Política

PANDEMIA AJUSTADORA

Alertas, vigilantes y unidos contra la clase trabajadora

Reducción de salarios. Acuerdo con los buitres y pagos de deuda externa. Un impuesto a los ricos que nunca será. Y subsidios al empresariado. Sí, todos alertas, vigilantes y unidos contra nosotras y nosotros.

Sábado 9 de mayo | 13:53

Creer que en unos meses la pandemia pasará, que todo volverá a la normalidad o a ser como antes, es un peligro no solo por la ingenuidad e irracionalidad de la idea, sino también porque con ella se esconde una situación pos COVID-19 que irremediablemente afectará, en un futuro no muy lejano, la vida diaria de las grandes mayorías en todo el planeta.

Es decir que, palabras más, palabras menos, luego del coronavirus, nada volverá a ser igual. Por un lado, porque aún está lejos de conocerse una salida sanitaria al virus (que hasta ahora ha causado más de 3,8 millones de contagios y más de 272.000 muertes a nivel global), ya que las ansias de ganancias de las clases dominantes capitalistas no solamente que desoyeron las advertencias científicas, sino que también se encargaron de desfinanciar en los últimos años todos los sistemas de salud en los diferentes países del mundo.

Y, por otro lado, porque la crisis de esta pandemia está golpeando de forma inédita a la economía mundial:

Estados Unidos, por ejemplo, tuvo una caída del 4,8 % de su Producto Bruto Interno (PBI) en el primer trimestre del año, tratándose de la mayor caída desde la Gran Recesión de 2008, y la desocupación tuvo un ascenso meteórico del 3,5 al 20 %; la economía de China, por su parte, se contrajo por primera vez en cuatro décadas y registró una caída del 6,8 % en lo que va del 2020, con quiebras de empresas y un desempleo cercano al 20 %; asimismo, Argentina tendrá un derrumbe anual del 7 % de su PBI, contando ya con más de 2,5 millones de personas afectadas por despidos, suspensiones y recortes salariales; y, como es de público conocimiento, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) elevó hace poco su proyección de pérdidas de fuentes laborales por la pandemia en hasta 305 millones de empleos solo en lo que será el segundo trimestre de este año.

Todos estos datos combinan una realidad que viene al galope (y que está afectando a millones de personas) con proyecciones interesadas que buscan instalar en la agenda mediática y política el miedo al desempleo, agitándolo y usándolo para avanzar con reformas laborales de derecho y de hecho, bajando salarios y precarizando aún más las condiciones de trabajo.

Es lo que estamos viendo en nuestro país con la Presidencia de Alberto Fernández. En los últimos días, por medio de un acuerdo entre el Gobierno nacional, la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Unión Industrial Argentina (UIA), se firmó bajar los sueldos de millones de trabajadoras y trabajadores, incluso a pesar de que con fondos públicos ya se está subsidiando a las empresas.

De hecho, el pasado lunes, desde la Casa Rosada se informó que van a seguir rescatando al empresariado, ahora con $27.000 millones del presupuesto nacional para abonar una parte de los salarios de 1.310.000 trabajadoras y trabajadores del sector privado durante el mes de mayo, confirmando un nuevo aporte a los empresarios que vienen (hace rato) siendo prioridad para la casta política gobernante, aún en medio de la crisis sanitaria, económica y social actual.

Encima, como si todo ello fuera poco, el funcionariado “nacional y popular” confirmó la semana pasada que, a pesar de la situación de emergencia reinante, no le subirán los impuestos ni a los bancos, ni a las privatizadas, ni a los terratenientes, ni a ninguno de los grandes grupos económicos que siguen haciendo ganancias millonarias.

Mientras amplios sectores de la sociedad argentina se hunden en la pobreza, el Gobierno nacional busca con dudoso éxito controlar la pandemia y encauzar la economía, ya que siguen faltando testeos masivos, elementos de protección sanitaria y mayor presupuesto para la salud pública; y la economía lleva años de estancamiento en el país, bajo las tempestades de un mundo en crisis, y su panorama es oscuro si se sigue pagando la deuda externa y no se afectan realmente los intereses de los grandes grupos económicos y las riquezas de quienes mayor fortuna concentran.

Las muertes por COVID-19, la unidad por arriba para garantizar un ataque desenfrenado contra la clase trabajadora, el aumento del desempleo, las reducciones salariales, la precariedad cada vez mayor del trabajo y el crecimiento de la pobreza e indigencia, no son un fenómeno natural inevitable: son el resultado de las políticas de los gobiernos capitalistas en todo el mundo.

Como contracara a ello, tanto en Argentina como en el resto del planeta, estamos viendo las primeras movilizaciones de protesta de trabajadoras y trabajadores que se ponen de pie, que no quieren naturalizar lo que está pasando y que no van a permitir que las consecuencias económicas y sociales de la pandemia caigan sobre sus espaldas.

Mientras los “dueños” del mundo y de nuestro país quieren hacernos pagar los platos rotos del coronavirus, se hace más urgente que nunca organizarnos para salir a enfrentarlos y, en ese camino, luchar por otra salida a la crisis actual, construyendo alternativas políticas socialistas de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud en todas partes.

La pandemia que nos azota demuestra, hoy más que nunca, que el capitalismo nos está llevando al desastre. Por eso mismo es necesario reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, donde nuestras vidas, nuestra salud, nuestro trabajo y el medio ambiente valgan más que las ganancias privadas y las riquezas de un puñado de capitalistas miserables.







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