Política

FUGA Y DESPUÉS

Atrapados ¿sin salida?

Los Lanatta y Schillaci ya fueron recapturados vivos. Sus abogados afirman que en realidad “no fue una fuga”. Se multiplican los interrogantes sobre qué declararán y a quiénes harán responsables.

Daniel Satur

@saturnetroc

Martes 12 de enero de 2016 | Edición del día

Fotografía: Vierja Ph // Enfoque Rojo

“Los prófugos muertos generarían una gran crisis que no le conviene a nadie. Les conviene que se entreguen”. El periodista Ricardo Ragendorfer hizo esa reflexión ante este diario, hace casi una semana, cuando los hermanos Martín y Cristian Lanatta y Víctor Schillaci aún estaban deambulando entre los campos de la Provincia de Buenos Aires y Santa Fe. Y no se equivocó.

Finalmente los prófugos se entregaron. Y ahora, que están otra vez encerrados y vivos, comienza otra historia. Porque pueden hablar. Y eso a más de uno puede poner nervioso.

Como también dijo Ragendorfer, una posibilidad cierta es que los Lanatta y Schillaci hayan comprado su fuga, probablemente con dinero que recibieron por el reportaje de Periodismo para Todos en el que involucraron a Aníbal Fernández en el triple crimen de General Rodríguez. “Se habla de 300 mil dólares. ¿Y qué hace un condenado con eso, invierte en residencias? No. Se compra la fuga”, sentenció el autor del libro La Bonaerense.

¿Serán ellos mismos los que confiesen a quién le compraron la fuga? ¿Estará en sus declaraciones la clave para desandar el camino y llegar a saber la verdad sobre esta escandalosa crisis en la que quedaron involucrados los gobiernos nacional, bonaerense y santafesino, obviamente con sus respectivas fuerzas de seguridad? El “saber popular” o, mejor dicho, la experiencia de largas décadas de mafias policiales, políticas y judiciales a cielo abierto, puede anticipar que “la verdad”, en todo esto, está bastante lejos.

¿Fuga o “salida”?

Entre la recaptura de Martín Lanatta, ocurrida el sábado a la mañana, y la de su hermano Cristian y Víctor Schillaci, producida ayer, se dijo de todo. Pero algunas de las palabras que más resonaron fueron las de los defensores de los prófugos.

"Esperemos que se recupere y esté bien de salud para que pueda aclarar todo lo que pasó desde la fuga, o la salida mejor dicho, del lugar. Él va a aclarar lo que pasó en Alvear", manifestó a la prensa la abogada María Elizabeth Gasaro. Lo hizo el domingo, frente al penal de Ezeiza y después de hablar con Martín Lanatta. Allí confirmó que a los condenados por el triple crimen los defiende “un equipo de ocho abogados" pagado por las propias familias.

Consultada por una radio sobre si Lanatta recibió amenazas y fue obligado a “irse” del penal de General Alvear, Gasaro respondió que “sí, exactamente”.

La idea de una “salida” del penal de General Alvear en lugar de una fuga abre una serie de nuevos interrogantes. Si es como dice la abogada, entonces, ¿quién los “apretó” para que se vayan? ¿Algún socio del narcotráfico, de la política, del ámbito judicial? ¿Algún enemigo del narcotráfico, de la política, del ámbito judicial?
Como para agregar intriga, el menor de los Lanatta y Schillaci terminaron agradeciéndole al juez Torres “estar con vida”.
Otro abogado de los prófugos, Humberto Próspero, le pidió ayer al juez federal Sergio Torres que reúna en una misma investigación todas las causas abiertas alrededor de la triple fuga. Es decir que además de la causa que investiga Torres por presunta colaboración del narcotráfico en la fuga, los defensores de los fugados quieren que el mismo juez tome la causa por la fuga de la cárcel de General Alvear y la causa por el intento de homicidio de dos policías en la localidad bonaerense de Ranchos.

Son “hechos inescindibles”, dijo Próspero, por lo cual pidió que los juzgados de Azul y Brandsen transfieran esos procesos a Torres.

Ahora vendrán las prolongadas y laberínticas derivaciones judiciales del caso, mucho menos álgidas y vertiginosas que los 15 días vividos “en peligro” desde el 27 de diciembre.

Una crónica anunciada

Ayer Macri, Vidal, Lifschitz, sus funcionarios y las fuerzas represivas involucradas en el operativo de búsqueda pudieron respirar un poco más tranquilos. Es que el presidente, la gobernadora bonaerense y su par de Santa Fe tenían la difícil (o mejor dicho imposible) tarea de demostrar que no tienen nada que ver con el descompuesto régimen penitenciario y de seguridad. Y eso hubiera sido más que crítico si los prófugos no aparecían nunca. Alcanza y sobra con que Ibar Pérez Corradi, sindicado como el ideólogo de la masacre de General Rodríguez, esté prófugo desde hace 44 meses y ni rastros se tengan de él.

