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Amor sí, Macri no; Scioli... tampoco

Miércoles 4 de noviembre de 2015 | Edición del día

El pasado sábado, se realizó en Parque Centenario un encuentro convocado por medio de las redes sociales, con la consigna #Amor Si, Macri NO. Fue mucho menos un evento cultural que una jornada motivacional para poner a militar al progresismo: entre el amor y el miedo vale todo para “convencer a los convencidos de la necesidad de hacer campaña por Daniel”. Desde la izquierda decimos, Scioli... tampoco.

Impulsado por algunos trabajadores de la cultura y de los medios el encuentro proponía el rechazo a las políticas implementadas en la Ciudad por Mauricio Macri y sus proyectos a nivel nacional. Hubo algunos (pocos) espectáculos musicales, y participaron entre otros, Peteco Carabajal, Liliana Herrero, Ignacio Copani y Fena Della Maggiora.

La actividad comenzó luego de las tres de la tarde. Se leyó un documento que cuestionaba las políticas del PRO y, tal como declama el último spot de Scioli, remarcaron las posibles políticas que tomaría Macri y los retrocesos que habría en cuanto a los derechos conquistados.

En los últimos días la estrategia del miedo desplegada por el Frente para la Victoria viene calando profundo en un sector de las clases medias porteñas que teme que un futuro ajuste avance sobre la oferta cultural a la que fue acostumbrada durante la década ganada.

“El oficialismo busca instalar que hay una opción aún más de derecha que Scioli, Berni, Granados & compañía: que Macri es como la dictadura.” Fogoneado por esta idea, un sector del progresismo que no se había decidido a dar su apoyo activo a Daniel Scioli el pasado 25 de octubre, sale finalmente a la palestra de la lucha electoral.

El problema radica en que si bien el temor al retroceso cultural está absolutamente fundamentado, se pierde de vista el hecho de que el ajuste y los recortes vendrán de la mano de uno o de otro. “Unos y otros preparan ataques contra los trabajadores. Encontrar en Scioli el “mal menor” nos desarma ante los acontecimientos por venir.

Quizás el progresismo que en algún momento en esta últimas semanas intuyó que sí, que si el modelo era el candidato, se estaba en presencia del fin de algo, encuentra hoy en el “Macri, No” (como quien aplaude pidiendo bises aún sabiendo que la fiesta ya terminó) la posibilidad de respirar profundo (como si fuera la última vez) y volver a vivir (de) la mística del relato y de las batallas culturales.

La misma consigna de convocatoria muestra la pobreza de la propuesta y la flaqueza de las convicciones (sin desmerecer, los hoy fervientes militantes de Scioli de la última hora, no lograron llegar al 25 con este nivel de auto-entusiasmo). Es evidente que lo que flaquea es el motivo para decir abiertamente "Votá a Scioli", y que detrás de cada árbol acecha la realidad de que están llamando a (respirar profundo, sí) y tragarse un sapo (una vez más). Sólo una negativa a Macri y la amenaza de volver a los noventa puede atraer algún voto.

Mientras, entre tanto “amor, sí”..., si te descuidás, el perfume a mirra te atonta y sin darte cuenta también te estabas comiendo una ostia. Porque, mal que le pese al activismo de la diversidad sexual que se sumó a impulsar la movida, “el futuro escenario del balotaje dejó en claro que, sea quien sea presidente, será un fiel aliado del papa Francisco, el mismo que hace tan solo unas semanas sentenciaba a la homosexualidad como un modo de vida irresponsable y anormal”, y a días de la próxima marcha del orgullo, esto supone también una reflexión para el movimiento LGTBI. Merecería una nota aparte abordar otros aspectos “culturales” estructurales ligados a la fidelidad prometida por ambos candidatos al Vaticano como podría ser la no legalización del aborto (que se cobra -sí, recordémoslo una vez más- la vida de 300 mujeres al año en Argentina), el abultado subsidio a las escuelas católicas en detrimento del presupuesto asignado a las escuelas públicas y un lamentablemente extenso etcétera.


((Instructivo para realizar una autoconvocatoria "espontánea"))

“Les quiero agradecer a todos los que se fueron autoconvocando este fin de semana. Hay mucha gente preocupada por las viejas ideas del pasado que no tienen que volver, y sí, salen a comprometerse más allá de nuestro espacio político". Con estas palabras cerraba el lunes Daniel Scioli el programa Telenoche. Menudo reconocimiento.

Entre tanto miedo y tanto miedo lo que se desdibuja son los puntos por los cuales se unen ambos proyectos. Si el macrismo es la derecha, el sciolismo también lo es. Amarillo o naranja, ambos van a aplicar el ajuste sobre los trabajadores y el pueblo. Y son ambos los que deberían explicar por qué durante estos años si tienen proyectos tan antagónicos co-gobernaron en CABA... y reprimieron conjuntamente todas las veces que hizo falta.
El voto en blanco es la primera expresión de rechazo del ajuste y la única que nos prepara para lo que se viene.






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