Mundo Obrero

ROSARIO

Ante la muerte de un compañero metalúrgico

Así estamos. Consternados, rabiosos. Hoy nos enteramos de la muerte de Frankito, Franco Farías. Murió a los veintinada de años, en una moto en Circunvalación, yendo a una fábrica, como tantos, como muchos conocidos.

Jueves 7 de septiembre | 17:07

A Frankito lo conocimos a principios del año pasado. Era viernes. Nos habían avisado que en Bambi -metalúrgica cárcel rosarina- habían despedido a unas decenas de contratados. No se sabía cuántos, pero querían echar a unos 80 trabajadores.

Hasta ahí, todo normal. La empresa ordena, la consultora te da la baja - sin indemnización, obvio- el Ministerio aprueba, la UOM calla. Hablamos con otro compañero: ¿Conoces contratados? ¿Los llamamos para ver si la quieren pelear? Llama. Empiezan a aparecer los pibes. El domingo, en casa - guarida de metalúrgicos de base- aparecen un par medio tímidos que la quieren pelear. Frankito entre ellos, con una sonrisa divina. No tienen ni idea como, pero vamos para adelante. Esto es injusto, che.

El lunes nos mandamos con ellos, compañeros y compañeras del PTS y la Agrupación de Metalúrgicos de Base, a la puerta de Bambi, a avisar lo que estaba pasando. Ahí mismo empezamos a encontrar pibes que se enteraban en portería que iban a quedar en la calle. A otros directamente los llama la agencia y les dice que firmen la renuncia. Frankito, y los otros pibes, se mandan en sus motos, se dividen las agencias, y van a buscar a los otros pibes. Hay que avivarlos que no firmen la renuncia y se planten.

Para la tarde ya armamos un grupo de resistentes.

De vuelta en el turno tarde, ya metemos bandera, llamamos a los medios. Salimos en la tele. Habla Lucas Castillo. Están los referentes del FIT, Octavio y Virginia, toman la palabra y se la pasan a los pibes. Tímidos, pero enojados y firmes, Frankito y otros dicen en la tele lo que nunca les dejan decir pero piensan todos los días cuando se levantan, cuando almuerzan, cuando vuelven y cuando no pueden dormir.
El martes sigue el cachengue. Como nunca, asamblea en la puerta de Bambi a la madrugada. Los efectivos muestran su solidaridad con aplausos, gritos y bocinazos. A media mañana se van a una marcha docente y hasta se mandan al palco.

En esa época yo trabajaba en una fábrica de cascos en Villa Gobernador Galvez, así que no pude ir a la marcha, pero recuerdo las fotos, que miraba con carpa en el celu desde la línea, de Frankito y los pibes con esa risa canchera de los que ven, aunque sea, un poquito de revancha a tanta mierda.

Los días siguieron. La UOM, como siempre, nos cagó. Llegamos débiles para organizar a toda la fábrica. Logramos que corten los despidos, pero no la reincorporación. Pero habíamos hecho algo, como nunca en esa fábrica. Y lo sabíamos, nosotros y los pibes.

Frankito especialmente. Desde ahí comenzó a participar en las reuniones del partido, de la agrupación, se hizo asiduo visitante en casa (armando currículums, tomando mate, arreglando la moto, comiendo algo, fumando algo), viajó a Atlanta al acto del FIT y volvió tan emocionado como todos.

La "derrota" de lo de Bambi no la sintió. Más bien, fue el comienzo de dar un paso al frente y dejar de aceptar que nos traten como basura. Después pegó otros laburos, y vino a contarlo contentísimo, para avisar por si necesitábamos unos mangos, y sobre todo para que supiéramos que teníamos "uno del partido ahí".

Hoy me avisó el Emi y me quedé helado. Frankito estaba yendo al laburo, a laburar 11hs, y se mató en la moto. Una mierda. Me invade la bronca con estas muertes de mierda, de este sistema de mierda, que condena a los pibes a la mierda.

Pero no nos resignamos. Somos muchos. Cada vez somos más. Estamos en esto con cuerpo y alma. No vamos a dejar una injusticia en pie, no vamos a dejar una muerte sin vengar.

Frankito, te voy a extrañar. Un lujo haberte conocido, compañero.








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