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Anticapitalistas a la Constituyente en México y una nueva oportunidad

La conquista de una candidatura independiente por parte de los socialistas encabezada por los maestros Sergio Moissen y Sulem Estrada es un hecho histórico. Es pertinente discutir las perspectivas que se abren para la izquierda revolucionaria en México en esta nueva oportunidad.

Jimena Vergara

@JimenaVergaraO

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Jueves 26 de mayo de 2016 | Edición del día

Estamos a pocos días de la elección a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. En otras circunstancias, esta elección hubiera sido sólo una pasarela de los partidos tradicionales: el Partido de la Revolución Institucional (PRI), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Acción Nacional (PAN) y como variante opositora de centro izquierda el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Sin embargo por primera vez en décadas, una candidatura obrera y socialista irrumpe en el panorama electoral del país con una propuesta política alternativa a los partidos al servicio de los grandes empresarios.

Este hecho es revelado por distintos medios de comunicación, desde El Gráfico (el periódico con más tiraje en el país de distribución metropolitana) hasta El Financiero; éste último ha dicho que “Fue inevitable sentir un viaje al pasado, a las ilusiones y creencias hoy totalmente desdibujadas. Cómo no recordar el 68 cuando Sergio Abraham Méndez Moissen comenta que propone la disolución del cuerpo de granaderos.El candidato independiente al Constituyente plantea que todos los funcionarios ganen lo mismo que un maestro, para acabar los privilegios de la clase política. También está a favor de la revocación del mandato y pide acabar con la precarización del salario y las empresas outsourcing, como sucede con los trabajadores de limpieza de la jefatura de Gobierno. Méndez Moissen es parte del Movimiento de Trabajadores Socialistas y nos recuerda conceptos que ya no son fáciles de escuchar”.

La renuncia a la independencia de clase de la izquierda mexicana

El correlato político de la aplicación del neoliberalismo en México fue la llamada “transición democrática”. El desmantelamiento de esa suerte de “estado de bienestar” surgido en el período postrevoluciónario, requería de cambios que oxigenasen la desgastada hegemonía del PRI sobre el movimiento de masas.

El masivo movimiento democrático de 1988 que reclamó ¡fraude!, la rebelión zapatista de 1994 y la huelga de la UNAM de 1999 llamaron la atención sobre el cuestionamiento al viejo régimen, que implementó una “reforma política” a modo para evitar que el PRI abandonara la residencia presidencial como resultado de la acción de las masas, y garantizar la implementación del programa contenido en el Tratado de Libre Comercio (TLC) y mandatado por el imperialismo.

En estos tres momentos distintos sectores de masas hicieron enormes esfuerzos por sacarse de encima al PRI. La ofensiva neoliberal no hubiese sido posible – o por lo menos habría encontrado mayor resistencia-, si las direcciones sindicales burocráticas, no hubieran evitado con todos los métodos posibles que los trabajadores resistieran al proceso que los llevó a la pérdida de conquistas, atomización y precarización de sus condiciones de vida.

En 1988, el movimiento democrático fue desviado por el expriísta Cuauhtémoc Cárdenas. Bajo su empuje se fundó el Partido de la Revolución Democrática, al cual se mudaron la mayor parte de las organizaciones de izquierda, que se fortalecieron en el ciclo abierto por la huelga ferrocarrilera de 1959, pasando por el 68 mexicano y el auge obrero de los setentas que se prolongó hasta la década del ´80.

La marea democrática fue cooptada desde sus inicios por una dirección burguesa con el aval del conjunto de la izquierda. Esto resultó una verdadera tragedia: evitó que en el seno de este movimiento se fortaleciera una alternativa de independencia de clase que se preparase para los combates por venir.

El levantamiento indígena de 1994 encabezado por el EZLN planteó la posibilidad de un nuevo cuestionamiento al neoliberalismo. Sin embargo, fomentando la división entre lo político y lo social, la dirección del subcomandante Marcos, mientras anunciaba que no aspiraba al poder político, apoyaba en los hechos al PRD planteando “ni un voto al PRI, ni un voto al PAN”, y estableciendo entre sus aliados a la dirección del PRD y sus intelectuales orgánicos. La mayor parte de la izquierda que había persistido después de 1988, se fundió en el zapatismo sin delimitación estratégica alguna o bien se subordinó políticamente al reformismo armado.

