Cultura

OPINIÓN

Arte y dictadura militar

232,8 ºC es el punto de ignición de un libro. En el arte buscaron hacer arder Tucumán y contagiar el fuego a las luchas en curso.

Viernes 23 de marzo de 2018 | 21:06

"Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio”. –Farenheit 451

La dictadura desde las alturas del capitalismo lanzó llamas para todos lados, prohibiendo y censurando lo ajeno y custodiando lo propio. Este 24 de marzo se reabre la disyuntiva de aquel entonces entre lo simbólico y lo material en el arte como estrategias para prender fuego al capitalismo. ¿Cuántos grados se necesita para encender al sistema y cómo alcanzarlos?

Las guerras, las revoluciones, los conflictos internacionales eran el motor de la “vanguardia” artística que recorría el mundo en los ’60 y los ’70. La Revolución Cubana, la Guerra de Vietnam, el Mayo Francés del ’68, conflictos a partir de los cuales la juventud se encendía por la política y donde el arte se incendió por esa juventud. También en Latinoamérica se empezó a pensar al arte como una parte activa de la lucha social y La Habana como el centro de reunión de intelectuales y escritores del continente. Diversos encuentros se celebraron con el objetivo de fusionar la vanguardia estética con la política: la revolución también se debía dar en el arte. Pero mientras que para algunos el arte debía tomar a la realidad para concientizar de la misma, para otros el arte y los artistas tenían que ponerse a disposición de las luchas en curso.

Como parte de este panorama en 1968 en Argentina se organiza el Primer Encuentro Nacional de Arte de Vanguardia del que surge la idea de la experiencia del Tucumán Arde en noviembre de aquel año. Este emprendimiento fue parte de un cuestionamiento más general al espacio institucionalizado del arte, que unificó en la acción a artistas sindicalistas y técnicos, junto a la CGT de los Argentinos. En sus obras expresaron aquel clima social en el que los trabajadores y estudiantes empezaban a cuestionar en conjunto al sistema y empezaban a bullir para hacer arder el capitalismo.

Otro hito en el arte fue el “Malvenido Mister Rockefeller”, una muestra con el fin político de repudiar la visita del presidente de la Standard Oil y gobernador de Nueva York, de la que participaron 62 artistas plásticos. Fueron parte de un repudio generalizado en todo Latinoamérica que llevó a toma de universidades y paros generales. Por supuesto, fue cerrada al día siguiente por la dictadura de Onganía y los cuadros fueron destruidos, robados o desaparecidos.

La censura, la opresión por parte del Estado y luego los ataques de las bandas de la ultraderecha peronista como la Triple A fueron generando un límite material a la estrategia por la que bregaban los artistas hasta entonces. El planteo de la lucha simbólica por medio del arte, el arte mismo como agente transformador, se encontró con los golpes de la política. Se quería incendiar al sistema social pero solo a fuerza de frotar sus cimientos con imágenes estéticas y palabras. A los artistas cada vez se les exigía por la necesidad misma de los acontecimientos que tomaran una decisión. Al ver estos límites muchos decidieron abandonar temporal o definitivamente el arte. Ya para el ‘76 la violencia había roto todo planteo simbólico y las opciones se redujeron a “poner el cuerpo” para encender el fuego: entre la lucha armada o junto a los trabajadores que habían llevado adelante el Cordobazo.

Quemar el arte

Los militares no buscaron ningún consenso, ninguna concientización: tenían las fuerzas de las armas, de los centros clandestinos, la fuerza de las fábricas que les otorgaban los empresarios como centros clandestinos, de los partidos políticos patronales y la complicidad de las burocracias sindicales que armaban listas negras para ellos. En otras palabras, tenían el poder de quemar todo a su alrededor para salvaguardar la estructura capitalista. Solo la clase obrera con sus métodos y sus organizaciones lograron ser una amenaza para ellos. Por eso el golpe genocida tuvo como objetivo borrar a esa vanguardia obrera que empezaba a cuestionar el régimen social, y como parte de eso eliminar todas sus expresiones ideológicas o artísticas.

En este ámbito, la represión se expresó en la creación del Ministerio de Cultura y Educación (MCE), un organismo de inteligencia encubierto bajo el irónico nombre de Recursos Humanos. Este organismo llevó adelante la “Operación Claridad”, un plan secreto que consistió en perseguir y torturar autores, en la prohibición de libros y canciones, en el cierre de editoriales y vaciamiento de bibliotecas. El objetivo: las ideas “peligrosas” que atentaban contra los valores de "la moral, la familia y la patria". La “claridad” nunca apareció, pero en su supuesta búsqueda dejaron 241 desaparecidos del ámbito de la cultura.

