Política

LIBERTADES DEMOCRÁTICAS

Amenazas y encubrimiento policial en Hurlingham

A pocas horas del asesinato de Iago Avalos a manos de un policía en la localidad de Hurlingham, la familia denuncia amenazas por parte de integrantes de la fuerza distrital.

Miércoles 17 de mayo | 10:28

La muerte de Iago Avalos en Hurlingham -más precisamente en la esquina de Cura Navarro y República de Siria en Villa Tesei- es un caso de gatillo fácil, donde el Subcomisario José Pérez Buscarolo cambió la vida de un joven por un accesorio para autos.

Luego de producido el aberrante hecho, en una entrevista radial, la hermana de la víctima, Irina Avalos, denunció no sólo el brutal asesinato a sangre fría de su hermano, sino también la complicidad policial con el hecho. Relató que la institución actuó a favor del policía detenido y, como agravante, el joven que acompañaba a Iago al momento de su asesinato, recibió amedrentamientos y amenazas.

Irina cuenta que José Perez Buscarolo se negó a llevar a Iago al Hospital Posadas dejándolo desangrar y que luego mintió en sus declaraciones. Él afirmaba que ambos eran menores, pero el amigo tiene 19 años. Dijo que estaban armados, pero no hallaron ningún tipo de armas. También afirmó que disparó sólo dos balas al aire, cuando encontraron varios casquillos pero sólo dentro del auto del oficial. Luego declaró que sólo disparó a las ruedas. Pero el disparo al joven que se encontraba dentro del auto impacto de lleno en el tórax.

Luego de que Nicolás, amigo y acompañante de Iago, quedara detenido, fue amenazado en la comisaria. En la misma se encargaron de humillarlo, como es habitual en los relatos de jóvenes de barrio que sufren detenciones. En este caso, la Policía se jactaba de lo que había hecho con su amigo y le decían que lo tenían que haber matado a él también, y que tenían ganas de golpearlo, además de atormentarlo psicológicamente poniéndole al frente de él la ropa de su amigo muerto.

Esta práctica es habitual y, por lo tanto, se halla bastante naturalizada en las fuerzas policiales. La misma recibe un aval además con el nombramiento de Rubén Perroni como jefe de la Bonaerense. Ese funcionario había sido detenido e imputado por torturas y apremios ilegales ocurridos en la Comisaría Novena de La Plata en el año 1992.

El modo de operación de la Policía para encubrirse y justificarse en los casos de gatillo fácil ya es conocida. La persecución a los jóvenes de escasos recursos es algo que se observa en toda la institución policial, no solo en algunos agentes.

Tanto los policías, como los integrantes de las demás fuerzas represivas se sienten libres no solo de asesinar a jóvenes, sino también de abusar y acosar a mujeres, como sucedió la semana pasada a una estudiante de la Universidad Nacional General Sarmiento por parte de integrantes del Colegio Militar.






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