Política Uruguay

Ante la “Carta abierta a las izquierdas”

Docentes, intelectuales y periodistas descontentos con el FA han emitido una carta donde llaman a apoyar a Martínez en el Balotaje. Aquí una primera reflexión sobre esta postura.

Domingo 10 de noviembre | 18:02

Recientemente se ha publicado en el portal de Hemisferio izquierdo una Carta firmada por gran cantidad de intelectuales, periodistas, docentes de los distintos niveles educativos y otros referentes y activistas de las distintas expresiones de la izquierda uruguaya, que podemos leer aquí. En ella se llama a apoyar la candidatura de Martínez frente a la coalición de derecha en el próximo balotaje.

El Frente Amplio como identidad de izquierda

En la Carta se afirma correctamente que

“Si bien los gobiernos del FA mejoraron las condiciones de vida de nuestra población en los últimos quince años, también es indudable que legitimaron a la gestión “humana” de nuestro capitalismo periférico como el mejor de los mundos posibles, volviendo a los viejos antagonistas de la izquierda en socios estratégicos”.

Y sigue

“La prioridad por captar el centro se impuso al objetivo de transformar los valores y la cultura en un sentido pos capitalista, lo cual se tradujo en una práctica política pragmática y posibilista que alejó del horizonte la transformación radical de la sociedad, e incluso, colaboró con el corrimiento hacia la derecha de todo el mapa político nacional registrado en las últimas elecciones”.

Justamente, desde las páginas de La Izquierda Diario Uy hemos coincidido en denunciar la utópica idea frenteamplista de “humanizar el capitalismo” – nos vienen a la memoria las frases del Pepe Mujica renegando de su pasado anticapitalista e imponiendo una subjetividad conformista del “es lo que hay”-, alejando así, el horizonte que históricamente tuvo la izquierda mundial de “la transformación radical de la sociedad” que permita organizar la sociedad sobre bases igualitarias.

Coincidimos con que el Frente Amplio ha acordado con el FMI, con el capital financiero, con las multinacionales, con la banca y los empresarios del comercio y también con el agro-negocio. Es decir, con los “antagonistas” de la izquierda y de la clase trabajadora y los sectores populares. No se puede defender, decimos nosotros, los intereses de la clase trabajadora si negociamos y garantizamos la ganancia de la clase capitalista.

Pero en los últimos años, aquellas ideas que lo identificaban con una corriente de izquierda (aunque de conciliación de clases) han ido desapareciendo para dar lugar a un partido desideologizado que habla de “esperanza” y “nuevos sueños”. Su concepción de una “identidad de izquierda” ha quedado reducida a la gestión del estado capitalista, y a una defensa de las conquistas en materia de derechos (matrimonio igualitario, aborto, ley trans, derechos laborales) aunque no ha cuestionado en nada la estructura económica profundamente desigual del capitalismo dependiente uruguayo. Es más, lo ha profundizado extranjerizando la tierra, privatizando los recursos naturales (Ley de riego) o permitiendo la profundización de un sistema extractivista y primarizador como el acuerdo para la instalación de la planta de UPM2. En este sentido, el FA se ha consolidado como una izquierda dentro del régimen capitalista.

Desde las páginas de La izquierda Diario también hemos denunciado que el Frente Amplio ha permitido el avance de la derecha como ideología y como pensamiento político, en la medida en que fue adoptando la agenda de seguridad que se le imponía, y en la medida en que ha justificado la alianza con las multinacionales – como el acuerdo con UPM – como algo positivo, reduciendo el pensamiento de izquierda y resignándose a tener que permitir el extractivismo y la primarización de la economía.

Asimismo, la Carta plantea las debilidades en construir una alternativa política al Frente Amplio:

“Pero lo cierto es que también colaboró al corrimiento nuestra incapacidad de generar una alternativa robusta que explique sus límites como parte del propio orden del capital”.

