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Apollinaire, maestro de la poética visual

A 136 años del nacimiento de Guillaume Apollinaire, poeta, novelista y ensayista francés. Una figura clave en la consolidación de las vanguardias de principios del siglo XX.

Lunes 29 de agosto | Edición del día

Wilheim Albert Vladimir Apollinaris Kostrowitzky nació en Roma en 1880. Abandonado por su padre, de quien sólo hay especulaciones sobre su identidad, fue criado en Mónaco por su madre, Angélica Kostrowitzky, de origen polaco. Pasó parte de su juventud en Niza hasta establecerse en París en el año 1898.

Desde 1902 entabló relación con el ambiente artístico y literario del París de la época, contribuyendo como crítico para varias revistas, entre ellas “Mercure de France” y “La revue inmoraliste”, desde las que teorizó en defensa de las nuevas tendencias artísticas. Frecuentó los círculos vanguardistas de la capital francesa, se codeó con los jóvenes Picasso, Braque, Chagall, Max Jacob, Marcel Duchamp y Marie Laurencin, con quien entabló una relación sentimental.

En 1909 publica su primera obra en prosa: El encantador en putrefacción, al que suceden los poemarios El bestiario o el cortejo de Orfeo (1911) y Alcoholes (1913). En ellos se refleja la influencia simbolista; sobre todo en el último, revolucionario desde el punto de vista formal, debido a la ausencia de rima y de signos de puntuación, como una mezcla de versificación clásica e imágenes modernas. Aglutina poemas escritos entre 1898 y 1913 y fue publicado en París bajo el sello del Mercure de France, e ilustrado con un retrato del autor por Pablo Picasso. No es casual que el libro se abra con “Zona”, largo poema dotado de ritmo y calidad cinematográfica, que ilumina una vasta y dilatada ‘zona’ para la poesía de nuestro siglo.

El 7 de septiembre de 1911 el poeta fue arrestado durante una semana, acusado de estar relacionado con el robo de La Gioconda, ocurrido el 21 de agosto de tal año. Tal sospecha se vigorizaba debido a su participación en un robo de estatuillas ibéricas, anterior a esta acusación; además de en su propuesta, plasmada en algunos de sus escritos, de quemar el museo del Louvre, argumentando que allí se encarcelaba el arte. Por ello se procedió a su detención, aunque muy pronto se demostró su inocencia y quedó en libertad.

En el mismo año que Alcoholes (1913), aparece el ensayo crítico Los pintores cubistas, en la revista Les Soirées de París ; una defensa escindida del nuevo movimiento como la superación del realismo. Se abre el texto con el siguiente párrafo:

“Inútilmente se cubre el arco iris, las estaciones tiemblan, las muchedumbres corren hacia la muerte, la ciencia deshace y recompone lo que existe, los mundos se alejan para siempre de nuestra concepción, nuestras fugaces imágenes se repiten o resucitan su inconsciencia y los colores, los olores, los rumores que impresionan nuestros sentidos nos sorprenden, para desaparecer después en la naturaleza”.

En 1914 obtiene la nacionalidad francesa y se alista como voluntario para la Primera Guerra Mundial. Estuvo en el frente hasta 1916, cuando sufrió una herida peligrosa en su cabeza y tuvo que ser trepanado. Es en este período de guerra cuando escribe lo que será su obra Caligramas, subtitulada Poemas de la paz y de la guerra, que no verá la luz sino hasta 1918, junto a los dramas surrealistas Los pezones de Tiresias (1917) y El color del tiempo. En el mismo año, se casará con Jacqueline Kolb y morirá, luego, un 9 de Noviembre, en París.

Sus Caligramas fueron publicados unos meses después de su fallecimiento; hecho que no detuvo la trascendencia de su poesía y de su nombre, pues aquél poemario lleva al extremo la experimentación formal de sus anteriores obras, preludiando el método surrealista de ‘escritura automática’ al romper deliberadamente la estructura lógica y sintáctica del poema. Son célebres, por otro lado, sus «ideogramas», en que la tipografía servía para «dibujar» objetos con el texto mismo del poema, en un intento de aproximarse al cubismo y como expresión del afán vanguardista de romper las distinciones de géneros y artes.

Para evidenciar todavía más la su gran influencia en el mundo de las vanguardias del siglo XX, Apollinaire fue el primero en dar a conocer y utilizar el término “surrealista”, pues con motivo del estreno de su obra de teatro “Las tetas de Tiresias”, la calificó de “obra surrealista” y añadió: “Cuando el hombre quiso imitar el andar, creó la rueda, que no se parece en nada a una pierna. Así hizo surrealismo sin saberlo".

Algunos caligramas aparecidos en el poemario de título homónimo (extraídos del poemario impreso por la editorial Cátedra, editado y traducido por J. I. Velázquez):




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