Política

INTERNAS EN EL OFICIALISMO

Aunque falte para Pascuas, Cambiemos ya arrancó con la rosca

Dentro de la coalición que lidera el PRO se empiezan a tejer alianzas y enfrentamientos de cara a un crucial año electoral. Nadie quiere sacar los pies del plato.

Carolina Ararat

@carolinanunu

Jueves 26 de enero de 2017 | Edición del día

Luego de haberse tomado unos apacibles días de vacaciones en sus respectivos lugares top dentro y fuera del país, los miembros de Cambiemos se pusieron en marcha para llegar lo mejor posible a las elecciones de medio término de este año.

Desde el espacio que lidera el PRO saben que una eventual derrota o resultado adverso va a poner en jaque los años que le restan de Gobierno, en un escenario económico complicado (aunque traten de dibujar lo contrario con el nuevo ministro de economía) y con un ajuste que intentarán profundizar, necesitan tener poder en ambas cámaras legislativas.

Al estilo de los Ceos: almuerzos de negocios

Desde el PRO parecen haber adoptado la política de “almuerzos” para negociar entre las distintas alas de Cambiemos.

En el día de ayer el jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña; el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis; la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal; el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el vicejefe de la Ciudad, Diego Santilli; y el jefe de Gabinete de la provincia de Buenos Aires, Federico Salvai, compartieron un almuerzo en un restaurante de la CABA.

Desde el PRO señalaron que se evaluaron los distintos escenarios electorales. Marcos Peña parece querer marcarle la cancha a Vidal y meterse en la campaña bonaerense, tratando de que la gobernadora no gane aún más poder y notoriedad dentro del PRO, siendo una de las que más imagen positiva tiene dentro del oficialismo.

Por su parte, Vidal es consciente de su poder de negociación y no va a ceder tan fácil el armado en la provincia de Buenos Aires, mientras negocia con los intendentes su cuota de poder dentro de la provincia. En medio de la rosca se ubica también el Jefe de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, con quien vienen teniendo encontronazos desde la plana mayor del PRO.

La estrategia de Monzó para “fortalecer Cambiemos” es incorporar a extrapartidarios provenientes del peronismo, algo que ve necesario para poder torcer la balanza, sobretodo en la provincia de Buenos Aires. Más aún luego de los adversos resultados que mostraron algunas encuestas últimamente.

Boinas blancas en estado de efervescencia

En medio de estas disputas, desde el radicalismo hicieron oír sus desacuerdos. Uno de los dirigentes que se encuentra más alejado de Cambiemos dentro del radicalismo es Ricardo Alfonsín. El diputado disparó críticas hacia la movilidad del feriado del 24 de Marzo por considerar que se banaliza “una de las mayores tragedias de la historia argentina".

Al ser consultado por el panorama electoral, Alfonsín fue claro: “Lo mejor sería resolver las candidaturas en las PASO”. Algo que desde el PRO no piensan permitir e insisten en el armado de una lista única.

Desde la mayoría del UCR no están tan “radicales” como Alfonsín, pero exigen más presencia dentro de la coalición de Gobierno.

El PRO sabe que para el armado nacional de Cambiemos la UCR fue fundamental y le deben “el favor” al ex senador Sanz por su operación en el congreso radical de Gualeguachú, donde se selló su alianza con el partido de Macri. En las elecciones de este año los radicales dejan 20 de sus 36 bancas en diputados y temen que esos espacios de Cambiemos vayan para peronistas u otros “extrapartidarios”.

Mauricio Macri no quiere quedar mal con sus aliados nacionales y por eso recibirá a dirigentes radicales el próximo 30 de enero. La invitación a un asado (parece que sólo se entienden comida mediante) fue confirmada por Marcos Peña y asistirían al almuerzo el titular de la UCR e intendente de Santa Fe, José Corral, los jefes de Diputados y Senadores Mario Negri (Córdoba) y Ángel Rozas (Chaco); los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza), Gerardo Morales (Jujuy) y Ricardo Colombi (Corrientes); y funcionarios como el ministro Ricardo Buryaile (Agroindustria). Estaría también presente Ernesto Sanz, que aunque no ocupe ningún cargo tiene una fluida relación con el presidente. Por parte del gabinete nacional, además de Macri, estarán Marcos Peña y algunos ministros que tienen buena relación con los radicales como Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

Entre mollejas y bondiola, se aprestarán a negociar los cargos y el armado de Cambiemos para este año, donde los radicales intentarán torcer las listas lo más que puedan a su favor.

Todas estas negociaciones serán la antesala de la “rosca mayor”: el encuentro nacional de Cambiemos en marzo. Allí todos se verán las caras: 11 dirigentes de Cambiemos, 8 de la UCR, 4 de la Coalición Cívica, el eterno amigo de Macri y uno de los dirigentes más entreguistas, Gerónimo “Momo” Venegas de UATRE y la demócrata progresista Ana Copes.

La interna capitalina

La puja nacional y de la provincia también se desarrolla en la Ciudad de Buenos Aires. Martín Lousteau no quiere dejar de ser una especie de pesadilla para Larreta y, consciente del buen resultado que tuvo en las elecciones del 2015 como candidato a jefe de Gobierno porteño, dejó claras sus intenciones de meterse en la interna de Cambiemos.

Larreta sabe bien que no le conviene alguien como Lousteau que quiere hacer su juego propio dentro de la política argentina. Es por esto que salió a decir públicamente que “sería un orgullo” que Carrió sea la candidata de Cambiemos en la Ciudad de Buenos Aires.

La falta de figuras “que midan” dentro del PRO es tal, que Larreta tiene que apelar a Elisa Carrió, quien acaba de denunciar al jefe de la AFI y amigo íntimo de Macri Gustavo Arribas de recibir presuntas coimas de la brasileña Odebrecht.

Luego de un año de Gobierno quedó al descubierto que la promesa electoral de Cambiemos de “transparencia y anticorrupción”, fue sólo slogan de campaña. Quizás sea este el motivo por el cual desde el PRO porteño apuntan a una figura como Carrió, que viene apoyando al Gobierno nacional en sus medidas antipopulares como la anulación de los feriados puente diciendo que “en este país no trabaja nadie”, mientras aparece como una figura “republicana y denunciadora”.

Quieren asegurarse el ajuste

En un verano para nada tranquilo, el Gobierno comenzó el año con despidos como en Alpargatas, Bangho y AGR-Clarín; mientras por decreto modificó la Ley de Art. Para llevar a cabo todos estos planes ajustadores y pro-patronales, cuentan con la tregua de la dirigencia CGT que demuestra que el “compromiso” firmado en diciembre para que no haya despidos es papel mojado.

Para poder llevar adelante sus planes, el PRO tiene que asegurarse “gobernabilidad”, algo que debe resolver mientras las distintas fuerzas de que lo componen quieren llevar agua para su propio molino. Quizás compartan muchos asados y comidas; pero a la hora del postre, la “rosca” parece quedarles chica.







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