Cultura

ROSARIO 2016

Arte y cultura en el Encuentro Nacional de Mujeres

Trabajo cultural, desigualdad y precarización laboral. Educación artística. Estereotipos, acoso y sexualización de la mujer artista. Solidaridad, redes y visibilización. La participación en los Encuentros. Nuestro derecho a disfrutar del arte.

Domingo 16 de octubre | Edición del día

Junto con el crecimiento general de los Encuentros, en los últimos años, cada año más mujeres se suman a participar en los talleres de arte y cultura. Este año se abrieron cuatro comisiones muy nutridas por las que pasaron centenares de compañeras. Vamos a los talleres a buscarnos, a compartir nuestras experiencias y a nutrirnos de las de las demás, a profundizar colectivamente la reflexión sobre nuestros lugares en el arte. Nos encontramos con problemas que son de todas y con ideas de soluciones que alguna trae y nos sirven a las demás. Hay temas que reaparecen año a año y van dibujando una suerte de ruta. Hay una frase que se repite: “una no vuelve igual de los encuentros”. Es así. Algo en la esencia de lo que pasa en los talleres, quedará más allá de lo que se puede poner por escrito. Se escribirá de otras formas, se plasmará en acciones a lo largo del año y permitirá que nuevas compañeras encuentren en ellas un lugar de militancia.

Compañeras de la Sección Cultura de La Izquierda Diario participamos de las comisiones que tuvieron lugar los días sábado y domingo e impulsamos estos debates. Compartimos en estas líneas un breve repaso por los temas tratados y algunas reflexiones.

Trabajo, desigualdad y precarización laboral

Desde el inicio mismo de las comisiones el sábado a la tarde, distintas intervenciones, desde distintos ángulos ponían en cuestión la realidad del arte como trabajo. Alguien mencionaba la dificultad que tenemos las mujeres para considerarnos a nosotras mismas artistas. Numerosas intervenciones daban cuenta de que existe en el trabajo cultural y en el trabajo artístico, en cada una de las áreas y disciplinas, un elevado porcentaje de informalidad y precarización laboral y que la misma está naturalizada, que se la considera en muchos casos una característica propia del tipo de trabajo. Esta situación nos afecta particularmente a las mujeres que, como sucede en otras ramas de la producción, además obtenemos peores remuneraciones por iguales trabajos.

El domingo a la mañana, un tiempo se dedicó a intercambiar información y opiniones sobre la Ley de Mecenazgo. Con el ejemplo vigente en la Ciudad de Buenos Aires, existe el proyecto de armar una Ley similar de alcance nacional. A través de distintas intervenciones, se problematizó el hecho de que la misma transfiere al sector privado/empresarial la definición de qué producciones obtendrán financiamiento y cuáles no, puntualizando el hecho de que esto atentará contra el desarrollo de aquellas producciones que de alguna forma sean críticas del sistema y del orden el establecido, aquellas que cuestionen por ejemplo el lugar que el sistema nos propone como mujeres o el lugar de los trabajadores en la producción. Desde la coordinación de una de las comisiones se planteó el ejemplo de la lucha de las fábricas recuperadas como Zanon y Madygraf, y los riquísimos ejemplos de producciones culturales en apoyo a las mismas que han logrado inspirar a un gran número de artistas y grupos de arte.

Educación, educación artística

Una compañera trabajadora de la zona Norte del Gran Buenos Aires y estudiante de un terciario artístico, hizo una intervención muy aguda llamando la atención sobre la importancia de la educación artística en la escuela primaria siendo que para millones, futuras trabajadoras y trabajadores este será el único punto de contacto con la producción artística con todo lo que esto implica en relación al desarrollo subjetivo de las personas y a la posibilidad de reconocerse como sujetos capaces de crear.
Dos días de taller, permitieron constatar en decenas de intervenciones en las distintas comisiones una situación que atraviesa a la educación artística a lo largo y ancho del país: en todos lados se repiten problemas presupuestarios, de infraestructura y especialmente, edilicios.
Frente a esto, en una de las comisiones muchas compañeras artistas docentes acordaban en la necesidad de poner en pie un taller de “Mujer, arte y trabajadoras de la educación”, que permita abordar en profundidad la problemática en el área educativa.

