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Ante la crisis del gobierno de Peña Nieto, por una salida obrera y popular

La crisis del gobierno de Peña Nieto se aceleró. Es fundamental que los trabajadores entren en escena. Urge una política anticapitalista y revolucionaria.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 14 de septiembre de 2016 | Edición del día

El affaire Trump no sólo evidenció la subordinación extrema del gobierno a Estados Unidos; también la carencia de una política para revertir la pendiente en la cual se encuentra la figura presidencial. Lejos de sortear los obstáculos, Enrique Peña Nieto (EPN) se tropieza con mayor frecuencia. Y cada nuevo traspié prepara una caída más estrepitosa.

La crisis en el gobierno y sus perspectivas

La jugada de Luis Videgaray quiso afirmar su lugar de “hombre fuerte” cercano al presidente, y desplazar a sus competidores para el 2018, como el secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. En los primeros tres años del sexenio, la figura de Videgaray creció a la sombra del “éxito” de las reformas estructurales. En los últimos meses, mientras los vientos favorables al gobierno cambiaban, Videgaray aprovechó el retroceso de sus adversarios en el gabinete y el partido (como Manlio Fabio Beltrones) y actuó más allá de sus atribuciones. La designación de Enrique Ochoa Reza en la presidencia del PRI fue un ejemplo. Esto generó enconos en gabinete presidencial, hasta ahora controlados por Peña Nieto.

El afán del ex secretario de Hacienda desdibujó aún más la figura presidencial. Peña Nieto, en el centro del huracán provocado por la visita de Trump, parecía moverse al ritmo de las intenciones del “vice-garay”, como algunos empezaron a llamarlo.

Sin embargo, el desdibuje de la figura presidencial no fue sólo fruto de su torpeza política. Sus bases están en la declinación de su popularidad, el impacto de los escándalos políticos, y el desgaste general del gobierno. Como publicó El Universal, nunca, desde 1995, un presidente ha estado tan bajo en sus indices de popularidad, con un 23%.

El desempeño de la economía, que primero fue punto de fortaleza para EPN, pasó a ser su talón de Aquiles. Peña presumió que con las reformas estructurales y las inversiones extranjeras lograría un crecimiento sostenido. La mayoría de las reformas pasaron, las inversiones en la industria automotriz, aeroespacial y otras crecieron, pero aún así, la economía se desaceleró al calor de los nubarrones internacionales y el débil crecimiento estadounidense. Junto a esto, la caída del peso genera gran inestabilidad y el crecimiento de la deuda pública muestra una línea de falla estructural. La respuesta del gobierno -reducir el gasto público- incrementará el descontento obrero y popular que ya existe, provocado por el ataque sistemático a las condiciones laborales y las libertades democráticas.

La declinación del gobierno no escapa al establishment estadounidense. La negativa de Hillary a venir en auxilio de EPN fue precedida por la asistencia, a fines de julio, de la virtual precandidata panista Margarita Zavala a la Convención Demócrata.

Con la renuncia del “supersecretario” se hizo evidente la crisis gubernamental, concentrada en la figura presidencial y su declinación política, que está en su peor momento desde diciembre del 2012.

Esto tiene consecuencias para las expectativas priistas hacia el 2018 y abre un panorama de disputas por la sucesión. Aunque estén todavía entre bambalinas se incrementarán al acercarse las elecciones de del 2017 y 2018 (primero en el estratégico Estado de México) y puede llevar a duras confrontaciones internas.

Quieren evitar que los trabajadores aprovechen la crisis

En este panorama, el gobierno cuenta a su favor con que no enfrenta una movilización generalizada ni grandes acciones de protesta obrera y popular, y aunque recibe presiones de la Iglesia y los empresarios, hay consenso en el ataque a los trabajadores.

La heroica resistencia magisterial no se extendió por la responsabilidad de las direcciones sindicales que se reclaman “opositoras”, que no convocaron a un paro nacional para derrotar la reforma educativa y las reformas estructurales. Como planteamos aquí, el gobierno aprovechó el retroceso del movimiento magisterial, que tiene por delante el desafío de enfrentar las amenazas y golpes del gobierno (como en Oaxaca o Chiapas) y retomar la ofensiva.

