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BRASIL – ELECCIONES 2016

Apuntes sobre la derrota histórica del PT en las elecciones municipales brasileñas

La importante derrota sufrida por el PT en las elecciones de este domingo impone, nuevamente, un debate entre los que se reivindican de izquierda en nuestro país.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Jueves 6 de octubre | Edición del día

Para que la crisis del PT no sea capitalizada aún más por la derecha es urgente debatir la lógica del “mal menor”, que empuja a muchos activistas ‘de última hora’ a correr hacia los brazos de un partido siempre abierto a la conciliación con la derecha y los empresarios. No superar esta lógica y la estrategia de conciliación de clases lleva, día tras día, a esa derrota más sentida por aquellos que apostaron sus fichas, y parte de sus esperanzas y tiempo, en el partido de Lula y Dilma.

Uno de los mejores resultados de la izquierda en el país no vino de las manos del PT, sino del PSOL en Río de Janeiro. Ese dato en sí mismo plantea un debate: qué izquierda es necesario construir, qué lecciones sacar de los últimos procesos políticos del país. Antes de entrar en este debate haremos un breve examen de esta categórica derrota electoral del PT.

Pérdida de municipios y concejales, la más intensa en los grandes centros

El PT pos-ajustes de Dilma y pos Operación Lava Jato, con su arbitrariedad y mediatización que puso en foco que el PT había asumido las prácticas corruptas de todos los partidos políticos del país, terminó mal ubicado en los resultados electorales municipales como no ocurría desde hace décadas.

Desde 1992 siempre había disputado al menos el segundo turno en San Pablo, ahora ni siquiera eso logró su candidato a la reelección, Fernando Haddad. La derrota en la capital paulista fue seguida con el mismo resultado en su bastión histórico, San Bernardo do Campo. En muchos lugares, viejos líderes partidarios se desbandaron hacia partidos golpistas. En algunos lugares lo hicieron con éxito como en João Pessoa y en otros no tanto, como Marta Suplicy (PMDB) en San Pablo, que se presentó como candidata del PMDB. El PT compitió en estas elecciones en condiciones menores que las de 2012, y salió aún más reducido.

En 2012 se había presentado en 1.759 municipios, este año compitió en 989. En aquella elección había ganado 650 municipios, este año fueron 256. De ser el tercer partido con más municipios, cayó al décimo lugar. En muchos lugares decidió poner candidaturas del PCdoB en su lugar, pero incluso el crecimiento de este partido aliado del PT fue muy inferior comparado a la caída que obtuvo el PT. El PCdoB amplió de 51 a 80 municipios, un incremento de 29, mientras la caída del PT es de casi 400 municipios.

Este cuadro tiene desigualdades regionales, pero es nacional. Incluso en el noreste, bastión del lulismo y donde los analistas políticos pensaron que el fenómeno podría durar décadas, se desvaneció en el aire. Eligió 114 alcaldes frente a los 183 de cuatro años antes. Y en los estados en que gobierna como Bahia y Ceará obtuvo resultados muy bajos.

Observando el resto del país, la caída fue más aguda. Un 85% menos de intendentes en el centro-oeste, seguido por una caída del 75% en el Sudeste, el 70% en el Norte y el 56% en el Sur.

En las capitales y ciudades con más de 200 mil electores, solamente fue electo su intendente en Rio Branco, capital del Acre, pasando a la segunda vuelta en otras siete, siendo que en algunas de ellas, como Recife, cuenta con escasa posibilidades de victoria. Para quien gobernaba varias, entre ellas la gigantesca San Pablo, es casi como si hubiera sido barrido del mapa.

Para concejales puede verse ese mismo movimiento. En el país pasó de 5067 a 2795 concejales. En las capitales, casi sin excepción, se han reducido sus bancas. En San Pablo, incluso con la votación que obtuvo Suplicy (PMDB), se contrajo un puesto; en Río perdió dos, o el 50%; en Porto Alegre perdió uno, quedando con cuatro. Estas pérdidas sólo fueron parcialmente compensadas por el crecimiento del PSOL que aumentó dos en Río, uno en San Pablo y uno en Porto Alegre. Sus aliados del PCdoB también se redujeron en estas capitales.

