Cultura

ARTE COMPROMETIDO

Algunas experiencias artísticas, políticas y sociales en las décadas del ’60 y ’70 en Argentina y sus perspectivas actuales

Desarrollamos a continuación algunos apuntes sobre la idea del compromiso social por parte de algunos artistas y grupos artísticos de vanguardia de las décadas más vertiginosas del siglo XX en Argentina y Mendoza, para llevar sus experiencias estéticas al plano político y social para repensar la ubicación actual del arte sobre la pandemia y las crisis que nos acechan.

Sábado 22 de agosto | 13:18

 “A los universitarios, intelectuales, artistas, cuya ubicación no es dudosa frente a un gobierno elegido por nadie que ha intervenido las universidades, quemado libros, aniquilado la cinematografía nacional, censurado el teatro, entorpecido el arte. Les recordamos: el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.”

Mensaje de la CGT de los Argentinos a los trabajadores y al pueblo, 1 de Mayo de 1968.

A pesar de que han sido muchas las voces que se han alzado para declarar que el arte es una actividad esencial en el contexto de la pandemia mundial, hay un discurso recurrente en la actualidad que dice que el arte no debe mezclarse con la política. Pero, ¿qué significa esto? ¿Es que acaso los artistas deben contentarse con tratar de plasmar su realidad sin interpretarla críticamente? O, yendo más lejos aún, ¿es interpretar la realidad suficiente?

Remontarse a aquellos vertiginosos años, a fines de los ’60 y los ’70 puede ser complicado por la lejanía, pero es importante considerar las experiencias vividas en ese entonces por las vanguardias artísticas que comenzaron a desarrollarse. La guerra de Vietnam, la revolución cubana y otros procesos movieron los cimientos de la sociedad a nivel internacional, y la Argentina no fue la excepción. Trabajadores, estudiantes, artistas e intelectuales cuestionaban el orden, la sociedad de explotación, el papel de los grandes medios de comunicación. Se puso en el centro de la cuestión el rol de los diferentes sectores de la comunidad.

Verdaderos levantamientos populares como el Cordobazo en 1969 o el mismo Mendozazo de 1972 mostraron a trabajadores organizados en unidad con el movimiento estudiantil. Las corrientes artísticas no podían estar exentas de estos procesos. Nuevos paradigmas de pensamiento, la lucha por la sociedad nueva o el hombre nuevo dieron lugar a la búsqueda de la resignificación de las diversas disciplinas artísticas, tanto en sus contenidos como en sus formas. Se buscaba un arte crítico, comprometido.

La Revolución estaba en el aire. Sucede que la lucha de clases en su momento de tensión y explosión se vuelve palpable en todos los aspectos de la vida, inclusive y a veces con mayor anticipación en el arte, como pasó en el gran ascenso obrero y popular en los ’60 desde Vietnam hasta Córdoba y toda América Latina. Toda [una generación respiraba la revolución. La consigna no era conocer o representar, sino transformar al mundo a través del arte.

Tucumán arde

Un ejemplo de esto es lo sucedido en la provincia de los grandes ingenios: En 1968, Tucumán se encontraba, como muchas de las provincias del país, en una profunda crisis económica. El gobierno militar de Onganía llevó a cabo el “Operativo Tucumán”, una maniobra para salvar las ganancias de los grandes magnates azucareros que llevó al cierre de las pequeñas y medianas empresas y elevó la desocupación y la pobreza de los sectores populares.

Un grupo de artistas plásticos de vanguardia entendió la necesidad de un arte colectivo, realizado por fuera de las instituciones que hasta ahora les habían dado lugar y que se sirviera de los medios masivos de comunicación. Muchos de estos artistas, rosarinos y porteños, provenían del Instituto Di Tella, una academia de formación artística elitista y vanguardista, pero decidieron darle a sus producciones artísticas un contenido más político y social, ideológicamente inspirados por el
marxismo y los procesos revolucionarios de la época; y decidieron darle voz a los sucesos del tucumanazo.

Mediante una serie de conferencias de prensa y material de difusión los artistas demostraron su compromiso con el pueblo tucumano, denunciando las miserias del Operativo Tucumán y el gobierno militar. En estas conferencias plantearon la necesidad de actos artísticos y culturales para desenmascarar las contradicciones de la sociedad capitalista y denunciar la creación de una falsa y gratuita superestructura cultural. A esto le siguieron una serie de muestras en Rosario y Buenos Aires realizadas en las sedes de la CGTA, por donde pasaron miles de personas. Mediante el uso de diferentes materiales, se trabajaba con la idea de hacer al público parte de la obra, más que un mero observador pasivo: Bolsas de azúcar colgaban de las paredes y los nombres de los empresarios se encontraban escritos por doquier. Los ataques y la censura del aparato estatal impidieron que las muestras se trasladaran por el resto del país. A este movimiento de artistas
comprometidos se le conoció como “Tucumán arde”.

De este movimiento se destacan figuras como Graciela Carnevale, Eduardo Favario, Juan Pablo Renzi y Lía Maisonnave.

Hoy, Tucumán, que conttinúa siendo un feudo de los empresarios azucareros, con altos niveles de pobreza y desigualdad, es también el centro de la violencia policial, con el caso testigo de Luis Espinoza, quien fue asesinado por las fuerzas de seguridad de la provincia. La lucha de sus familiares y organismos de derechos humanos logró que el pedido de justicia trascendiera al ámbito nacional, y en esto también los artistas jugaron su rol, rescatando la perspectiva de los artistas que dieron luz al proceso de Tucumán Arde.