Coincidimos en que es necesario una autocrítica de quienes nos encontramos por fuera del FA en la capacidad de construcción de una alternativa política de los trabajadores y trabajadoras y el pueblo pobre que se pare desde una postura de independencia de clase y que proponga un programa para que la crisis la paguen los capitalistas, y que luche por un gobierno obrero y popular. Una alternativa anticapitalista, obrera y socialista.

Pero justamente creemos que esa herramienta política no la vamos a construir si convocamos a los trabajadores y trabajadoras a apoyar al Frente Amplio, sino justamente entendemos que debemos contribuir a una ruptura política con esta coalición que, como dice la Carta, sigue siendo “el principal instrumento político-electoral de los sectores subalternos”, y una herramienta de contención que evita la radicalización de los procesos de lucha de clases. Se hace necesario entonces, que las fuerzas revolucionarias acompañemos la experiencia de las masas trabajadoras en un camino de ruptura con su vieja dirección histórica y que construyan una organización verdaderamente independiente de cualquier interés empresario.

El ascenso de Manini Ríos a la esfera política

Es cierto que Manini no cayó del cielo. El “fenómeno” Manini tiene bases profundas en un régimen político basado en la impunidad de los militares que violaron, secuestraron e hicieron desaparecer en tiempos de la dictadura cívico-militar, impunidad garantizada también por el FA.

Fue Fernández Huidobro quien expresó más esta postura (aunque no fue el único) cuando desde el Ministerio de Defensa obstruyó el (pobre) accionar de la Justicia, defendió a los militares y los preservó como corporación. Manini conocía bien a Huidobro y el día en que murió lo reivindicó como “el mejor ministro de defensa”. Las palabras de Manini, que ya para esa época también era defensor de los militares asesinos, son más que elocuentes.

Fascismo, bonapartismo de derecha y populismos conservadores

A diferencia de muchos compañeros y corrientes políticas que realizan una falsa oposición contra el “fascismo”, u otros que plantean una minimización de la votación de Cabildo Abierto y ponen un signo de igualdad entre el Frente Amplio y la coalición opositora; desde La Izquierda Diario creemos que es evidente el giro a la derecha de importantes sectores de nuestra sociedad y que quedó plasmada en la votación pasada. El 10,8% de votos para Cabildo Abierto y su entrada con una importante bancada al parlamento debe poner en alerta del movimiento popular. Es el fortalecimiento de una derecha conservadora, con sectores fuertemente militaristas y con características de un populismo de derecha fascistizante, que históricamente ha tenido refugio en variantes como el “pachequismo” en el Partido Colorado o sectores del mismo “herrerismo” en el Partido Nacional. Hoy esas “sensibilidades” se agrupan en un nuevo partido y lo complementan con la figura de un caudillo demagogo que se presenta como un artiguista o un nacionalista “defensor de los desposeídos”, pero es parte de la estirpe de los Manini Ríos, conocidos conservadores vinculados al patrocinio de golpes de estado como el de Terra (1933), que estuvieron relacionados con la JUP (Hugo Manini Ríos) o que fueron funcionarios políticos de la última dictadura cívico-militar (Carlos Manini Ríos).

Cabildo Abierto capitalizó por derecha también el descontento en sectores de la población que no han visto en estos tres gobiernos una mejora sustancial de sus condiciones de vida. Sectores que en 2009 y 2014 habían votado por Mujica, y que hoy no se sintieron incluidos en el relato progresista y vieron en la figura del caudillo populista de derecha (y por causa también de una debilidad estructural de la izquierda extrafrenteamplista) una salida para sus problemas cotidianos. Su opción por la mano dura, la defensa de la familia y los “valores artiguistas” reflejan la forma más simplista de atender a estos problemas que son no solo simbólicos o culturales, sino estructurales de un capitalismo atrasado y dependiente.

