Política

DEMOCRACIA PARA RICOS

¿Amnesia o hipocresía? Cristina Fernández de Kirchner y los presos políticos

En un texto que difundió por redes sociales la expresidente dijo que es la primera vez en 33 años que en Navidad hay personas detenidas por razones políticas. Aquí un recorrido que desmiente esa falacia.

Daniel Satur

@saturnetroc

Jueves 29 de diciembre de 2016 | Edición del día

Fotografía: tiempofederal

En un texto difundido el martes por Facebook, titulado “Postales para el fin de año”, la expresidente Cristina Fernández de Kirchner se despachó con algunas definiciones sobre la situación nacional. En el tercer párrafo dice textualmente que en 2016 “en Argentina pasamos la primera Navidad con presos políticos desde el inicio de la democracia…”.

Una aberración histórica y un insulto a miles de víctimas y familiares de víctimas de la persecusión estatal que, en diferentes momentos desde hace más de tres décadas, sufrieron procesamientos, cárcel y hasta torturas por parte de los gobiernos nacionales y provinciales de todo signo.

¿Todo preso es político?

Cristina no especificó en su misiva qué es para ella un “preso político”. Pero a juzgar por el momento en el que lo escribe, evidentemente habla de Milagro Sala, la dirigente jujeña que está detenida desde el 16 de enero por conducir una protesta social y hoy es símbolo (junto a otros, como el espionaje al Frente de Izquierda y los aprietes violentos en las cárceles provinciales) del nivel represivo del gobierno de Gerardo Morales.

No caben dudas de que Sala es una presa política. De hecho su libertad es solicitada hasta por organismos como la ONU y la OEA, que no podrían ser catalogados precisamente de izquierdistas o “progres”. Pero considerar que la líder de la Tupac Amaru es la primera perseguida política que pasó la Navidad tras las rejas desde 1983 es, cuanto menos, una provocación. Sobre todo, cuando quien escribe tamaña afirmación fue parte en las últimas dos décadas de diversos gobiernos peronistas e incluso ocupó el máximo cargo ejecutivo durante ocho años. Nada es inocente, menos viniendo de CFK.

La expresidente sabe muy bien que tanto en los años 80, como en los 90 y también en este siglo hubo muchas personas encarceladas por protagonizar luchas sociales, por ser dirigentes sindicales y políticos y por oponerse a los gobiernos de turno.

En otra nota de esta edición se detallan algunos de los casos más emblemáticos de la historia reciente argentina. Desde los presos que el alfonsinismo “recibió” y mantuvo durante de la dictadura, hasta los petroleros de Las Heras (Santa Cruz), condenados a perpetua durante el kirchnerismo y a quienes el gran Osvaldo Bayer comparó nada menos que con Sacco y Vanzetti. Desde los detenidos de La Tablada hasta la misma Milagro Sala, pasando por los patagónicos Panario, Christiansen y Martínez, por Raúl Castells y los pescadores de Bahía Blanca.

Dirigentes obreros, luchadores sociales, referentes de movimientos de desocupados, estudiantes y ambientalistas. Una larga lista de personas criminalizadas por el poder económico y político se fue engrosando desde 1983 a la fecha. Y no pocos pasaron más de una Navidad tras las rejas.

Sin embargo, según Cristina pareciera que recién desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada hay persecusión política y criminalización de la protesta. Si la expresidente está dispuesta a tergiversar la historia reciente hasta ese punto ¿a quién busca convencer? A quienes tienen un poco de memoria, evidentemente no.

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Asociaciones ilícitas

La pregunta se impone: ¿qué es un preso político para Cristina Fernández de Kirchner? En el texto publicado en Facebook el último martes, sobre el final de su relato afirma que “la asociación ilícita fue la figura penal creada por los gobiernos de facto y utilizada por todas las dictaduras para perseguir dirigentes opositores”. Se podrían agregar otras, como la “coacción agravada”, la “instigación a la violencia” y la “resistencia a la autoridad”. Y también el nefasto artículo 194 del Código Penal, instaurado por la dictadura de Onganía en 1968 y aún vigente.

Pero Cristina debería hacerse cargo de que ella y su esposo hicieron exactamente el mismo uso que todos los gobiernos de esa artillería legal para perseguir y criminalizar a luchadoras y luchadores obreros y populares.

Ninguna de esas figuras ni artículos fueron derogados ni eliminados hasta hoy. Y el kirchnerismo gobernó (incluso con mayorías parlamentarias) durante doce años. Peor aún, en 2007 Néstor Kirchner hizo votar en el Congreso, a pedido de Estados Unidos, la Ley Antiterrorista que multiplica las penas si un juez o fiscal considera que alguien cometió un delito “con la finalidad de aterrorizar a la población u obligar a las autoridades públicas nacionales o gobiernos extranjeros o agentes de una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo”.

Miles de personas en este país continúan procesadas por delitos ligados a la protesta social. Cientos pasaron por las cárceles a lo largo de todas estas décadas, condenadas por luchar o por crímenes que no cometieron. La lista que se publica en otra nota de esta edición es sólo un muestrario urgente que busca desmentir la falacia de la expresidente. Pero es mucho más larga y pesada e incluye a militantes que, pese al olvido de CFK, hasta se consideraron kirchneristas.

Sin dudas que desde enero en esa lista se incluye a Milagro Sala. Pero antes, durante y después de la Navidad que pasó, desde 1983 hasta hoy son miles y miles los que gritan “libertad, libertad, a los presos por luchar”. Sin olvido. Ni perdón.








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