Política México

OPINIÓN

Ante ofensiva trumpista, mayor subordinación del gobierno de Peña Nieto

Una nueva ofensiva contra México -que busca profundizar la relación de subordinación de México a las exigencias del gobierno estadounidense-, se inició antes de que tomara posesión el presidente electo Donald Trump.

Viernes 20 de enero de 2017 | Edición del día

Esta ofensiva se expresa con amenazas y medidas que ya están afectando la economía nacional -devaluación del peso, retiro de inversión extranjera, especulación, cambios en el gabinete, entre otros factores.

Como respuesta, el gobierno dio inmediatas muestras de gran docilidad al nombrar a Videgaray como Secretario de Relaciones Exteriores (un doctor en economía), dando satisfacción a la preferencia de Trump por el pro imperialista ex secretario de Hacienda.

Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto

De esta forma se evidencia un salto cualitativo en el arrodillamiento del poder ejecutivo a una potencia extranjera, pues hasta ahora, el presidente en turno- pese a seguir una política afín a los intereses imperialistas- no acataba tan abiertamente una “sugerencia” imperialista pues intentaba cierto margen de negociación para no verse tan dependiente.

Hoy, ni las formas se guardaron. Es como si el Estado mexicano semicolonial, como parte del proceso de mayor integración a los planes globalizadores, avanzara hacia una recolonización.

Cabe preguntarse si, ante la mayor subordinación económica, política y diplomática de dependencia que nos debilita cada vez más ante el imperialismo estadounidense, las presiones de Washington -o del Pentágono- influirán sobre la decisión de los candidatos del PRI para las presidenciales del 2018.

Algo así sucedió al final del gobierno de Lázaro Cárdenas que, por presiones internas y de los Estados Unidos, nombró al derechista Ávila Camacho como su sucesor, decisión que fue apoyado también por la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y el estalinista Partido Comunista Mexicano.

Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho

Es que ante el panorama que se avecina, difícilmente la “clase política” tendría un sesgo nacionalista después de décadas de tanta entrega de soberanía nacional; situación que reforzó en los Estados Unidos la idea de que somos su “patio trasero”.

Y, al depender las exportaciones manufacturas mexicanas del mercado estadounidense (80%), dado que la burguesía nacional nunca tuvo un plan para diversificar sus exportaciones a Europa de manera significativa, no tiene margen comercial para actuar de manera independiente. Es decir, son los resultados de una economía dependiente y con un alto grado de integración a la de los Estados Unidos, y que el TLC profundizó.

Industria automotriz

Así, independientemente de las particularidades del próximo presidente de Estados Unidos, el fenómeno Trump tiene bases para emerger como la visión de ultraderecha de una nueva forma de sometimiento a la semicolonia mexicana.

La subordinación como política de Estado

Paralelamente, Peña Nieto es la continuidad más acabada -como parte de la nueva camada de políticos priístas- del sometimiento de los gobiernos mexicanos. Gobiernos que desde los ochenta se hicieron los campeones de los planes neoliberales y del Consenso de Washington en el país, adaptándose a sus exigencias en ajustes fiscales, endeudamiento, privatización de empresas estatales, reducción del gasto público, entre otras.

Trump, con su experiencia y voracidad empresarial, simplemente vio que el régimen mexicano debilitado y en descomposición, había pavimentado el terreno para imponerle su política proteccionista y las formas más burdas del racismo.

En ese contexto político y económico, la burguesía nacional tiene temor y desconcierto ante lo impredecible de las medidas que Trump vaya a anunciar a partir del 20 de enero. Los empresarios, al buscar alguna respuesta “atenuante” de parte del gobierno, y ver la impotencia del mismo ante una posible renegociación del TLC ventajosa para los Estados Unidos, empieza a actuar como sector crítico del gobierno y una fuerza política de presión contra Peña Nieto.

Coparmex

Por esta razón, mientras el presidente Peña Nieto busca el apoyo patronal ante el gran descontento y la movilización nacional donde, recibe lo contrario. Con el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico en días pasados, se mostraron roces que corresponden a una situación muy crítica que nada tiene que ver con el momento en que fue promocionado por el imperialismo como ejemplo de estadista por las reformas estructurales que le aprobaron los principales partidos patronales del congreso.