Los Lanatta y Schillaci durante muchos días pudieron hacer y deshacer lo que quisieron. Desde la salida del penal de General Alvear hasta los campos arroceros de Helvecia, los prófugos cambiaron de autos como de ropa, visitaron amigos y varias cosas más. Y de no haber sido por un “bache” traicionero, quién sabe hasta dónde hubieran llegado.

A los tres prófugos no los detuvieron mientras escapaban a toda velocidad por alguna ruta rumbo a algún país limítrofe. Tampoco hizo falta que Interpol active ninguna alerta. El fin del raid comenzó cuando un camino lleno de pozos se les puso enfrente e hizo volcar la camioneta camuflada de Gendarmería en la que viajaban (¿la consiguieron secuestrando a un ingeniero y ploteándola ellos mismos?). Todo esto, claro esta, si las versiones policiales y judiciales no mienten tanto.

Accidentados, cansados y con muy pocas provisiones, los tres escapados tenían las horas contadas. Mientras la televisión transimitía en cadena los pormenores de un operativo que no arrojaba resultados, los prófugos se hundían solos en el barro de la desesperación. Sólo restaba que se produjeran algunos episodios previsibles y los lugareños que los vieran avisaran a la policía.

Que en poder de los apresados se hayan encontrado cartuchos, municiones, algo de dinero y remedios para la presión es, a esta altura, anecdótico. Aunque ilustra que el plan, de no mediar accidentes inesperados, era seguir.

Cerrando la crisis...

El caso de la triple fuga parece terminar, con los tres prófugos “guardados” en Ezeiza y el modesto saldo de algunos uniformados heridos. Sin embargo la crisis que destapó y los múltiples escándalos que se sucedieron serán difíciles de cicatrizar rápidamente.

No hay analista político o de “casos policiales” que no haya hablado de la profunda “crisis estructural” que vive el sistema penitenciario y de “seguridad”, tras décadas de “autogobierno” de las fuerzas represivas del Estado y de íntima relación entre funcionarios y capitalistas del gran delito.

A lo que se le agregan las múltiples muestras de pujas y hasta guerras intestinas en las mismas fuerzas represivas, que incluyeron (según periodistas íntimamente relacionados con ellas) hasta tiroteos entre gendarmes y policías en medio de la búsqueda.

La “pista falsa” arrojada el sábado al mediodía, desde las entrañas de la Policía de Santa Fe, sobre la detención de Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, reproducida por funcionarios provinciales y publicada con éxtasis por Macri, Michetti y Bullrich, fue la escandalosa muestra de que todo está podrido.

Que los tres fugados hayan sido apresados por la Policía de Santa Fe, una de las más involucradas en el narcotráfico, es cuanto menos sintomático. Y encima que el dato de que los fugados estaban en territorio santafesino lo haya aportado la Agencia Federal de Inteligencia, el antro de espías y criminales formado por “Jaime” Stiuso, pinta un cuadro de terror.

Sin embargo ayer, cuando todo estaba ya terminado, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, el ministro de Seguridad bonaerense Cristian Ritondo y los funcionarios del área santafesinos se dieron el lujo de “festejar” en una conferencia de prensa desde el mismo pueblito de Helvecia.

Bullrich habló de “trabajo conjunto” y “en equipo” entre las administraciones nacional y provinciales y de que las “pistas falsas” y las “piedras en el camino” sufridas en estos 15 días serán investigadas y se castigará a sus responsables.

Por su parte Maximiliano Fullaro, el ministro de Seguridad del gobierno “socialista” de Santa Fe, reivindicó y agradeció “el trabajo incansable de las fuerzas de seguridad, especialmente de la Policía de la Provincia de Santa Fe”, a la que valoró como “la policía que necesitamos, proactiva, que nos hacen pensar en una nueva policía en la provincia”. Sin ponerse colorado, el funcionario estaba hablando de la misma fuerza que dirige desde hace más de ocho años el PS de Binner y cuyas autoridades recurrentemente son imputadas por su relación estrecha con el narcotráfico.

... hasta la próxima

Algunos de los análisis políticos del caso anticipan que los abogados defensores pretenden conseguir que sus clientes sean beneficiados con la figura de “arrepentido”. Sugieren que los Lanatta y Schillaci podrían aportar pruebas sobre algunos delitos importantes cometidos durante el kirchnerismo, entre ellos el del narcotráfico, donde nuevamente arremeterían contra exfuncionarios como Aníbal Fernández pero también, incluso, contra la propia Cristina Fernández.

Así las cosas, y por razones múltiples, la triple recaptura de los condenados por el triple crimen de General Rodríguez, lejos de haber sido el final de una entretenida novela de enredos veraniega, promete ser un capítulo intenso de una tenebrosa trama con final abierto.

El que más lo sabe es Macri, quien ayer la llamó a la ministra Bullrich y le dijo que se prepare porque “en estos cuatro años van a haber muchos de estos episodios”.







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