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Alza preocupante de enfermedades respiratorias, las más altas de los últimos cinco años

Según la Subsecretaria de Redes Asistenciales, Gisela Alarcón, la última semana se registraron 155 mil atenciones de urgencia por virus respiratorios a nivel nacional. Esto mantiene el alza comparativa con años anteriores y es la más precoz de los últimos 5 años.

Raúl Gómez

Trabajador AP de Salud

Lunes 5 de junio | 09:45

Hace cuatro años que la cantidad de Enfermedades Tipo Influenza (ETI, que incluye a pacientes con fiebre mayor o igual a 38.5°C y tos, asociado a dolores de cabeza intenso, musculares, de garganta) no registraba cifras mayores al promedio de la curva epidemiológica. Así, el departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud (MINSAL), declara como notificadas 13,2 de estos eventos de gripe por cada 100.000 habitantes.

En el mismo tenor, las atenciones por urgencias hospitalarias por ETI aumentan, sobrepasando las mismas para el período 2012 - 2016 y donde ya se registran 155 mil, cuestión que alarma a las autoridades y debe poner en resguardo a la población, si además consideramos que para mediados de junio del 2016 se alcanzó el primer peak de 160.00 atenciones.

Es decir decir, es probable que este invierno los contagios y atenciones de urgencia supere las tasas que se vienen registrando en años anteriores. Esto toma relevancia también si consideramos que en las últimas dos semanas las consultas de urgencia por influenza aumentaron al doble (de 1.732 a 3.480).

Desde la cartera de salud se enfrentan estas contingencias con un monto que alcanza los $11.000 millones de pesos adicionales en el presupuesto de Salud destinado para el desarrollo de la campaña de invierno 2017, 5.500 para la Atención Primaria y la otra mitad para Hospitales y centros de mayor complejidad. Por otra parte, está la campaña de vacunación contra la Influenza (formas mortales del virus) cuyo cumplimiento no se ha logrado y que debió extenderse hasta el 16 de junio.

La Salud determinada por la pobreza

Factores como la circulación de los virus, la inmunidad derivada de campañas de vacunación, aumentos adicionales en el presupuesto, etc., son insuficientes para entregar salud de calidad y segura a nuestra población; pues los determinantes socioeconómicos de la salud aún siguen siendo una tarea pendiente.

Basta con considerar la calidad de la vivienda, el hacinamiento y humedad que padecen en estas épocas muchas de las familias de trabajadores del país, haciendo que la recurrencia y gravedad de la enfermedades respiratorias sean mayores.

Aquí es cuando la inyección coyuntural de dineros no basta: salen a flote la carencia de derechos que padece la población más empobrecida de la clase trabajadora cuyo acceso al sistema rebasa la capacidad de los establecimientos públicos y se desenmascara que la estrategia de prevención que debiera aplicarse en la atención primaria está por lejos de las declaraciones de organismos sanitarios mundiales y locales como el MINSAL.

Sumémosle a esto el crédito que los sectores privados sacan de las deficiencias mencionadas, ya que ante la carencia de camas para enfermedades respiratorias graves a la que se enfrenta el sistema público cada año, existe un proveedor privado (Clínicas) que las ofrece a costos muy superiores a los que se manejan en los hospitales públicos y que deben ser financiadas con recursos asegurados, por ejemplo, por el Plan AUGE cuyos fondos derivan de FONASA.

Finalmente, el resultado es mayores excedentes para los privados y mayor endeudamiento para los públicos. Problema de gran relevancia que se refleja en una deuda hospitalaria de más de $231.000 millones y una lista de espera de más de un millón y medio de personas.

Cerrando el círculo, entendemos que no es posible mejorar la calidad de la salud poblacional sin una refundación de nuestro sistema sanitario donde los recursos puedan administrarse según la necesidad de todos y todas y no determinadas por las cifras o precios que imponga el mercado de la salud.

Para lograr esto debemos fortalecer la idea de que un Sistema Único y Público de Salud financiado con los recursos naturales como el del cobre y administrado por la misma población trabajadora del país es un inicio, al menos, que avanzaría en poder controlar los brotes invernales que son un PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA, pero que no ha de lograrse si no conquistamos la salud como un derecho social, universal y de calidad que sea eficientemente gestionado por los y las trabajadoras competentes del país.

De otra forma seguiremos presenciando, como dijera el escritor Pedro Lemebel "la mentira sonriente de los discursos parlamentarios, la euforia bocona de la equidad en el gasto del presupuesto" y donde este invierno, una vez más, al "jaguar victorioso se le moja la cola, y todos podemos ver su reverso de quiltro empapado, de pájaro moquiento y agripado, como las guaguas de la inundación, que tan chicas, tan débiles, ya aprenden su primera lección de clase, su primera escuela de faltas, tiritando húmedas en los pañales." (La Inundación, P. Lemebel)






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