Por otra parte, el PRI y el PRD utilizan la crisis para posicionarse hacia el 2018 y mejorar sus expectativas electorales, como se evidenció en las críticas vertidas en el Congreso en torno a la visita de Donald Trump.Pero estos son, al mismo tiempo, garantes de la estabilidad institucional. Como no podría ser de otra manera, los proimperialistas antiguos socios del Pacto por México no cuestionan la entrega del país a las trasnacionales.

A su vez, los consejos y confederaciones empresariales respiraron aliviados con la asunción de José Antonio Meade en lugar de Videgaray, como la llave para preservar la estabilidad del gobierno que defiende sus negocios.

La dirigencia del Morena y Andrés Manuel López Obrador han dicho una y otra vez que hay que evitar “el derrumbe de Peña Nieto” y esperar al 2018. Las declaraciones de AMLO son el resultado de una estrategia centrada en la reforma del régimen político, que se contrapone a la movilización para echar abajo las instituciones de esta “democracia para ricos”, contra las que cientos de miles -incluyendo muchos votantes de Morena- se movilizaron en los últimos años, en particular a partir de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

López Obrador llama a que se mantenga la “gobernabilidad” y la “estabilidad” bajo la cual se explota al pueblo trabajador. Esto mientras el programa con el que se prepara para el 2018, no cuestiona la dominación imperialista.

Por la movilización obrera y popular

Hoy es fundamental levantar una estrategia política para que los trabajadores, la juventud combativa y el pueblo aprovechen la crisis del gobierno de EPN y retomen la movilización. Lejos de “prepararse para el 2018”, hay que prepararse para golpear en las calles al gobierno. Sólo así podremos derrotarlo y hacer real el reclamo, que empieza a escucharse nuevamente, de Fuera Peña. Hay que sacar las lecciones de los años previos cuando a pesar del descontento, la falta de una estrategia centrada en la acción de los trabajadores en alianza con los campesinos y estudiantes, y en sus métodos de lucha como la huelga y el paro, le permitió a Peña Nieto recomponerse.

Por eso hoy es fundamental la movilización independiente y preparar un gran paro nacional, que tome como bandera la lucha contra la reforma educativa y todas las reformas estructurales, contra la militarización y el ataque a los derechos democráticos, y contra la entrega al imperialismo estadounidense. Al servicio de ello hay que impulsar la coordinación de los sectores que resisten, como podría ser un gran Encuentro Nacional donde se resuelva un plan de lucha.

En ese camino, a diferencia de quienes dicen que la única opción es reformar este régimen irreformable y defensor de los intereses capitalistas, desde el Movimiento de los Trabajadores Socialistas luchamos por una verdadera salida a las demandas de las grandes mayorías. Para imponer, mediante la movilización revolucionaria, un gobierno de los trabajadores y el pueblo, que avance en la expropiación de los capitalistas y en la ruptura con el imperialismo, en la perspectiva de construir una sociedad sin explotadores ni explotados.

Para luchar por esta estrategia, es fundamental construir en el país un gran partido de la clase obrera, socialista y revolucionario. En el MTS impulsamos esta tarea militante todos los días, y apostamos a sumar a la misma a los trabajadores, mujeres y jóvenes que buscan enfrentar este régimen político al servicio de los capitalistas.

Aspiramos a discutir esto con todos los que, en las últimas elecciones a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, apoyaron la candidatura anticapitalista de Sergio Moissen y Sulem Estrada, la primera participación electoral socialista e independiente de los partidos del régimen en décadas.

Así también con todos los compañeros y compañeras con los que hoy intervenimos y participamos juntos, en las escuelas, facultades y centros de trabajo, de la lucha contra la reforma educativa, la precarización laboral, los feminicidios y el ataque a la juventud.

Queremos convocarlos a que se organicen junto a nosotros, y que demos pasos en construir la organización socialista y revolucionaria que requieren los explotados y oprimidos en México, para que las futuras luchas no sean desviadas ni derrotadas, para preparar el camino del triunfo contra los explotadores y opresores.






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