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Uruguay

ELECCIONES EN BRASIL Y URUGUAY

Argentina: perdedores y ganadores con “color local”

Los que perdieron en la política argentina con los resultados electorales de Brasil y de Uruguay... y un “ganador” muy particular.

Fernando Rosso

@RossoFer

Miércoles 29 de octubre de 2014 | Edición del día

Los procesos electorales de Uruguay y de Brasil se convirtieron en un acontecimiento en la política doméstica. Dejaron ganadores y perdedores, y todos los referentes de la política burguesa intentaron darle un “uso” para sus propios fines.

El desinfle del “huracán Marina”, que terminó en una efímera tormenta de primavera, ya había sido un golpe para Mauricio Macri, quien comparte asesor con la candidata que quedó afuera del balotaje. La derrota de Aécio Neves, a quien Marina Silva había dado su apoyo, no es una buena noticia para el jefe de Gobierno porteño. En las encuestas locales, Macri acompañó el retroceso y, luego de un “Macri moment” (alentado a dúo por Clarín y el Gobierno), en aquellos viejos tiempos del triunfo, ejem…, “estratégico” de Marcos Juárez (Córdoba), pasó a un cómodo tercer lugar. Intentando sacar conclusiones, ahora se disputa con Sergio Massa los encantos radicales, que andan alquilando el partido por provincia. Ambos intentan suplir su debilidad en estructura nacional, haciendo uso del radicalismo.

Massa había depositado algunas esperanzas en el candidato Luis Alberto Lacalle Pou, del Partido Nacional (“Blanco”) de Uruguay. A principios de octubre, en un almuerzo con doscientos empresarios realizado en el lujoso Hotel Alvear de Buenos Aires, y donde fue invitado el candidato presidencial derrotado el domingo pasado, el diputado del Frente Renovador afirmó: “Con Lacalle tenemos varios compromisos: contribuir a restablecer el vínculo entre los dos países y además apostar a la renovación generacional en la política. Los dos apostamos a Estados modernos e integrados regionalmente”. La edad del dirigente uruguayo (41 años, los mismos que el tigrense) y su perfil de “derecha moderna” (a lo Capriles), la que afirma que hay que cambiar con continuidad, habían entusiasmado a Massa. Además, comparten un auspiciante y aliado empresario, el magnate petrolero Alejandro Bulgheroni. Como informó el periodista Alejandro Bercovich: “Es el propio Bulgheroni, dueño de Panamerican Energy, quien no solo administra el gasoducto que une ambas orillas del Plata, sino también la Bodega Garzón, líder del tannat oriental de alta gama”. Sin ningún triunfo que ofrecer del otro lado del charco, Massa salió corriendo a “conchabar” radicales que están de oferta en la góndola de la decadente politiquería burguesa.

Habiendo pasado revista de los perdedores, el “ganador” es un “fenómeno aberrante”. Efectivamente, fue Daniel Scioli, el candidato “mejor posicionado” de la coalición oficial, el que se sintió heredero natural de los triunfos “progresistas”. Es el realismo mágico del peronismo, que tiene esa especial capacidad de traducir el triunfo progresista a un menemismo aggiornado.

“Dios, cuídame de mis amigos, que de mis enemigos me cuido yo”, afirma el dicho popular, que podría ser adoptado por el progresismo argento que festeja los triunfos “contra la derecha” cuando observa cómo estos se traducen al “color local”.
Pero, además, hay una peculiaridad no menor en el escenario argentino y que juega en este entramado de fuerzas. Lejos de una pared, a la izquierda del kirchnerismo hay una fuerza que emergió política y electoralmente en 2013 y convirtió a la Panamericana en el símbolo de la resistencia para conservar realmente lo conquistado. Entre las aspiraciones a “conservar” lo obtenido y la agenda que impone la decadencia progresista, estamos… “nosotros, la izquierda”.







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