La voluntad política que había de las dos partes de tener una buena relación, se va haciendo cada vez más difícil.

Yo creo que lo que estamos viendo es eso: querían llevarse bien por términos políticos, pero hay una economía que no los deja llevarse bien.

Uno puede tener una opinión sobre las direcciones gremiales, cuán sensibles son a la realidad de sus afiliados, pero cuando vos tenés una situación como la de Gerardo Martínez que tiene 70 mil empleos perdidos, ahí no solo tenés la necesidad de atender la situación de esos trabajadores, sino un golpe a la propia organización.

Yo creo que lo que estamos viendo es eso: querían llevarse bien por términos políticos, pero una economía que no los deja llevarse bien.

Creo que se veían en una gran misma mesa discutiendo los grandes problemas de la política y la economía argentina pero es muy difícil tener esa mesa cuando hay tan poco para repartir.

¿Cómo te parece que ven desde el gobierno y las cámaras empresarias esta actitud de las direcciones gremiales? ¿Qué expectativas tienen en el mediano plazo?

Con las cámaras no tengo tengo diálogo. A nivel político, del Gobierno tenían la expectativa de que, al no querer intervenir en cada cuestión, e incluso tomando medidas que favorecen a las CGT en detrimento de los sectores combativos, la izquierda e incluso las CTA, y con una persona como Jorge Triaca muy ligada al cegetismo, la expectativa del gobierno era que se diera un ordenamiento dentro del mundo sindical, una unidad que les permitiera tener un interlocutor más fácil, porque a nadie la agrada sentarse con 8 tipos que piensan cosas distintas.

Yo creo que de parte del Gobierno, por lo que he charlado con funcionarios y dirigentes gremiales, querían una unificación para poder tener un interlocutor más fácil y poder discutir estos grandes temas. Tener un acompañamiento político para una serie de decisiones difíciles, pero me parece que se les complicó.

Y ahora, la redefinición que se está dando entre los liderazgos de la CGT, con un contexto económico tan complicado, se convierte en un factor de peligro, porque los que compiten por la dirección de la CGT se ven obligados a extremar su discurso contra el gobierno, por el contexto económico.

Yo creo que había un deseo de intercambiar beneficios por gobernabilidad, tanto de un lado como el otro, y esa es una perspectiva que se está complicando.

Entonces, creo que no se cumplió esa expectativa que tenía el gobierno de un reordenamiento que le permitiera un interlocutor que lo ayude. Yo creo que había un deseo de intercambiar beneficios por gobernabilidad, tanto de un lado como el otro, y esa es una perspectiva que se está complicando. Y creo que del gobierno hay también una cierta desilusión, sabiendo de que no lo acompañen en algunas medidas difícil como lo han hecho con otros gobiernos. El gobierno va a tener que dejar de lado estos cálculos y redefinir su estrategia por una situación económica que es más complicada de lo que preveía.

¿Se va a concretar la unificación en agosto? ¿Cuáles son para vos los objetivos y los límites de esa “unidad”?

Los que conocen la historia de la CGT, y de gremios grandes, siempre dicen en off pero no abiertamente: “unidos unidos, el 100% de los gremios nunca hemos estado”. Siempre hay algunos que quieren jugar por fuera. Pero todavía hay perspectiva que una gran mayoría del universo de gremios va a terminar unificándose.

Lo que se está manejando ahora es un esquema colegiado. Los gremios te hablan de a quienes quieren tener en la dirección, pero tiende a haber una coincidencia en que esa conducción tiene que ser colegiada y tiene que haber una unidad.

“Poroteando”, esos gremios tienen más que una mayoría para definirlo el 22 de agosto, aunque puede quedar una minoría relativamente importante en disidencia. Es muy interesante de los últimos días es que dos actores tan distintos, por lo menos en su historia reciente, como puede ser el MASA de Viviani y una serie de gremios cercanos a Venegas, sean los que estén hablando de que quieren un solo secretario general. Eso puede perfilar una alianza inesperada. Nada de lo que se esté diciendo estos días es inocente. Creo que el gran tema que se viene no es tanto lo del secretario general, sino el de la distribución de los 35 puestos en la comisión directiva.

Nada de lo que se esté diciendo estos días es inocente.

Va a haber mucho chisporroteo en estos días, y movidas que en realidad son fintas, tendientes a que determinados gremios puedan mantener un espacio. Porque hasta hace poco había 70 puestos a repartir, además de la Azul y Blanca, que en algún medida dan una visibilidad muy importante. Los problemas van a venir más por ese lado que por la conformación de una conducción.







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