Sociedad

Apuntes de una docente en tiempos de crisis

Miércoles 11 de septiembre | Edición del día

Empecé a trabajar en la zona porque me era imposible agarrar horas en Bahía, iba a los actos públicos y volvia con las manos vacias, esto me pasó durante meses, hasta que me acobardé y dejé de hacerlo. Hace cuatro meses que Mariana, una compañera, logró convencerme y me animó a hacerlo. Hoy trabajo en la zona, en escuelas de Villarino que quedan hasta 150kms de Bahía y este mes fue la primera vez que cobré mi sueldo.

Mi jornada de trabajo empieza dos horas antes de que ingreso a dar clases, salgo de mi casa, me tomo la 519 que me deja en la rotonda de Cerri y ahí hago dedo, los viernes viajo 6hs para poder trabajar 4hs, una jornada de 10hs en total. Nuestro seguro solamente nos cubre dos horas antes y después de cada horario de entrada y salida, el resto corre por nuestra suerte. Los docentes sufren accidentes yendo a las escuelas y nadie se hace cargo, este es un aspecto más del abandono.

Lo que nos permite llegar a nuestro trabajo cada día es la organización de compañeros que estamos en la misma situación, donde se comparten viajes y autos para llegar a las escuelas y la solidaridad de otros trabajadores y trabajadoras, que al pasar en auto y ver una docente haciendo dedo recuerdan a algún familiar, piensan en sus hijos o simplemente frenan porque les indigna la situación en la que estamos. Al subir y saludar lo primero que te suelen decir es "Te levanto porque sos docente".

Cada vez que pasa esto pienso inmediatamente en los interminables ataques de los gobiernos, montados en cadenas nacionales y medios de comunicación contra la lucha docente, para ellos dividirnos es una garantía, quienes nos gobiernan saben que la unión entre los de abajo existe, es microscópica y velada, pero también estalla de forma abierta, como bronca colectiva, copando las calles de Chubut, en repudio a la represión de docentes y estatales.

Muchos de los pibes y pibas que no estan sentados hoy en las aulas hacen trabajos de fuerza en el campo profundo o trabajan en pésimas condiciones en la cosecha de la cebolla, en negro sin ningún tipo de seguridad, con jornadas a destajo que empiezan a las 4 de la madrugada y terminan a las 11 de la noche. Los dueños de las tierras y los vendedores concetrados de cellobas multiplican sus ganacias. Muchos de estos jóvenes son hijos de inmigrantes que vinieron a buscar una vida mejor y sufren la discriminación. Pienso en ellos y los que estan hoy sentados en el aula que no dejan de hacer chistes sobre Macri, expresando su odio hacia las politicas de empobrecimiento del gobierno.

Pienso en la cantidad de niños y niñas que deberían poder acceder a la educación pública y son hijos de trabajadores rurales, que si no cuentan con un medio de transporte propio y el patrón no se los permite, no pueden acercar a sus hijos a la escuela.

Algunos analistas llaman a esta generación "Centenialls", una generación pesimista por haberse criado en un contexto de recesión internacional, preocupados por el medio ambiente, los problemas de género y la sustentabilidad del sistema social. También le dan características propias de una reforma laboral pendiente para la clase dominante, "no les importa el cobro", "no buscan trabajo estable", "realizan tareas simultáneas".

Lo que si puedo asegurar es que son una juventud crítica, que toma posición, observadora, con menos tapujos que la nuestra. El viernes hablamos del paro, les conté que había pasado en aquel corte de ruta de Chubut con los docentes y estatales que fueron atacados por la patota del sindicato de petroleros, sus ojos miraban inquietos, se preocupaban por lo que podía pasar. Hoy estos trabajadores son nuestro ejemplo vivo para mostrar como enfrentar estos planes de ajuste a medida del FMI. A veces hablamos de nosotros y trato de imaginar cómo será todo cuando la crisis empeore, mientras tanto vamos fortaleciendo los hilos que nos unen profundamente, en defensa de una vida que valga la pena ser vivida.







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