ENTREVISTA

Antonio Oliva: "La Revolución Rusa es el problema político del siglo XX "

En el marco del Congreso Internacional a 100 años de la Revolución Rusa, La Izquierda Diario entrevistó al historiador Antonio Oliva, docente e investigador de la Universidad Nacional de Rosario.

Sábado 30 de septiembre | 14:11

Antonio Oliva dicta clases en la cátedra sobre historia europea de siglo XIX y XX, y se desempeña como investigador, siendo miembro del comité editor de la revista "ARCHIVOS de Historia del movimiento obrero y la izquierda”.

- A 100 años de la Revolución Rusa, ¿cómo surgió la idea de realizar un Congreso?

El Congreso surge hace más de un año y medio vinculado principalmente a organizaciones de base académica. Después, se fueron sumaron revistas vinculadas a la temática, los distintos colectivos de las facultades de Ciencia Política, Psicología y Humanidades, y diversos grupos. De esta manera se fue armando un equipo inter-disciplinario intentando, en primer lugar, que vayan confluyendo en Rosario distintos referentes que puedan dar cuenta del proceso revolucionario y los distintos puntos de contactos como pueden ser la revolución y el arte, la literatura, ciencias humanas, etc. Así se gestó.

"las premisas por las cuales la Revolución Rusa se erigió como triunfante y se predispuso a saldar, hoy, estarían más presentes que nunca"

- Observando las mesas que hay en el Congreso, ¿qué reflejan las ponencias presentadas?

El congreso está compuesto de ocho mesas y ocho paneles relacionados. Nosotros estamos en un panel que trabaja específicamente el área de historia europea a la que yo pertenezco. Hay paneles y mesas de corte netamente histórico, pero también sobre el impacto revolucionario en otras disciplinas, o como decíamos antes, sobre su particular impacto político-ideológico de la revolución en la actualidad.

Es importante destacar que se ha realizado un taller con Ricardo Antunes junto a las organizaciones sindicales para realizar un balance de la Revolución Rusa. Pero en fin, ese es el esqueleto del Congreso.

- ¿Qué opinión te merece la convocatoria y la participación estudiantil en el mismo?

La convocatoria es bastante amplia y hay una diversidad de sectores interesados, con expositores de distintos puntos del país como también distintos especialistas que vinieron de otros países. También los estudiantes están organizados en la participación, no solo los universitarios, ya que se realiza en un espacio universitario, sino también en los institutos terciarios. En este sentido no quiero dejar de destacar la participación estudiantil en la presentación de ponencias, lo cual es muy interesante y es un indicativo del interés y la participación que hay.

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- En general, ¿cómo ves al mundo académico y su estudio respecto a la Revolución Rusa en el último período?

En primer lugar, dejar en claro que el estudio de la Revolución Rusa, el interés político y social sobre el análisis de la experiencia rusa, de igual manera que lo generó y genera la Revolución Cubana, excede al estudio académico. De todas maneras me parece que en el ámbito específicamente académico nosotros tenemos demasiada escasez con respecto al tema que ahora se aviva respecto a los 100 años. Sacando la fecha “conmemorativa”, el proceso de producción sobre la Revolución Rusa es bastante escaso. Sobre todo, en América Latina.

Específicamente quiero destacar, que se suma una especie de moda internacional de una caracterización “negativa” de la revolución, principalmente vinculada a las usinas de transmisión de artículos y síntesis al habla hispana, traduciendo o replicando posiciones historiográficas bastantes endebles. Es decir, a nosotros nos llega lo más digerido desde el punto de vista de la derecha reaccionaria, por eso tratan a la Revolución desde el punto de vista de condenarla, más que de trabajarla seriamente como proceso.

Las grandes editoriales inundan las librerías de best-sellers bastante malos, como decía antes, y nos llega muy poco de la abundante historia social que hay sobre el tema. Por suerte ahora se han editado un par de libros, por decir, canónicos de historiadores que tienen cierto peso en la historia social como Julián Casanova o Josep Fontana, que un poco salvan la discusión con tanta aridez, por lo menos respecto del mundo académico.

- En la situación política actual, nacional e internacional, ¿en qué sentido crees, es importante el estudio de la Revolución Rusa? Mejor dicho, ¿considerás alguna actualidad práctica o se puede sostener, como algunos lo hacen, un mero ejercicio académico?

La cuestión del estudio académico en la Revolución es imponderable. En mi caso particular es a lo que me he dedicado durante mucho tiempo hasta esta parte. El problema de la Revolución Rusa es un problema de diagnostico político serio, a una escala social mucho más amplia que el problema académico. Es el problema político del siglo XX.

En este sentido, el Congreso no es algo meramente academicista, digamos, del proceso revolucionario y de los legados de la revolución. A mí no me gusta hablar de legados porque supone algo muerto y no algo activo aún. Hay elementos enterrados y elementos aun vivos hoy día. Por ejemplo, cuando al Revolución Rusa logra consolidarse en el poder, mediante los soviets e inicia lo que los bolcheviques anunciaban “la construcción del socialismo” surge el debate respeto a ¿cómo construir una sociedad nueva, en camino a una sociedad sin clases? Ese problema, estrictamente, lo intentó llevar adelante la Unión Soviética con un proceso terriblemente tormentoso. No nos olvidemos del ascenso de Stalin en el 1929 con su enorme carga de genocidio.

Ahora bien, el mismo proceso de restauración capitalista de los años 80 en adelante, conllevó un desarrollo científico-técnico de la humanidad que al momento de la Revolución Rusa no estaban presentes. Por lo tanto, las condiciones del problema de la construcción del socialismo están más vigentes que antes, aunque de alguna manera tengamos las premisas ideológicas en constante ataque, producto del triunfo capitalista sobre la Unión Soviética a partir del año 1991. Sin embargo, el sometimiento del gran conjunto de la humanidad a las condiciones de explotación capitalistas y la condena de la tercera parte de la humanidad a la extrema pobreza, la exclusión de los bienes y servicios más elementales hacia el conjunto de los seres humanos, obliga a repensar la revolución.

Además, tenemos el extra de que las fuerzas productivas han liquidado el atraso, entonces las condiciones en que la Revolución Rusa se generó no son las mismas, pero sin embargo las premisas por las cuales la Revolución Rusa se erigió como triunfante y se predispuso a saldar, hoy, estarían más presentes que nunca. Por lo tanto, el internacionalismo y el desarrollo de un proceso revolucionario está a la orden del día y en eso, me parece, se conecta la primer expresión revolucionaria anti-capitalista que fue la revolución del 1917 con la actualidad.

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