En este largo periodo, las organizaciones que se reclamaban socialistas se condujeron tras dos estrategias que abrieron una larga crisis en estas formaciones, cuando no su abierta liquidación. Por una parte la subordinación política al PRD. Y en segundo término la que se hizo hegemónica en sectores amplios de la vanguardia: que los llamados “movimientos sociales” no debían aspirar a ningún tipo de representación política ni a alcanzar el poder. “Cambiar el mundo sin tomar el poder” de John Holloway – uno de los principales ideólogos del zapatismo- , se volvió el sentido común de una generación juvenil e incluso sectores minoritarios de la clase obrera.

La mayoría de la izquierda que se reclamaba antiestalinista vio a la transición democrática como un avance para las masas y no como lo que era: una reforma del antiguo régimen para contener y desviar el descontento, aggiornar las instituciones y mantener incolumnes las instituciones de dominación.

El electoralismo del PRT, que en su momento fue una fuerte organización trotskista con registro y miles de militantes que muchos destacan hoy, más que una causa era expresión de esta degradación estratégica y de la adaptación a las maniobras del régimen político.

La consecuencia de esto fue el abandono, en los hechos, de la construcción de una poderosa organización socialista y revolucionaria en México, que implicó incluso dejar de lado el trabajo paciente de poner en pie fracciones revolucionarias en el seno del movimiento obrero.

La “mafia en el poder” también está en Morena

Podemos decir que México del 2011 al 2015, asistió a un nuevo ciclo de la lucha de clases que acompañó aquel que a nivel internacional estuvo signado por la llamada primavera árabe: el movimiento contra la militarización, el #YoSoy132, la lucha magisterial y el imponente movimiento por la aparición con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, protagonizados en su mayoría por jóvenes estudiantes y trabajadores precarios.

Esta generación se encuentra hoy en una encrucijada similar a la que se hizo evidente durante la última década del anterior milenio. O se hace fuerte una perspectiva con independencia de clase o ir tras una nueva mediación surgida de las entrañas del PRD: el Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

En la capital del país azteca, el Morena se convirtió en la alternativa elegida por millones para mostrar su descontento frente al régimen político y la “narcopolítica”.

La fuerza liderada por Andrés Manuel López Obrador, aunque mantiene un discurso de oposición, evidencia seguir los pasos del viejo PRD. Ha incluido en sus listas electorales a empresarios y ex integrantes del PRI y el PAN, reciclando a los mismos políticos parásitos al servicio de los capitalistas, dándoles una “segunda oportunidad”. Esto es consecuencia de una estrategia centrada en reformar y democratizar las instituciones de forma ultralimitada, apelando para ello a integrar a sus filas a personeros de la “mafia del poder” que el mismo AMLO pretende combatir. Morena, al no cuestionar hasta el final el carácter de este régimen al servicio de las transnacionales y de la Casa Blanca, no puede dar una respuesta integral a las aspiraciones de cambio del pueblo trabajador y la juventud.

Las perspectivas para construir una alternativa socialista

Las miles de firmas que hicieron realidad la candidatura independiente impulsada por el MTS a la Constituyente de la CdMx es un hecho auspiciante.

Quienes impulsamos “Anticapitalistas al Constituyente” fuimos parte de los distintos movimientos protagonizados por la juventud y los trabajadores, desde el yosoy132 hasta la lucha por los 43 y la heroica resistencia magisterial-.

Queremos llegar a la Constituyente para defender los derechos de los trabajadores, las mujeres y la juventud, y plantear -también en ese terreno- la necesidad de ampliarlos, conscientes de que los derechos se conquistan y sin ceder un pedacito de calle, participando activamente en la movilización contras las violencias machistas el pasado 24 de abril con la agrupación de mujeres Pan y Rosas, en la lucha de los estudiantes politécnicos, en la lucha de las trabajadoras de intendencia del Instituto de Educación Media Superior y en las movilizaciones de docentes contra la Reforma Educativa.

