Sociedad

PENSAMIENTO LATINOAMERICANO

Aníbal Quijano y el legado de resistencia al occidental-centrismo en el subcontinente

El pensamiento crítico latinoamericano pierde, en 2018, otro de sus grandes exponentes, el peruano Aníbal Quijano.

Danilla Aguiar

Río Grande do Norte - Brasil

Viernes 1ro de junio | 13:51

Intelectual que luchaba por la renovación epistémica, teórica y política de las opciones alternativas de los subalternos frente a las tendencias del poder mundial. Quijano utiliza el concepto de colonialidad del poder como la forma latino-americana de ser subalterno, explicita, por ejemplo, como la no blanquitud de la clase dominada en el subcontinente, siendo utilizada para reforzar la explotación de clase. Fue también el mayor divulgador de la obra del peruano José Carlos Mariátegui, nos deja a los 90 años de edad en el 90 aniversario de la publicación de los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de Mariátegui.

La colonización y el pensamiento europeo trajeron a los pueblos originarios no sólo la marca de la dependencia financiera y el capitalismo. Fueron cruciales, sobre todo, para la expansión de una influencia intelectual eurocentrista, un colonialismo cultural que, junto con la propiedad privada burguesa, marcaron nuestras formaciones económico-sociales. Sin embargo, como la historia de los hombres necesita ser observada en su construcción dialéctica, cambios políticos trajeron a la luz nuevas cuestiones teóricas para pensar la América Latina contemporánea que se formaba frente a la posibilidad de actuar contra también de ese otro carácter de la dominación.

El sociólogo y economista Aníbal Quijano, atento al protagonismo de las luchas de los movimientos sociales y del movimiento indígena junto a las clases de trabajadores como grupos históricamente subalternizados, explicitó en sus obras la necesidad de seguir pensando sobre el hecho de que todas nuestras realidades latinoamericanas estarían marcadas por una forma particular de colonialidad, una pregunta que puede ser observada partiendo de distintos ángulos. La colonialidad significó la legitimación de las antiguas ideas y prácticas de relaciones de superioridad / inferioridad en una perspectiva moderna, amparada también en la división racial del trabajo, un debate que toma aliento a partir de la recuperación de identidades en el subcontinente.

Quijano desarrolla la idea que la relación capital trabajo se potencia en el sentido de la explotación por la variable raza y así categoriza como la idea de raza en el subcontinente-entendida como una racionalidad específica del pensamiento eurocéntrico sin descuidar el análisis de las diferencias de clases, fue fundamental para definir nuestra actual colonialidad en las esferas económica y política, destacando que esa subordinación no se terminó con el desmantelamiento del colonialismo clásico. El concepto de colonialidad desarrollado por Quijano va más allá del análisis del colonialismo y que se nutre de discusiones anteriores, como la teoría Sistema-Mundo, desarrollada por Imanuel Wallerstein y la propia teoría marxista de la dependencia, desarrollada por Ruy Mauro Marini, Vania Bambirra y Theotonio de los Santos, este último también fallecido en el presente año.

Cuando se habla de colonialidad del poder, la gran formulación teórica de Quijano, estamos hablando de política, del Estado y de la sociedad civil como escenario de la lucha de clases. La colonialidad se establece como algo que trasciende las particularidades del colonialismo histórico y que no desaparece con la independencia formal de los Estados. Destaca que el fenómeno de la colonialidad representaría el lado oscuro de la modernidad y que la división racial del trabajo aparece también en los niveles de democracia, desarrollo y transparencia, hasta los días recientes. En sus más conocidas obras, como Clase Obrera en América Latina (1976), Colonialidad y Modernidad-Racionalidad (1992) y Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina (2002), utilizando fundamentalmente la dominación cultural y la exclusión de indígenas y y otras denominaciones raciales, Quijano nos apunta que el concepto de colonialidad del poder expresa esa nueva forma de legitimación de las relaciones de dominación, como división racial del trabajo y la difusión de un aparato educativo uno, europeizado, que legitimarían nuestra dependencia financiera e intelectual.

En el marco de esta reflexión, podemos señalar su doble pretensión: denunciar la continuidad de las formas coloniales de dominación a través de la cultura y las estructuras del sistema-mundo capitalista moderno/colonial; y por otro lado, la necesidad de la actualización de ese debate, que prolonga procesos que habrían sido superados en la modernidad.

Siendo uno de los mayores divulgadores de la obra del también peruano José Carlos Mariátegui, lo destaca como primera referencia cuando pensamos en el encuentro del marxismo con América Latina en su prefacio a los Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de Mariátegui publicado por la Biblioteca Ayacucho. A los 90 años de publicación de los Siete Ensayos, el primer análisis de una formación económico-social latinoamericana, Mariátegui se muestra presente al indicar la aproximación de la concepción tradicional de la política marxista de los subalternos, buscando una asociación entre saber intelectual y voluntad colectiva.

El pensamiento decolonial, que se origina como un giro teórico-metodológico inaugurado en el subcontinente con el Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos, pierde uno de sus intelectuales fundadores. El movimiento decolonial, con la idea original de renovación crítica de las Ciencias Sociales, una amplia corriente decolonial no es unánime en sus formulaciones teóricas y posicionamientos políticos. Hay, por ejemplo, una división de esos intelectuales en cuanto a la utilización del marxismo y la perspectiva de la totalidad para explicar y transformar la realidad latinoamericana. Quijano se encuentra en el hall de autores que se apoyan en la teoría marxista para proponer la reflexión sobre la reconstrucción del conocimiento crítico regional, haciendo uso de métodos y lenguajes orientados a la reflexión crítica a partir de una praxis liberadora. Podemos indicar algunos límites en sus reflexiones más recientes desde una perspectiva marxista revolucionaria ya que, aunque el estudio de las prácticas y avances del imperialismo contemporáneo aparezca en sus obras, la hegemonía de esa categoría –el imperialismo o la imperialidad– se pierde cuando pasamos a las formulaciones aglutinados en el paradigma modernidad-colonialidad. Es innegable, sin embargo, sus contribuciones a la sociología crítica en un sendero que abarca el cuestionamiento de la dependencia histórica estructural, pasando fundamentalmente al debate de la colonialidad, decolonialidad, y rompimiento con el eurocentrismo.

Como afirmaba el propio Quijano, "seguimos siendo lo que no somos" y así la identificación de nuestros verdaderos problemas resulta perjudicada, así como su resolución, siempre parcial.

Comprometido con el análisis y transformación del Perú y toda América Latina, podemos indicar que el gran legado de Aníbal Quijano es la resistencia al occidental-centrismo y consecuente renovación crítica de las Ciencias Sociales en el subcontinente. Sus formulaciones teóricas pretendían vigilar la lucha política subalterna, rompiendo ese ciclo y avanzando en términos de independencia, liberación y emancipación de las sociedades explotadas por el racismo, el imperialismo y el neocolonialismo.

Un intelectual al servicio de los grupos y clases subalternas, Quijano nos recordará siempre de la importancia que estos sean protagonistas de las teorías sociales producidas hacia y desde América Latina sin caer en un eurocentrismo, tampoco en un esencialismo latinoamericano.






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