También en la música se aplicó el Operativo. 200 temas fueron “aclarados” por parte de la Dictadura y “cantantes cuyas letras se consideran no aptas para ser difundidas por los Servicios de Radiodifusión". Entre los clásicos, el disco "The Wall" (El Muro) de Pink Floyd, "Tie your Mother down" (Ata a tu madre) de Queen, "Kiss me Love" (Bésame amor), de Lennon y Yoko Ono. De los argentinos, Spinetta, Charly García, León Gieco, Sandro y en especial el rock, como estilo musical, era sinónimo de subversión.

“Recursos humanos” también elaboró listas de aquellos que censuraron entre los actores, escritores, músicos, periodistas, cineastas, a los que catalogaran en cuatro niveles como parte del peligro “marxista” y a los que se recomendaba no dar ninguna colaboración. Ese documento debía ser incinerado, pero se mantuvo en manos del Estado hasta que en 1996 se dio a conocer. De entre los 331 nombres de la lista se encontraron los de Mercedes Sosa, Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Osvaldo Bayer, Víctor Heredia, Horacio Guarany, María Elena Walsh, Norma Aleandro, Alfredo Alcón, y Francisco “Paco” Urondo, el escritor que fue desaparecido. 41 personas de estas listas están desaparecidas. De los autores, Cortázar estaba en la "Fórmula 4", la gente considerada más peligrosa. Borges estaba en la "Fórmula 1", sin "antecedentes marxistas" pero que convenía "seguir de cerca".

Como un dato no menor, también hubo ediciones consideradas subversivas o peligrosas, como fue, previsiblemente, El Capital de Carlos Marx. Porque claro, como opinaba el ministro de Bienestar Social de aquel entonces, Julio Bardi: “A veces el exceso de pensamiento puede motivar estas desviaciones”. Definitivamente al Operativo Claridad se le debería poner de subtítulo un: “no aclares, que oscurece”.

Las Fuerzas Armadas y de Seguridad han negado la existencia de los archivos de la represión aduciendo que la documentación fue incinerada en 1983 por orden del último jefe del Ejército de la dictadura, pero a lo largo de los años se evidencia la falsedad de esta afirmación. La lista negra que citamos en este artículo, de la que se encargaba de actualizar la Secretaría de Inteligencia, no fue destruida ni quemada.

Se necesita elevar la temperatura a 232,8 ºC para que un libro se inflame y arda. El arte denominado subversivo se alzó hasta esta temperatura, pero nunca alcanzó a los archivos que todavía mantienen escondidos. Sin embargo, ninguno de los Gobiernos se ocupó de sacarlos a la luz, ni tampoco la Iglesia, que aún los guarda.

Este 24 de Marzo Argentina Arde

Se acerca una fecha que rememora en la juventud ese “poner el cuerpo” de los ‘60-’70 que se jugó a diversas estrategias y alude a la disyuntiva de poner la revolución al servicio del arte o el arte al servicio de la revolución. Lo que cambia es que del pasado hacemos balance, y así como podemos criticar una filmación o una novela, también se nos plantea la necesidad de conocer los errores que se cometieron y sacar nuevas conclusiones para vencer. Porque para elevar la temperatura hasta el nivel de hacer arder un objeto se necesita conocer su punto ignición.

Por eso entre las dos convocatorias de cara al 24M desde el PTS en el Frente de Izquierda, convocamos junto al Encuentro Memoria, Verdad y Justicia de forma independiente de todos los gobiernos. Porque no nos da lo mismo marchar en unidad con quienes en su gobierno no abrieron los archivos de la dictadura, pusieron a Milani frente al ejército y son aliados de la Iglesia, ni tampoco da lo mismo si marchamos en unidad con los trabajadores que denuncian la impunidad de ayer y de hoy, para que no haya ningún genocida en libertad, para luchar por Santiago Maldonado y por la aparición de Julio López.

Pero también porque queremos organizarnos y prepararnos para que los límites que impusieron las burocracias sindicales y la falta de un partido revolucionario que pueda lograr la coordinación de todos los trabajadores, no nos tome por sorpresa. Queremos que esta vez las chispas de los trabajadores logren darle “claridad” al capitalismo… porque el único capitalismo que ilumina es el que arde.

En Brasil arden por el asesinato de Marielle Franco, como arden en Francia contra Macron los 480.000 trabajadores contra las reformas y como arden los 5 millones de españoles por los derechos de las mujeres. Ese ardor supera los 232,8 ºC de temperatura y amenaza con hacer ceniza a todos los que antes usaron el fuego como arma de “esclarecimiento” y de impunidad. "Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio”. ¿Cómo hacemos para lograr que arda Argentina y el mundo? ¿A cuántos grados hay que elevarlos hasta prender fuego el capitalismo y que de sus cenizas surja un régimen sin explotación y de plena libertad al arte?







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