En nuestra campaña, hemos partido de levantar las reivindicaciones más sentidas de los trabajadores, las mujeres y los jóvenes de la capital para darles voz en la Constituyente, articulándolas con la idea de que para conquistarlas, es necesario dar una lucha denodada contra el régimen de los partidos del “Pacto por México” responsables de la corrupción, la asociación con el narco y la subordinación al imperialismo. Es decir, no le dejamos la lucha por las demandas democrático radicales al Morena y las direcciones reformistas, sino que las concebimos como palancas de la movilización del movimiento de masas, luchamos por ellas en la calle y las articulamos con la lucha por cambiar de raíz este régimen social.

En nuestros nuevos spots televisivos y para redes sociales, hemos dicho lo que las otras candidaturas callan: que hay que ilegalizar el trabajo precario que afecta a millones de jóvenes y mujeres en la capital, luchar por sindicatos para todos los trabajadores, que bregaremos en la Constituyente por el acceso irrestricto a la educación de la juventud, por cerrarle el paso a la Reforma Educativa, que hay que luchar por todos los derechos para las mujeres y la comunidad sexo diversa y le hemos dado voz a trabajadores, jóvenes e intelectuales de carne y hueso que de manera entusiasta se han hecho parte activa de nuestra campaña. Con el lema la historia es nuestra, estamos enfatizando en el carácter de lucha de nuestra candidatura y en el protagonismo que tanto Sergio Moissen como Sulem Estrada han tenido en las luchas más recientes que ya son patrimonio de la historia de los explotados y oprimidos de la capital.

Son millones los que han visto nuestras propuestas por televisión y en redes sociales hemos llegado a por lo menos 100 mil personas con nuestros spots. Al calor de la campaña, hemos organizado a jóvenes maestros y normalistas que despiertan a la vida política contra la Reforma Educativa y porque Sergio Moissen y Sulem Estrada, dos profesores que no provienen de la casta política y que plantean que todo funcionario sea revocable y gane como una maestra, lleven su voz a la Constituyente. En las principales universidades de la capital, hemos confluido también con decenas de profesores, estudiantes y trabajadores que con tesón están batallando en la calle por la candidatura, enfrentando el voto clientelar de los partidos patronales. En toda la ciudad telefonistas, trabajadoras de intendencia, jóvenes, mujeres y trabajadores precarios reparten la propaganda de los Anticapitalistas.

Alrededor de Sergio Moissen y Sulem Estrada, ha surgido un movimiento de trabajadores, mujeres y jóvenes que han tomado como propia la campaña, impulsando con toda creatividad actividades en centros de trabajo y plazas públicas como el festival callejero de artistas con “Anticapitalistas a la Constituyente” el pasado domingo 22. En la radio y las redes sociales ya comienza a viralizarse el tema de campaña “Seremos tu voz”, compuesto por el músico mexicano Leo Añorve.

Con iniciativas de activistas independientes de la campaña como la de “Hitler se entera de que los anticapitalistas van a la Constituyente” muchos compañeros y compañeras se han hecho parte de la difusión de nuestra candidatura.

En las páginas de Izquierda Diario, que forma parte de la Red Internacional de diarios digitales de izquierda en cinco idiomas, hemos expresado vivamente nuestra campaña electoral, transformando sus páginas en verdaderas tribunas de denuncia de estudiantes, trabajadores y mujeres que luchan por sus derechos y de las múltiples actividades e iniciativas que le han dado cuerpo a todos estos nuevos y entusiastas activistas.

La decisión de presentarnos a estas elecciones y desplegar una enorme campaña militante que llegue a miles, es parte de la ambición de nuestra organización para tener ascendencia en el movimiento de masas y empalmar con trabajadores, jóvenes y mujeres. Lo hacemos al mismo tiempo de asumir una perspectiva de independencia de clase. Esto implica, en primer lugar, una crítica profunda de la estrategia política -centrada en la reforma del régimen actual y de pactos con los políticos derechistas de siempre- de la dirección lopezobradorista y cualquier otra alternativa de centroizquierda, sea “partidaria” o “ciudadanista”, y un diálogo profundo con las aspiraciones de cambio de los miles de trabajadores y jóvenes que confían hoy en AMLO, para convencerlos a asumir una perspectiva de transformación radical del actual régimen económico, político y social.







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