El gobierno multicolor y Bolsonaro

Nuestra organización (CTS), como parte de una corriente internacional, la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional (FT-CI) llamó a votar por Fernando Haddad, el candidato del PT de Brasil hace exactamente un año. También tenemos el orgullo de haber realizado un acto en la Embajada de Brasil contra Bolsonaro en el marco del #EleNao y haber reclamado por la libertad de Lula (algo que el gobierno uruguayo no hizo), sin por eso dar ningún apoyo político al PT.

La elección brasileña de 2018 se dio en el marco de un gobierno ilegítimo surgido de un golpe institucional (golpe que el gobierno uruguayo no rechazó) y de un “golpe dentro del golpe” que fue la proscripción de Lula como candidato, cuando contaba con gran apoyo popular. Los meses previos a la elección estuvieron marcados por la militarización de Río de Janeiro que dejaría un tendal de sangre del pueblo derramado y en los días siguientes al triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta se sucedieron crímenes de odio y políticos alentados por un bolsonarismo y sectores del aparado de seguridad envalentonados.

Aun así y viendo el peligro que significaba Bolsonaro para la vanguardia obrera, la juventud y la izquierda, no nos parecía acertado que se lo caracterizara como un “ascenso del fascismo”, entendiendo al fascismo como un movimiento histórico de masas que se da producto de una bancarrota capitalista y del enfrentamiento frontal entre las clases y que una vez en el gobierno instaura un régimen de guerra civil contra los trabajadores y los sectores populares. No nos parecía que estuviéramos frente al ascenso de Mussolini o en Alemania en 1933, donde grupos paramilitares armados asaltaban locales partidarios y sindicales y fusilaban y encarcelaban a los dirigentes de la izquierda. Sí lo caracterizamos como un gobierno bonapartista fuertemente apoyado en el aparato de seguridad, que venía a realizar la tarea de librar un ajuste de magnitudes históricas contra el pueblo trabajador, pero también con sus debilidades.

Nuestra campaña en Brasil e internacionalmente fue poniendo el centro en la preparación de las organizaciones sociales y políticas para los enfrentamientos que se vendrían en el porvenir. Porque por más que votáramos al PT contra Bolsonaro, la historia mostraba que no iba a ser en las urnas que se derrotarían a las variantes bonarpartistas de ultraderecha o fascistizantes.

En nuestro país el candidato ganador del arco opositor y quien gobernará el país en caso de ganar no es Manini Ríos, sino Luis Lacalle Pou. Conocemos la trayectoria del Partido Nacional tanto en sus dos gobiernos en la década del 60’ de nuestro país, como en su último gobierno encabezado por Luis Lacalle Herrera. Un gobierno directamente neoliberal que buscó desmontar los pocos vestigios de industria que quedaban en nuestro país y flexibilizó las relaciones laborales, atacando las condiciones de vida del pueblo trabajador. Un gobierno que también se destacó, entre otras cosas, por los casos de corrupción, que tuvieron en el Banco Pan de Azúcar un caso paradigmático. En este momento, es muy factible la vuelta de los blancos al gobierno, esta vez en sociedad con el Partido Colorado, el Partido Independiente, el Partido de la Gente y, como dijimos antes, Cabildo Abierto.

Con parte de las cartas sobre la mesa (porque en toda la campaña se han cuidado de mostrar su verdadero plan), el novel documento de la “coalición” deja en claro algunas líneas importantes por las cuales irán en un eventual gobierno. Buscarán el ajuste fiscal, harán una gran transferencia de recursos al campo y al sector exportador en general vía exención impositiva y devaluación de la moneda, irán por una reforma de la educación pública que profundice el rumbo en materia de mercantilización y buscarán avanzar en una reforma previsional subiendo la edad jubilatoria a 65 años, cuestión en la que todos los partidos tienen acuerdo. Buscarán ajustar y aplicar el programa que esbozó el movimiento Un Solo Uruguay en enero de 2018 en Durazno. En ese marco, también prevemos un giro represivo aún mayor y la utilización de todas las facilidades de la tecnificación y la profesionalización del aparato represivo, una de las grandes obras de la era progresista.

