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American Horror Story: feminismo, culto y política

La última entrega de la saga de Ryan Murphy empieza la noche en que Trump se convirtió en el presidente de Estados Unidos. Miedos sociales, política y sectas. ¿Lucha de sexos por el poder? (Spoilers)

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Sábado 2 de diciembre | Edición del día

En la séptima temporada de su saga American Horror Story, Ryan Murphy decidió echar mucha sal en la herida que divide la sociedad estadounidense y se metió con la polarización en la era Trump. Como en sus entregas anteriores, el terror y el morbo se mezclan con temas sociales, especialmente en la última temporada “Roanoke” donde Ryan ya había puesto a la realidad en el centro del terror con su thriller pasado de adrenalina que mezclaba la historia de un reality show con la de “La carnicera”.

En “Cult” (culto), la historia se sitúa en ambas puntas de la polarización política que pudimos ver en vivo y en directo en la elección presidencial de Estados Unidos. La primera escena ilustra un país dividido esa noche de noviembre de 2016. Llantos en los hogares liberales de la clase media, con familias diversas y parejas multiétnicas, y festejos en los sótanos de los que sintieron que Trump les devolvería su oportunidad de recuperar lo perdido por la globalización y la sociedad moderna.

Tráiler de American Horror Story: Cult

Fobias, cultos y miedos sociales

En una de las dos puntas del país dividido está Kai (Evan Peters), interpelado y arengado por el “Make America Great Again” (Hagamos a Estados Unidos grande otra vez) que desata en él una “misión” para salvar a su comunidad de la decadencia social que representan para él la diversidad cultural, étnica y la progresía liberal. En la otra punta está Ally (Sarah Paulson) asediada por las fobias que encuentran un nuevo pico desde la noche de la elección. Ally y Kai viven en el mismo suburbio de Michigan (Estados Unidos), donde se desata una serie de asesinatos que siembran el miedo en las dosis necesarias para postular a nuevo concejal fuerte, con política securitaria y conservadora y un discurso homófobo, xenófobo y misógino.

Con esta premisa, vemos el nacimiento, apogeo y caída del culto que construye Kai, mezcla de fe, miedo y política, en consonancia con los tiempos de populismo de derecha y bancarrota de lo que Nancy Fraser llamó acertadamente “neoliberalismo progresista”. Y en ese derrotero, vemos cómo el mundo multicultural y políticamente correcto de Ally, su esposa Ivy y su pequeño hijo Ozzy, empieza a desmoronarse cuando no es posible resistir al terror de Kai y sus seguidores. Y en ese desmoronamiento aparecen todo tipo de salidas desesperadas.

Con altibajos, Ryan dedica varios episodios a recrear momentos históricos de conocidos cultos y sectas en Estados Unidos, con la intención de establecer una identidad entre las ambiciones mesiánicas de los líderes religiosos, culturales o políticos y el perfil del multimillonario que llegó a la Casa Blanca. Aunque el mensaje no es necesariamente directo, la lectura de cada líder es una invitación a pensar en esas relaciones. Así pasan desde Charles Manson, David Koresh y Jim Jones, entre otros.

Una elección muy sugerente (y en sintonía con un espíritu de época que envuelve el enorme movimiento social contra la violencia machista y la desigualdad de género) es la de Valerie Solanas. La joven escritora, que saltó a la fama por atentar contra el artista Andy Warhol, es una excusa para introducir la pregunta que hicieron las feministas radicales y hoy (no necesariamente con la misma ideología ni el escenario revulsivo de los años ‘60 y ‘70) es retomada por sectores del feminismo, ¿la lucha es contra el patriarcado (y sus socios) o contra los hombres?

Spolier: ¿El futuro será feminista?

En la serie, la historia de Valerie y su Manifiesto SCUM (un esbozo de teoría homóloga a la de la envidia del falo de Freud, pero a la inversa) avanzan en paralelo con la lucha interna que desata dentro del “culto”. Cuando empiezan las discusiones y comienza a estar en duda la autoridad del líder, es la presencia de las mujeres lo que disloca el orden (sea por la misoginia de Kai o por las alianzas entre las “ciudadanas de segunda” del grupo).

Aunque varios capítulos ahondan demasiado en los orígenes del culto y quizás sobran detalles y explicaciones, el último capítulo devuelve la serie al ritmo del comienzo, donde sobresale el terror que vive a la vuelta de la esquina y los guiños a la realidad. Luego de haber superado los peores momentos, Ally decide tomar la solución de los problemas en sus manos. En un claro diálogo con la crisis del bipartidismo de Estados Unidos, contra los partidos Republicano y Demócrata que no son más que sectas para millones, Ally se presenta como candidata independiente con un perfil feminista liberal casi idéntico al de Hillary Clinton (la candidata demócrata en 2016 que perdió la elección con Trump).

Ryan nos presenta una Ally vestida con el mismo traje que usó Clinton en su primer debate presidencial con Donald Trump, para enfrentar un nuevo encuentro con Kai. Sus gestos y hasta la frase “Nasty woman” (en alusión a la expresión que usó Trump en un debate para referirse a Clinton como una “mujer desagradable”, que se transformó en símbolo del rechazo de las mujeres contra Trump y su perfil misógino) son el sello Hillary. En la escena, quizás lo más interesante es lo que dice Kai en el pico de tensión, cuando nuestro líder caído en desgracia expresa su odio genuino sin filtros, mostrando verdaderamente la raíz de su misoginia: “No sos una heroína, sos un símbolo. Simbolizás la esperanza de que las mujeres un día les ganarán la discusión a sus maridos, que no les gritarán cosas por la calle, que sus jefes no hablarán más de sus tetas, que podrán ganar lo mismo que los hombres, que la lucha se puede ganar”.

Pero no termina ahí, aunque el final parece casi el de un cuento de hadas de la República (la realidad se transforma en las instituciones y mediante el voto), en la promesa de Ally a su hijo de que cambiará el mundo junto a un grupo de mujeres, nos hace sospechar que la candidatura podría no ser más que una pantalla detrás de la que se desatará la verdadera pelea por el poder. ¿Una batalla entre sexos? ¿Una batalla entre los poderosos y los oprimidos? El público puede elegir la respuesta fácil, la trillada, la escéptica o simplemente entregarse a las preguntas incómodas que siempre son las más interesantes.

Bonus: volveré y seré Lana Winters

El último capítulo también sirve para enviar a las seguidoras y seguidores de American Horror Story un guiño sobre una de las heroínas de la saga, la intrépida y sufrida periodista que enfrenta todo tipo de vejámenes y humillaciones, para vengarse más tarde en una de las temporadas más recordadas, “Asylum”. Lana Winters (interpretada por Sarah Paulson) ya había hecho su aparición en “Roanoke” ya madura, décadas más tarde de su salto a la fama con su libro Maniac, que contaba su paso por el psiquiátrico de la aterradora Hermana Jude (Jessica Lange). En “Cult” vuelve a aparecer, esta vez solo como un nombre, para abonar la promesa de Ryan de que Lana volverá por su consagración última.








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