Internacional

CLAVES DE LAS ELECCIONES EN ALEMANIA

Angela Merkel recargada y la ultraderecha al parlamento

El 24 de septiembre son las elecciones en Alemania. Todo indica que Merkel será reelecta por cuarta vez y el partido xenófobo AfD llegará por primera vez al parlamento. Algunas claves para entender la política alemana y las elecciones del próximo domingo.

Josefina L. Martínez

Historiadora | Madrid

Miércoles 20 de septiembre | Edición del día

1.La máquina Merkel y los cambios en el sistema de partidos

La dama de hierro de la política europea enfila hacia su cuarto mandato después de 12 años ininterrumpidos como canciller. Y no hay a la vista en esta elección ningún candidato que le puedan hacer frente. Lo nuevo de la política alemana es que la ultraderecha entrará al parlamento y habrá más partidos en el Bundestag.

Los conservadores (CDU/CSU), la socialdemocracia (SPD), los verdes, la izquierda reformista (Die Linke), los liberales (FDP) y la extrema derecha de Alternativa por Alemania (AfD) se repartirán unos 600 escaños de la cámara baja alemana (la cantidad total varía de acuerdo con los resultados de la elección que tiene un sistema de doble voto, por candidato y por partido). Pero lo más importante viene después, porque una vez terminada la votación comenzarán las negociaciones para formar gobierno, para lo que se necesita una mayoría absoluta.

A comienzos de este año los medios de comunicación mundiales hablaban del “efecto Schultz”, cuando el ex presidente del Parlamento Europeo salió a la palestra como candidato del SPD y las primeras mediciones lo mostraban subiendo hasta un 30% de intención de voto, desafiando a la canciller. Sin embargo, el fenómeno se diluyó muy rápido, reubicando al SPD en un margen muy por debajo -entre el 20 y el 23% de los votos-, algo similar a lo que obtuvo en la última elección.

Según la información de nueve consultoras diferentes, la alianza CDU/CSU podría alcanzar un porcentaje que oscila entre el 36% y el 38% de los votos. Es menor que lo obtenido en 2013 (41%), pero mantiene una notable diferencia de más de 15 puntos sobre el segundo partido más votado, el SPD. El tercer lugar lo disputan la extrema derecha de AfD, los verdes y Die Linke, con porcentajes que rondan entre el 8 y el 11% de los votos.

2.La gran coalición, ¿condenada a repetirse?

Entre la CDU y el SPD sumarían el 60% de los votos, por lo que la “gran coalición” entre conservadores y socialdemócratas será la fórmula más estable para formar gobierno. Eso no quiere decir que esté exenta de problemas: en primer lugar, para el SPD, pero también para Merkel.

En el caso de los socialdemócratas, la gran coalición con la que participaron en dos gobiernos (2005-2009 y 2013-2017) junto a la CDU ha generado una caída creciente y sostenida de su caudal electoral, que está lejos de recuperarse. El SPD representa la paradoja de ser el único partido que podría haber disputado la cancillería a Merkel, pero que gobierna con ella, por lo que su papel de “oposición” está completamente desdibujado.

La “gran coalición” alemana es uno de los ejemplos más consumados del “extremo centro” en los regímenes europeos de las últimas décadas -en palabras de Tarik Ali-, donde la socialdemocracia se asumió como social-liberal de forma abierta, defendiendo junto a los conservadores los valores “europeístas”, “globalizadores” y neoliberales. Liderando en común las instituciones de la Unión Europea y gobernando juntos la principal potencia imperialista del continente, los conservadores y los socialdemócratas se fusionaron en carne y alma, a tal punto que era difícil distinguir entre uno y otro. El SPD pagó más caro el matrimonio por conveniencia, pero a Merkel también le emergió, por derecha, un partido que cuestiona su papel en esta alianza.

La otra opción de gobierno es una coalición de centro derecha junto con el partido liberal (FDP). Esta sería la preferida de Merkel, porque sería más fuerte para atacar al movimiento obrero y aplicar nuevos ajustes, pero más difícil de conseguir porque no llegan con los números. Si se sumaran los verdes se formaría la “coalición Jamaica” (negro, amarillo y verde, por los colores de los tres partidos), algo bastante poco probable, aunque no descartable del todo.

3.El avance de Alternativa por Alemania

Este partido de la extrema derecha, formado en 2013, obtuvo menos del 5% en las últimas elecciones generales, por lo que quedó fuera del Parlamento. Pero desde entonces su discurso xenófobo y antieuropeo, de rechazo a los partidos tradicionales, ha seguido creciendo. En el verano del 2015 (en plena crisis de los refugiados) llegó a rozar una intención de voto del 15%, y ahora las encuestas pronostican que superará el 10% de los votos, a punto de convertirse en el tercer partido más votado de Alemania. En las últimas elecciones regionales ya tuvo performances muy llamativas en varios Estados federales. Hace un año, llegó a superar al partido de Merkel en las elecciones de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, quedando en segundo lugar después del SPD.

El fenómeno del voto a AfD es complejo. Según varios analistas, su electorado es transversal, con votantes provenientes de casi todos los partidos, abstencionistas o primeros votantes, y geográficamente abarca tanto localidades del este como del oeste. Su electorado incluye sectores empobrecidos, pero también sectores medios y acomodados. Andreu Jerez, coautor del libro Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania, sostiene que votan a AfD “porque creen que es la única opción real de mantener lo conseguido. Esa es la base de la revolución hiperconservadora, ultranacionalista y de tintes xenófobos con la que AfD anhela llegar algún día al poder en Alemania.” Pero también es necesario señalar que el crecimiento del caudal electoral de la extrema derecha encuentra apoyo en el fracaso de la izquierda reformista de Die Linke para ofrecer una alternativa política real a sectores afectados por la crisis y el empeoramiento de sus condiciones de vida.

Con un discurso agresivo y provocador, AfD tiene similitudes con el fenómeno del ascenso de Trump y la extrema derecha en otras latitudes de Europa, instrumentalizando de forma reaccionaria la llegada masiva de refugiados y la sucesión de atentados reivindicados por el Estado islámico para polarizar sus posiciones xenófobas e islamófobas.

La situación de estabilidad económica, con un récord de exportaciones de la economía alemana en los últimos años y una caída de los indicadores de desempleo hasta llegar al 3,8%, sin dudas son la base para la continuidad de la “maquina Merkel” al mando de la principal potencia europea. Un “milagro” económico que sobrevivió a la crisis capitalista con más precarización laboral y volcando lo grueso de la crisis sobre los países del sur de Europa.

Las contradicciones políticas, sin embargo, no están ausentes, y el principal síntoma de “malestar” con el régimen político se muestra hoy en el hecho de que un partido de la extrema derecha ocupará escaños en el Bundestag por primera vez desde la posguerra. El panorama político internacional, más convulsivo desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, también prepara nuevas contradicciones para Merkel.








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