Hoy es un muy mal Mexican Moment para el país, y una preocupación para el imperialismo ante el riesgo de inestabilidad que ve venir al sur de su frontera. Ahora es un presidente debilitado que, por más medidas que anuncie ante la ofensiva Trump, no va a tomar medidas que el gobierno estadounidense considere una guerra comercial, con como ya anunció Peña Nieto.

El régimen recolonizador y la dependencia del estado

La prensa y los analistas políticos de centroizquierda critican la tibieza y las indecisiones del impotente Peña Nieto; ven solamente un fenómeno coyuntural. No cuestionan la profundización del sometimiento al imperialismo y el debilitamiento estructural del estado semicolonial que se desgasta cada vez más en el plano estratégico desde el surgimiento del régimen que sucedió el del priato en el año 2000.

La cesión de los energéticos nacionales a las trasnacionales es un problema que plantea una dependencia estratégica aun mayor que la falta de inversiones en plantas ensambladoras automotrices de capital estadounidense, como la Ford en San Luis Potosí.

Licitación de campo Trión

Como también lo son la imposición del tipo de inversiones y de políticas migratorias que el gobierno de México debería aceptar bajo la presión de la política industrial y de seguridad nacional del gobierno de Trump.

Todo esto implica una actitud de país colonizado sólo que ahora sin la ocupación territorial propia de la época del expansionismo colonial.

Y es que esto, sumado a la oleada privatizadora de la banca, los puertos, Altos Hornos de México, la minería, teléfonos y la mayoría de las empresas paraestatales en los 80s-90s y la privatización parcial de Pemex en las últimas décadas, quitó al Estado la conducción en áreas claves de la economía.

Al mismo tiempo, lo hizo dependiente de los ingresos petroleros -que, representaron el 31.1% de los ingresos totales en los primeros ocho meses de 2014- cuyo precio llegó a estar a 101.07 dólares por barril, en 2011 y hoy bajó drásticamente a 44.88 dólares por barril. Y llevó, asimismo, a la dependencia en materia energética.

Altos Hornos de México

Además, el sometimiento del gobierno de Peña Nieto a los planes de Trump, llevaría al país a servir como alfil en la guerra comercial que puede desatarse entre el capital estadounidense con el chino y el japonés.

Por una salida independiente contra la carrera recolonizadora

La creciente movilización nacional contra el gobierno y la demanda ¡Fuera Peña Nieto!, marca un punto de inflexión en el descontento popular y la crisis de legitimidad de las instituciones. Más organizaciones sindicales, campesinas y estudiantiles se suman al diariamente al repudio al gasolinazo y a la posición sumisa del gobierno ante Trump.

Movilizaciones contra el gasolinazo

Se plantea un paro nacional y surgen asambleas populares que buscan organizar el descontento. Algunos sectores proponen -ante la brutal ofensiva gubernamental e imperialista- una resistencia “civil y pacífica”, o esperar el 2018 para castigar al PRI con la dureza del voto (como demanda Andrés Manuel López Obrador y el Morena).

Incluso, partidos que aprobaron las reformas estructurales de Peña Nieto (como el PRD), hoy tratan de hacerse parte del descontento ante la proximidad de los procesos electorales y el desprestigio que arrastran.

Pero, por todo lo señalado arriba, sabemos que el gobierno no va a dar marcha atrás en el “gasolinazo” (ni va a caer Peña Nieto), con una política civilizada, con amenazas de voto a futuro (o abstencionismo), ni con una reforma política acordada entre los que nos gobiernan, o con paros que no tengan toda la fuerza de la clase trabajadora.

Para ello, hay que convocar a un Encuentro Nacional que organice la huelga general hasta que se vaya Peña Nieto, donde la población trabajadora y los sectores afectados por la subordinación del régimen al imperialismo, decidamos libremente y sin injerencia de la “clase política”, en una Asamblea Constituyente, los destinos de la nación oprimida por los acuerdos con el imperialismo.







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