Esta situación de aparente fortaleza por la mayoría parlamentaria del bloque opositor en caso de ser gobierno, debe matizarse con la relación de fuerzas general de la sociedad y la propia inestabilidad en la gestación de la coalición, que deberá enfrentar además una situación de conflictividad social.

En el próximo período: pasar de las urnas a las calles

La dinámica de ajuste está instalada y será descargada por cualquiera de las opciones triunfadoras. Si bien sabemos que en la forma no es lo mismo, el actual partido de gobierno ha sido durante estos últimos 15 años el instrumento político que se ha dado el capital financiero para gobernar. La crisis de 2002 y el veto popular a los partidos tradicionales para gobernar impuso una relación de fuerzas donde el empresariado debió aceptar un gobierno no directamente suyo, que a su vez expresó y representó distorsionadamente los intereses populares. Con los precios de las materias primas altos, el gobierno mantuvo un esquema de “pacto distributivo” que permitió recomponer niveles salariales y otorgar prestaciones sociales, mientras los empresarios locales y extranjeros ganaban como nunca en la vida. El surgimiento del movimiento Un Solo Uruguay fue una primera expresión de la necesidad de sectores empresariales por recomponer su renta y llevar a cabo un ajuste profundo sobre las condiciones de vida de los trabajadores. Hoy, después de los resultados la elección, varios de esos sectores empresarios que apostaron por el Frente Amplio en la última década y media definitivamente se alinean con la oposición.

El Frente Amplio ya ha reconocido rumbo a la segunda vuelta que los errores fueron no haber hecho el ajuste fiscal y haber sido “suave” en el combate al delito. Toman aspectos del programa de la centro-derecha en materia de seguridad para llegar a la base electoral que en la primera vuelta votó por los partidos tradicionales, incluso aumentando los guiños entre el MPP y Cabildo Abierto.

Sin intentar agotar la discusión y desde el respeto y la fraternalidad, expresamos que la Carta a las izquierdas - que se instala desde un lugar de autoridad por no ser desde la interna del FA -, lejos de contribuir al surgimiento de una izquierda política alternativa, actúa como rueda de auxilio por izquierda de un proyecto de conciliación de clases.

Entendemos que muchos compañeros y compañeras de la izquierda extrafrenteamplista manifiesten su temor ante un eventual triunfo de la coalición opositora, y respetamos que muchos elijan dar su voto a Daniel Martínez como última forma de cerrar el paso a Lacalle. Desde nuestra postura votamos en blanco o anulado, pero repetimos que respetamos la decisión de muchos compañeros y compañeras de votar por Martínez. Aunque nos parece erróneo poner las ilusiones en el voto. Por eso desde nuestra posición llamamos a preparar las peleas que se avecinan y a cambiar el centro de gravedad desde las urnas hacia la calle, se elija la opción que se elija.

La calle y la unidad desde abajo y para la lucha es lo que nos debe guiar para el próximo período, para derrotar con la movilización todos los planes de ajuste y derrotar a los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad. En nuestra opinión, solo así y disputando ideológica y políticamente a la opinión pública desde nuestros medios vamos a poder comenzar a poner las bases para el surgimiento de una izquierda anticapitalista ligada a la lucha de clases y que se postule como alternativa al “centro responsable” que ha sido todos estos años el Frente Amplio.

Las fuerzas en el movimiento obrero y popular están intactas para defender las conquistas alcanzadas y torcer la mano a cualquier gobierno, sea de la derecha o sea de un Frente Amplio en minoría parlamentaria y negociando con los bloques opositores. La experiencia por la que están transitando los trabajadores, las mujeres y la juventud en Chile nos marcan el norte. En cada combate de nuestro pueblo ahí estaremos apoyando y marcando nuestra perspectiva, que es de independencia política y de lucha por un gobierno de los trabajadores.







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