Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

Alerta de Género en la CDMX: una salida impotente ante la violencia patriarcal

Organizaciones no gubernamentales iniciaron el trámite formal para pedir la implementación de la Alerta por Violencia de Género.

Yara Almonte

Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM

Miércoles 18 de octubre | 19:20

La Alerta por Violencia de Género da continuidad a la tipificación del feminicidio y otros delitos que tienen como agravante la condición de género en los casos de violencia. Contradictoriamente, aunque ya fue aprobada en 12 entidades del país, los últimos meses hemos vivido un aumento escandaloso de los casos de feminicidio y desaparición de mujeres como el de Mara Castillo o Victoria Salas.

La Secretaría de Gobernación aceptó la petición, acordando que de no cambiar el panorama de violencia en 6 meses, se implementará la declaratoria, que ha sido solicitada además 7 en entidades más y ya se encuentra aprobada en varios municipios del Edomex, Morelos. Michoacán, Chiapas, Nuevo León, Veracruz, Sinaloa, Colima, San Luis Potosí, Guerrero, Quintana Roo y Nayarit. Pero ¿es la Alerta de Género realmente una salida contra el feminicidio?

¿Qué es el feminicidio y cómo combatirlo?

El feminicidio es la máxima expresión de odio contra las mujeres por el simple hecho de serlo. El último eslabón de una larga cadena de oprobios, ataques y agresiones que atraviesan la la violencia psicológica, económica, verbal y física. Desde el acoso callejero al hostigamiento laboral. De la precarización del trabajo femenino al feminicidio. De la discriminación y lesbofobia a la criminalización del aborto.

Está basado en la idea de que las mujeres somos seres humanos inferiores, desechables y exclusivas para brindar placer y procrear. Esta idea, en el capitalismo, ha significado la apropiación de éste de los prejuicios milenarios patriarcales para redoblar el robo del trabajo y la riqueza que produce la clase trabajadora del campo y la ciudad.

Los últimos años en México se ha sumado a la explotación, la grave situación de descomposición social que significa ser el patio trasero del imperialismo, que impacta doblemente en las mujeres. La opresión de las mujeres y de la diversidad sexual se basa en un sistema de explotación de la gran mayoría de la humanidad.

La militarización del país, armada y financiada directamente por Estados Unidos para desplegar la “guerra contra el narcotráfico”ha generado las condiciones para que la violencia feminicida se imponga, desatando el fenómeno del juvenicidio y “nomalizando” las ejecuciones extrajudiciales tanto como la desaparición forzada. Desde que el ejército tomó las calles, el feminicidio ha crecido un 800%. En México, el feminicidio y la explotación laboral son dos caras de la misma moneda, así como el del patriarcado y el capitalismo.

La violencia que se condensa en hombres violentos, parejas posesivas, controladoras y celosas no es una expresión única de esos sujetos, ni un problema individual. Es la contracara dialéctica de condiciones socio-históricas que replican la violencia contra las mujeres a nivel estructural, y que se reproduce y legitima en el discurso sexista y misógino de los medios masivos de comunicación, con instituciones que garantizan la impunidad de los asesinos y de los empresarios, con una moral conservadora y con cuerpos represivos que defienden la gran propiedad de unos pocos.

El doble filo de la Alerta por Violencia de Género (AVG)

La Alerta de Género -según la SEGOB- es un mecanismo de protección de los derechos humanos de las mujeres exclusivo de México y establecido en la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV). Contempla una serie de acciones gubernamentales, protocolos y mecanismos jurídicos que buscan enfrentar y erradicar la violencia feminicida, así como la desigualdad que las mujeres sufren y es producida por la legislación o las políticas públicas.

Contrario a esta perspectiva, la AVG permite, mediante la confianza en las instituciones del Estado y la ambigüedad de sus atribuciones, el despliegue y coordinación de diversos niveles de cuerpos represivos en las calles con el objetivo de “proteger” la vida de las mujeres. Ni hablemos de las ingenuas peticiones de capacitación con perspectiva de género para los policías y militares, entrenados para torturar y reprimir, como demostraron en Atenco y Ayotzinapa, con absoluta indolencia con respecto a los derechos humanos de jóvenes y mujeres.

Además, permite al gobierno legitimarse por la vía de levantar la bandera de la violencia contra las mujeres que, si se ha instalado en la agenda nacional, ha sido más que por el cabildeo de sectores de un feminismo conservador (por ejemplo, el inspirado en Hillary Clinton), producto de la exigencia y movilización de miles de mujeres, activistas y organizaciones en todo el país, como expresó el repudio al feminicidio de Mara Castilla.

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Desde Pan y Rosas consideramos que ninguna ley que fortalezca la capacidad punitiva y represiva del Estado fortalecerá la lucha de las mujeres, pues terminará volteándose contra quienes atenten contra esa “paz social” de los empresarios y sus ganancias.

Para poder implementar políticas públicas y legislaciones que transformen sustancialmente las condiciones de vida y el ejercicio de derechos humanos de las grandes mayorías, es necesario que estén orientadas a atacar y disminuir los privilegios de los grandes capitalistas, implementando impuestos a las grandes fortunas, recortando sueldos de altos funcionarios y dejando de pagar la deuda externa para financiar la educación, salud, vivienda y trabajo digno.

Dado que el feminicidio y la violencia contra las mujeres son una parte estructural de este sistema de explotación y opresión, la clave para enfrentarlo es poner en pie un amplio movimiento de mujeres que no tenga ningún vínculo con los empresarios y los partidos que gobiernan a su servicio. Un movimiento que tome como bandera la consigna “Si tocan a una, nos organizamos miles”.

Sólo con la organización y movilización de quienes ya no soportamos la violencia ni la explotación, en primer lugar las y los millones de trabajadores, los sindicatos democráticos y opositores, las organizaciones populares, de izquierda, feministas y de derechos humanos podremos poner nuevamente al gobierno contra las cuerdas para conquistar nuestras demandas.

Por eso te invitamos a impulsar con nosotras Pan y Rosas, una agrupación internacional de mujeres anticapitalistas, socialistas y revolucionarias que luche en centros de trabajo y estudio para que seamos miles quienes levantemos la bandera de la lucha por los derechos de las mujeres con la perspectiva de la emancipación del conjunto de la humanidad.






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