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CERRO PORTEÑO 1 – BOCA JRS 4

Aló Comandante

De la mano de un renovado Chávez, Boca se trajo un gran triunfo de Paraguay. Dos goles y dos asistencias del delantero para meterse en la semifinal de la Sudamericana con un 4 a 1.

Lionel Pasteloff

@queenlionel

Viernes 7 de noviembre de 2014 | Edición del día

El duelo prometía: cancha llena, roce, calor, fricción y equipos con historia. Como en la ida, olía a Copa Libertadores. Ni siquiera faltaron las bombas de estruendo en la concentración del equipo visitante, casi un ritual de esa competición

De entrada tuvieron una cada uno, pero golpeó Boca. Chávez confirmó su evolución y, tras partir en posición dudosa, asistió a Calleri para el 1-0. No hubo tiempo para medir la situación. Se abría el partido a los 9 minutos.

Desde ahí los de Arruabarrena mostraron dominio y despliegue. Meli y Gago eran patrones y Cerro estaba al borde del nocaut. Pero como viene ocurriendo, tuvo un lapsus y dejó revivir al local. A los 27 el español Güiza puso el 1-1 anticipando y le abrió una puerta a la ilusión paraguaya.

Lo que quedó del primer tiempo se vio a un Boca cansado y esperando el descanso. Cerro lo sometió más a base de ritmo que de fútbol. Chávez se ahogó y no pudo colaborar con Colazo, lo cual resintió el retroceso. El entretiempo fue un alivio.

En el complemento Cerro intentó mantener la intensidad, pero el visitante estaba mejor plantado y ya no sufría tanto. Ninguno de los dos podía imponerse, pero el negocio era para el xeneize.

Todo cambió a partir de la desesperación de Cerro y los espacios que aparecieron: Gago se mandó una corrida y habilitó a Chávez, que a los 22 puso el 2-1, dando alivio.

Con la serie prácticamente liquidada, el local se jugó lo que le quedaba y fue para adelante. Sin ideas ni peligro, avanzó. Como ocurre en estos casos, lo único que logró fue facilitarle el trabajo al rival. Y así Boca cristalizó su tercer gol. Contraataque, Chávez habilitó a Gigliotti, y el centrodelantero, goleador de la ida, marcó tras esquivar al arquero.

A partir de ahí, Cerro se deshizo en quejas absurdas. Reclamó a Orión que se bancara piedrazos con tal de seguir jugando y tiró pelotazos sin sentido. Boca administraba fuerzas pero las usaba para pegar donde dolía. Fuenzalida metió un gran pase para Chávez, quien picó en diagonal y quedó mano a mano contra Barreto, donde otra vez no falló. 4 a 1 y delirio.

Ahí definitivamente se murió lo que quedaba de partido y Arruabarrena trató de no perder soldados de cara a la siguiente instancia. Pasó una serie de esas con aroma épico, por el resultado y por la consolidación de un nuevo ídolo. Aló Comandante.







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