Espacios para el arte

Compañeras de todo el país dieron cuenta de que el ataque a la cultura se expresa también, en concreto, en el ataque a centros culturales independientes, espacios autogestivos, colectivos de trabajo, editoriales independientes.
Por otro lado se habló del lugar generalmente secundario que tenemos las mujeres en los museos y distintos espacios del circuito artístico. Muchas compañeras plantearon la importancia de recuperar la calle como espacio para el arte, como lugar de encuentro y de posibilidad para las producciones colectivas. Numerosas actividades culturales acompañaron este Encuentro: obras de teatro, bandas, lecturas, arte callejero, graffitis. Destacamos la importancia de que el arte en los Encuentros tenga lugar además de en la reflexión de los talleres, en acciones colectivas que se puedan organizar de año a año.

Estereotipos, acoso y sexualización de la mujer artista

Muchas compañeras plantearon la carga que significan los estereotipos de lo femenino, algo que la sociedad nos “devuelve” día a día y que se amplifica ininterrumpidamente desde “la cultura”. Distintos ejemplos ilustraron esta situación en el “mundo del rock”, pero también en otras disciplinas: se sexualiza a la mujer artista. Esto significa que la posibilidad de desarrollarse como artista dependerá menos de sus producciones que de su acuerdo con ser ubicada en el lugar de objeto de deseo de un otro (varón). La imagen de la mujer como objeto da permiso al acoso y al abuso. Algunos ejemplos recientes, y tristemente intensos, del “mundo del rock” están ahí para recordarnos esta situación: Cristian Aldana, Cordera.

Solidaridad, redes y visibilización del arte producido por mujeres

Sábado y domingo, a los largo de los tres “momentos” del taller, surgió una y otra vez en la voz de distintas compañeras el problema de la (in)visibilización del trabajo artístico que realizamos las mujeres. La dificultad que tenemos para encontrar referentes mujeres en las distintas disciplinas y las dificultades para el propio desarrollo artístico que se agrava al ser mujer. Alguna planteó que aunque el sistema nos proponga como “solución” competir entre nosotras, lo que tenemos que oponer es mayor solidaridad y organización. Hablamos de la importancia de las redes para ayudar entre nosotras a difundir, visibilizar y valorizar las producciones realizadas por mujeres y para luchar juntar por todos nuestros derechos. Armamos extensas listas de mail y Facebook para seguir contacto y darle cuerpo a esas redes durante el año.

Lo “específico” y las formas de participar en los espacios políticos

Una muy interesante discusión que recorrió todo el taller tuvo que ver con el funcionamiento del Encuentro y del taller mismo, las formas de abordar los temas y de organizarnos: intercambiar y decidir o solo intercambiar. Algunas compañeras plantearon que el taller debía acotar su reflexión a los temas “específicos”: las mujeres en el arte y la cultura. Por el contrario, otras, señalamos la importancia de que en los talleres se aborden también, y sin escindir una cosa de la otra, aquellos temas que hacen al carácter y desarrollo del Encuentro.. La discusión sobre el funcionamiento de este colectivo que constituímos y construimos entre todas las que participamos como posibilidad de reforzar nuestro lugar como sujetos y de enriquecer el espacio mismo. Propusimos que los talleres puedan definir cómo funcionar y votar resoluciones que nos sirvan de herramienta, para organizarnos para luchar durante el año por nuestros derechos. Con distintos argumentos, pensando en que el Encuentro sirva para desarrollar el movimiento de mujeres. Fuimos muchas compañeras planteamos que el próximo encuentro se realice en Buenos Aires.

Nuestro derecho a disfrutar del arte y la cultura, nuestro derecho a vivir la vida

Más precarizadas, haciendo doble trabajo, con menos reconocimiento, con menor movilidad, haciendo frente a la crisis, al desempleo, a la pobreza, las mujeres tenemos también más dificultades para disfrutar del arte y de la producción cultural general. De eso hablamos cuando decimos que “queremos el pan pero también las rosas”.

Pero no hay posibilidad de un balance calmo. Cuando todavía estamos ordenando las ideas y emociones de lo que nos pasó en Rosario, mientras pensamos que las rosas son también nuestro derecho, la realidad nos recuerda brutalmente que no hay tiempo que perder: nos siguen matando, nos faltan compañeras, de un valor inestimable cada una de ellas en sus recorridos interrumpidos.

Organicémosnos por miles. Nos queremos vivas. Nos queremos viviendo.

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