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ECONOMIA NACIONAL

Aranceles de Trump sobre el acero, un sismo para la frágil economía brasileña

Donald Trump anunció el jueves (8) la creación de nuevas tasas a la importación de acero y aluminio al país. Estados Unidos cobrará una sobretasa de 25% al acero importado y de 10% al aluminio. La medida vale al acero que entrar en los Estados Unidos a partir del 23 de marzo.

André Augusto

Natal | @AcierAndy

Viernes 9 de marzo | Edición del día

Estas son medidas que incrementan el “nacionalismo económico” y el proteccionismo de Trump, según el cual el orden liberal diseñado por Washington –que se convirtió en neoliberalismo con la reaccionaria ofensiva de los 90- perjudica gravemente a Estados Unidos en beneficio de sus socios comerciales.

Luego de riñas internas que llevaron al principal consejero económico de Trump, el globalista Gary Cohn, a renunciar tras ser derrotado en su intento de impedir el arancelamiento, la Casa Blanca hizo concesiones a “países amigos” como México y Canadá (que son parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, NAFTA por sus siglas en inglés), eximiéndolos de los aranceles. China, a quien Trump quizo alcanzar con la medida, fue poco afectada una vez que no exporta gran cantidad de acero a Estados Unidos (es el 11º mayor exportador, 2,9% del total importado por el país, que es de 35,6 millones de toneladas).

No obstante, las nuevas tarifas sobre el aluminio y el acero son precursoras de tendencias mayores a guerras comerciales con el gigante asiático: basta saber que fueron adoptadas el mismo día en que Liu He, enviado económico de Xi Jinping, llegó a Washington para negociaciones comerciales. Una amenaza a los avances de China sobre antiguas zonas de influencia de Estados Unidos.

Para aumentar las tarifas al acero importado, Trump accedió a un dispositivo creado para defender la seguridad nacional estadounidense, la llamada sección 232, que no era usado desde el 2001. En su discurso, Trump dijo que la decisión busca terminar con las prácticas comerciales injustas y preservar la seguridad nacional. “La industria estadounidense de acero y aluminio viene siendo devastada por prácticas comerciales internacionales agresivas. Es un asalto a nuestro país” dijo Trump.

La Unión Europea lanzó protestas inmediatas contra los aranceles, que afectan en especial a Alemania, 8ª mayor exportador de acero a Estados Unidos. Un comité de la Unión Europea armó una lista de productos estadounidenses que suman exportaciones de 2.800 millones de euros a la zona euro –el mismo valor estimado para la barrera de Estados Unidos al acero europeo. Esos productos tendrían que pagar un peaje de 25% para entrar en Europa, la misma alícuota definida por Trump para el acero.

Corea del Sur (3er. Mayor exportador), Turquía (6º mayor exportador) y Japón (7º mayor exportador), aliados clave de Washington, también serán perjudicados con el arancel sobre el acero. Turquía y Japón, aliados militares de primer orden para Estados Unidos en la guerra civil síria y en la batalla contra la emergencia de China, deterioran las relaciones diplomáticas de Washington y pueden tener influencia sobre el desarrollo geopolítico en estos teatros de operación vitales, acentuando las disputas entre el ala “globalista” y el ala “proteccionista” del gobierno de Trump. El general Jim Mattis, secretario de Defensa de Trump, se alistó a criticar los aranceles.

Gran impacto sobre Brasil

Brasil será impactado en forma directa: es el segundo mayor exportador de acero a Estados Unidos, solo detrás de Canadá, y las ventas a ese país representan un tercio de las exportaciones brasileñas del producto. Inmediatamente, las acciones de las siderúrgicas nacionales fueron los destaques negativos del Ibovespa. Los papeles de la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN) cayeron 5,08%, mientras que Gerdau tuvo pérdidas de 4,18%.

El sector siderúrgico brasileño tuvo el peor desempeño de la historia en 2016 e inició una mini recuperación en 2017, tirado por la retomada de la actividad en la industria automotriz. Las siderúrgicas, sin embargo, todavía operan con un 35% de capacidad ociosa. Brasil produce 35 millones de toneladas de acero bruto, y de ellos, 15 millones son exportados –un tercio a Estados Unidos.

No es una buena noticia para los cortesanos golpistas del Planalto, ya que casi el 80% de los productos exportados por Brasil a Estados Unidos poseen acero como componente. Luego después el anuncio triunfante de crecimiento pálido del 1% del PBI en 2017, esa medida de Trump se hace aun más amarga la relación con los inquilinos de Brasilia.

Luego del anuncio, el Instituto Aço Brasil (Acero Brasil), que representa a las siderúrgicas nacionales, afirmó que la medida causa “daño significativo” a las empresas brasileñas y deberá entrar inmediatamente con recurso en Estados Unidos. Los ministros de Relaciones Exteriores, Aloysio Nunes Ferreira, y Marcos Jorge de la cartera de Industria, Comercio Exterior y Servicios, dijeron en un comunicado conjunto que la decisión de Trump traerá “graves perjuicios” a las exportaciones brasileñas.

Como no podría dejar de ser, el presidente del Instituto Aço Brasil, Alexandre Lyra, amenazó a los trabajadores brasileños: “Si Estados Unidos cierra las puertas, tendremos que pasar por una nueva rueda de ajustes. Tendremos de apagar hornos, reducir la producción y cortar empleos” dijo Lyra.

Nada muestra en forma tan cristalina la fragilidad de la economía brasileña, su dependencia de Estados Unidos y la debilidad de su posición en el sistema mundial de Estados. Diplomáticamente irrelevante, el gobierno golpista y los empresarios nacionales hacen lo que pueden: prometer que los trabajadores paguen los costos de su crisis. Sin embargo, la política no opera sobre una materia inerte, y los ataques son más simples de decir que de hacer.







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