Mendoza derriba su mito

Durante mucho tiempo se ha instalado la idea de que Mendoza es una provincia conservadora, en un intento de borrar sus experiencias sociales, políticas y culturales, pero cuenta con expresiones indelebles, inquebrantables, que son parte de la tradición artística de esta provincia. Una de esas experiencias viene del profundo Valle de Uco, tierra curtida por les trabajadores agrícolas y su continua lucha por una vida digna tantas veces negada. Carlos Alonso representa con sus obras “todo el dramatismo de una década marcada a sangre y fuego”.
Nacido en Tunuyán en 1929, el artista retrata en sus obras múltiples aspectos de la sociedad sesentista y setentista. El caos, la represión, la crisis institucional y política que el país atravesaba. Todo esto, sin dejar de resaltar un un profundo afecto a la vida, a la libertad y al pueblo que lo acogió. Alonso fue un activo defensor de las libertades democráticas, y como muchos de los artistas que siguieron ese camino, la dictadura lo expulsó del país. Obligado al exilio, vivió en Europa hasta 1982, cuando volvió a la Argentina. Su hija mayor, Paloma, militante peronista, fue desaparecida en el ’77. Sus obras recorrieron el mundo, llegando a ser exhibidos algunos de sus dibujos en la lejana Unión Soviética.

También existió en la provincia un sector de vanguardia, compuesto por jóvenes estudiantes de la entonces Academia Nacional de Bellas Artes de la Uncuyo, que abrazaba la idea de un arte popular, ligado a la lucha contra el imperialismo y los sectores gobernantes. Inspirados en artistas como Alonso y guiados también por varios de sus profesores, entre los que destaca Julio Suárez Marzal 6 , tuvo en su principal referente a Raúl Capitani, quien incursionó en diferentes expresiones
y disciplinas como el cubismo y el muralismo, para volcarse definitivamente al grabado en 1967. A partir de entonces comenzó con sus series de grabados. “Tercer Mundo” fue la primera de ellas, iniciada en 1967 representa la vida, la lucha de los pueblos que buscan su independencia y son sistemáticamente oprimidos y exterminados. En esta serie aparece tematizada la guerra de Vietnam. Denuncia también en varias obras de esta serie el contraste entre las promesas proclamadas por los medios masivos de comunicación y las realidades de la gente común.

Durante la década del ’70 continuó con su experiencia artística, llegando sus obras a ser expuestas en varias galerías porteñas; todo esto combinado con una extensa actividad sindical como delegado de la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos. Su compromiso político y social, expresado en su arte y su actividad gremial lo llevó a ser perseguido por el gobierno y finalmente se exilió en España en 1978. Otros artistas relacionados a este movimiento en la provincia fueron Esteban Micak, Orlando Agüero y Aldo Vega.

Estos son algunos de los muchos casos en que artistas jugaron un rol activo en el compromiso con su pueblo. Son demostraciones de manifestaciones artísticas que fueron más allá de plasmar su realidad en sus lienzos. Demostraciones de que es posible (y más importante aún, necesario) que pintores, músicos, actores perfilen una posición por la defensa de los derechos humanos y las libertades democráticas.

Carlos Alonso, "Inauguración", mural de 6,30 x 2 metros

Cincuenta años después de las experiencias descritas, los diversos gobiernos democráticos que sucedieron lograron restaurar la credibilidad de las instituciones gobernantes. Eso no significa que el rol que aquí se discute sobre los artistas haya cambiado: En un período de reconstrucción del capitalismo, el cual renace de sus crisis, nuevas prácticas surgen constantemente haciendo necesario un movimiento colectivo organizado, en el que los artistas tomen parte. La defensa de los recursos naturales, la inmensa lucha de la juventud en todo el mundo contra la precarización
laboral que cada vez nos afecta más porque los empresarios no están dispuestos a ceder un ápice en su sed de ganar y ganar, la búsqueda de justicia para las víctimas del gatillo fácil y la violencia policial como Blas Correas en Córdoba, el mencionado Luis Espinoza en Tucumán, y Facundo Castro, quien aún es buscado con vida después de haber sido visto detenido por la bonarense hace más de 100 días; la pelea por un sistema de salud de calidad para dar atención a la epidemia del covid, la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito que ha sido una vez más postergado,
exigen compromiso de estudiantes, intelectuales y artistas.

Murales como los que Suárez Marzal propugnaba, intervenciones teatrales, muestras plásticas, miniseries, documentales, cortos. Diferentes materiales son ya utilizados por diversos colectivos artísticos como herramientas para, como planteó la CGTA aquel 1° de Mayo de 1968, formar parte de la historia viva de nuestra tierra.

Causas populares se inventan y reinventan; y con ellas, la certeza y la necesidad de generar un arte comprometido una vez más. Afortunadamente, muchos artistas y trabajadores de la cultura marcan el camino en el actual contexto: La convocatoria de artistas frente a la pandemia, el Festival por la aparición con vida de Facundo Castro, el Festival internacional por les trabajadores de LATAM que reclaman por sus puestos de trabajo, organizados por el Encuentro Nacional de Artistas y Trabajadores de la Cultura, son sólo algunos ejemplos.







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