Cultura

OPINIÓN

Atravesado todo límite

A raíz del apoyo de Ricardo Iorio al neonazi criollo Alejandro Biondini, una visión sobre la carrera musical y el giro a derecha del controvertido músico.

Agustín Grubisíc

Estudiante de Historia UBA

Sábado 19 de agosto de 2017 | 00:13

Iorio comenzó su carrera musical desde muy joven. Originario de los barrios del conurbano oeste, con apenas 20 años, tiene su debut en los grandes escenarios con V8 en el BARock de 1982 en el ocaso de la última dictadura argentina. El show resulta complicado, la icónica banda juega de visitante ante un público ajeno a la dinámica metalera. Al transcurrir las canciones la tensión aumenta: sectores del público exigen a los metaleros que se sienten, se intercambian insultos, es un choque de mundos. Arriba del escenario se desata una pelea entre la banda y los plomos y sonidistas. En medio de la gresca, Iorio toma el micrófono: “acá no nos dejan tocar mas así que tocamos dos temas más y nos vamos” acto seguido grita una frase que quedará grabada como carta de presentación en aquel incipiente público metalero: “Parcas sangrientas ¡y los hippies que se mueran!”

“Vacíos de liberación, muy llenos de frustración”

En tiempos de auge de la trova rosarina como continuidad del ”rock blando” de los 70, el heavy se presenta como una contracorriente musical. Su expresión no es otra que la bronca, su estilo y letras cala en sectores de jóvenes proletarizados hastiados del contexto socio político que transita el país. Su sonido brusco es comprendido por aquellos que en sus puestos de trabajo toleraban día tras día los chirridos de la maquinaria industrial. Cada recital metalero es un espacio de disputa cultural contra el sistema y el sentimentalismo hippie que evita el conflicto. Pero al mismo tiempo es una disputa material, cada concierto es una batalla contra las razzias policiales que buscan aplacar el movimiento a base de palos y detenciones. En contrapartida los metaleros se organizan formando las famosas “brigadas metálicas” que surgen en los barrios como modo de defensa y garantizar la protección de sus integrantes. Al mismo tiempo las brigadas generan un sentimiento de pertenencia que retroalimenta la movida. El metal argentino surge de una juventud semi-nihilista, por sus condiciones de vida, en lucha contra el sistema, el contexto político, y, en especial, contra la policía. Iorio olvida sus orígenes cuando opina “la yuta existe por ustedes no por nosotros” negando aquellas brigadas. Ricardo transmuta su bronca contra los jipies a su bronca contra la cumbia. Paradójicamente, la cumbia villera tiene rasgos similares en su nacimiento al metal aunque surgidas en diferentes momentos. Más allá de diferir en ciertos valores, ambos géneros son expresiones de los barrios contra la represión policial que brotan de un contexto político neoliberal.

Evitando el ablande

En el 87, el bajista disgustado con las tendencias religiosas que tomaron el resto de los integrantes de V8, se separa y un año después conforma la banda más emblemática del heavy nacional: Hermética. La nueva banda presenta un sonido más distorsionado más cercano al de bandas como de Motorhead que el estilo Black Sabbath propio de V8. Asimismo, hay un salto cualitativo en las letras, que sin perder la voz propia del barrio, posee recursos literarios más acabados. Pero el principal cambio es la solidificación de posiciones políticas más acabadas como vemos por ejemplo en canciones como “Gil trabajador”, “Olvídalo y volverá por más”, “Otro día para ser”, “La revancha de América” y “Sepulcro civil”, entre otras. La banda masifica el metal en una juventud cada vez más apaleada por el neoliberalismo que se referencia en las letras escritas por Iorio contra los grandes poderes. Inesperadamente, en su momento de apogeo la banda se separa por un conflicto interno nunca aclarado. Iorio conforma Almafuerte mientras que el resto de los integrantes se rebautizan en Malón. La historia de las rivalidades en el rock argentino encierran tras de sí, disputas inconducentes y sinsentidos varios. Sin embargo, la disputa entre Malón y Almafuerte posee una clara contienda política sobre el carácter que debe poseer el heavy metal.

Del “pibe tigre” a Seineldin: “Cosas malas tiene la vida (…) ninguna peor que la traición”

El disco debut de Almafuerte, “Mundo Guanaco” (1995), posee más elementos de continuidad que de ruptura con Hermética.”Pibe tigre” denuncia la precarización laboral y los negociados empresariales, “Sentir indiano” reivindica los pueblos originarios, tan lejano a la visión de Biondini que opina que tras los mapuches se esconde un complot orquestado por el imperialismo británico. Los siguientes tres discos tienen mayores elementos de transición hacia el nacionalismo, a través de elementos bucólicos que presagian el triste destino, y de una exaltación personalista hacia sí mismo pero siendo difícil de catalogar como derechistas. “Delirios del defacto” como critica a la dictadura; “Niño jefe” historia de un Robin Hood del barrio Carlos Gardel. “A fondo Blanco” (1999) es el disco donde se evidencia el giro a derecha en temas como “Aguante Bonavena”. Por aquella época, Iorio afronta dos cambios trascendentales en su vida personal. Primero se divorcia de Ana Mourin, con quien estaba casado desde el 87. Años más tarde Ana Mourin se suicida. El otro cambio de importancia, es su mudanza al campo abandonando el barrio y sus realidades. De esta forma, rompe vínculos con su pasado aislándose en su demencial lógica interna. Es el origen de su “crónica de un final anunciado”; en el 2000 realiza fuertes declaraciones antisemita, compone “Cumpliendo mi destino” en reivindicación del carapintada Seineldin y “Orgullo argentino” declaración oficial de su conversión al peronismo del tercer período. Sus declaraciones derechistas aumentan ocultándose detrás del “personaje” hasta llegar al triste episodio del jueves, su apoyo a un declarado reivindicador de Adolf Hitler. Permítaseme hacer aquí una aclaración personal. He pagado entradas a recitales de Almafuerte, he tolerado declaraciones insostenibles en dichos recitales y he albergado la esperanza de que aquellas declaraciones sean tan solo el juego de un “personaje”. Pero lo que no se combate, termina estallando en mil pedazos frente a nuestro rostro. El apoyo a un fascista es inaceptable, es la traición más cruel hacia su propia persona, hacia las canciones de denuncia a los genocidios, a la realidad de porquería a las que nos somete el sistema. Iorio “atravesó todo límite” de la clase en que surgió, de los poderes que criticó, de los ideales que cristalizamos en su obra artística. Fuimos muchos, que tal vez, nuestro “egoísmo nos rebeló a perderlo”. Iorio fue un grande del metal, pero no es el metal personificado y quienes nos sentimos referenciados en la movida debemos seguir luchando por el metal sabiendo que “resistirse al sucio poder, es vivir sin temer”.







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