Echando un vistazo al conjunto de estas capitales y ciudades con más de 200 mil electores, el PT redujo 261 concejales a 163. Es decir, el PT no ha muerto, sigue siendo el partido más grande entre aquellos que los brasileros ven como de izquierda; todavía cuenta con un líder carismático como Lula, pero sobrevive cada vez más reducido en los grandes centros urbanos.

Sacar lecciones de las derrotas

Miles dedicaron su tiempo, cuerpo y mente a intentar colocar a Haddad (PT) y a otros del PT o miembros del PCdoB en las segundas vueltas de sus ciudades.

Muchos lo hicieron pensando que esta sería una manera de combatir el golpe institucional o porque ven al PT como el “mal menor". Por supuesto, también están aquellos que olvidan los hechos que llevaron el PT a su peor resultado electoral en décadas. Se olvidan de los ataques a los derechos de los trabajadores, las privatizaciones de los aeropuertos y subastas de campos de petróleo, olvidan que Feliciano (PSC) y otros políticos reaccionarios fueron llevados a sus puestos en acuerdo con el PT.

A los que “olvidan” esos "pequeños hechos" no hay lecciones que sacar, están condenados a buscar salvadores cada vez más a la derecha, como la lógica del mal menor impone, pues siempre hay un “mal mayor”, y en esta lógica nunca se impone como prioridad, como necesidad expresar la independencia política de la clase trabajadora. De Lula a Ciro Gomes (PDT), de este candidato a no se sabe quién.

Para nosotros una parte importante de esta derrota se debe al intento de conciliar los intereses de los trabajadores con los de los empresarios y con la derecha. Lula siempre abogó por eso, "todos deben ganar". Esta educación ha formado generaciones en la creencia de que la derecha era una aliada, a adoptar la creencia de que "todos pueden ganar". A tratar a los enemigos como amigos.

¿Quién no recuerda la foto de Haddad (PT) con Maluf (PP, político condenado por estafas y corrupción) y Lula en 2012? Pero esto no es posible, tarde o temprano, los presuntos aliados circunstanciales se vuelven en contra. La batalla contra la derecha y los empresarios se vuelve necesaria, nos guste o no. El PT abjuró de la lucha de clases. La FIESP (Federación de las Industrias del Estado de San Pablo) y otros socios del golpe institucional, reeducan a quien quiera aprender.

Los grandes medios de comunicación interpretan los resultados electorales municipales planteando a Temer que avance con los ajustes. La élite se da cuenta de la confusión en los "de abajo", quienes intentan sacar lecciones de la derrota del PT y cómo millones aún confían en el PT o en la estrategia defendida por Lula. Es necesario avanzar, claman. De nuestra parte se plantea organizar una verdadera lucha contra los ajustes. Es necesario sacar lecciones de cómo el PT abrió paso a la derecha durante sus gobiernos, y en ofrecer una resistencia al golpe que evitará "incendiar el país" como declaraba hasta hace poco Lula.

En Río de Janeiro, se plantea un escenario nuevo. Se podrá, por intermedio de la militancia que tome en sus manos la candidatura de Freixo (PSOL), abrir el camino a una fuerza anticapitalista que quiera dar voz a los sectores oprimidos, apoyar las luchas de los trabajadores. En suma, ¿podrá organizarse una fuerza que quiera "incendiar el país", y así avanzar hacia una experiencia política de superación del PT? ¿O la conciliación de clases, el viejo lulismo más allá de las fronteras partidarias, puede ganar nuevos portavoces y nuevo cuerpo? Estas son algunas de las cuestiones, puestas aquí inicialmente, que la experiencia reciente nos impone a debatir.

Traducción: Guillermo Cabernet




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