Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

Aguer: oscurantismo medieval del siglo XXI

Entrando en el 2017, en plena expresión del #NiUnaMenos y de la lucha del activismo LGTBIQ, Aguer volvió a manifestar las posiciones oscurantistas y medievales que la Iglesia ha sostenido a lo largo de su historia.

Florencia Beveraggi

Docente de SUTEBA La Plata.

Miércoles 4 de enero | Edición del día

No es que las palabras del monseñor platense puedan ya sorprender a alguien. Todavía siguen resonando en la cabeza de muchos sus declaraciones sobre la “cultura fornicaria”, o sobre la masturbación como una conducta “animaloide”. Sin embargo, lejos de acostumbrarnos, sus palabras no pueden dejar de despertar el más absoluto repudio.

En una entrevista realizada en el programa de radio “No se puede vivir del amor”, conducido por el periodista Franco Torchia, el fiel servidor y militante católico monseñor Aguer, opinó sobre los femicidios, el aborto, la pedofilia y la homosexualidad y afirmó entre otras cosas que los abusos sexuales a menores y los asesinatos de mujeres por el solo hecho de serlo, "son culpa del divorcio".

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Cabe recordar las denuncias recientes contra los curas Nicolás Corradi y Horacio Corbacho en la provincia de Mendoza, que puede seguirse desde la cobertura de este diario y que pone de manifiesto cuál es la respuesta sistemática con que el poder eclesiástico y estatal ha tenido ante este tipo de aberraciones, perpetradas con la complicidad de la jerarquía de la Iglesia, de la que el propio Aguer es parte, y silenciadas con la impunidad que rodea cada caso.

Durante la entrevista mencionada,el religioso hace un intento nada inocente de patear la pelota para otro lado, diciendo que “la mayor parte de los abusos sexuales a niños se dan en el ámbito familiar” y que “principalmente son los padrastros, las parejas de las mujeres, aunque a veces también son los propios padres” quienes perpetúan tales hechos. Ni una palabra sobre los hechos que implican directamente a diversos integrantes de la Iglesia con la pederastía y los abusos. Como si fuera poco, allí también agrega que “todo eso tiene que ver con la disolución del vínculo familiar que estaba fundado en el matrimonio indisoluble”. Con estas palabras, Aguer no sólo carga contra el divorcio, derecho por el cual las mujeres han dado enormes peleas desde que existe el matrimonio -y contra el cual la iglesia ha sido siempre su acérrimo enemigo-, sino que hace un intento por deslindarse de la pesada historia de abusos a menores con que carga la iglesia católica.

Ni los abusos perpetrados en Mendoza, ni los que se destaparon a la luz de otras tantas denuncias, tienen que ver con la disolución del matrimonio, sin embargo obviamente no fue allí donde el religioso eligió apuntar para hablar del abuso a menores. Incluso al momento de especificar sobre el caso del Instituto Próvolo, una vez más optó por expresar su supuesto desconocimiento.

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Continuando en la misma línea sobre la concepción ultraconsevadora del matrimonio, que hoy está en la voz de Héctor Aguer pero que es la concepción y mandato de la institución de la Iglesia, Aguer habla de la “racha de los nuevos femicidios” y afirma que estos también tienen “que ver con la desaparición del matrimonio. El matrimonio dignificaba a la mujer, la ponía en un lugar de igualdad con el hombre. Antes no había violencia en el grado en que la vemos hoy”.

Por supuesto que este señor, perteneciente a la casta eclesiástica, cuyos funcionarios cobran por ley entre un 70 y un 80 por ciento de lo que cobra un juez de primera instancia, no tiene intenciones de reparar en lo que significa para las miles de mujeres que hoy se animan a radicar una denuncia o que comienzan a ver la posibilidad de organizarse con otras mujeres contra la violencia de género, el fenómeno masivo y espontáneo que representa el grito de #NiUnaMenos.

Por supuesto que este señor no le va a dar el valor concreto que tienen miles y miles de mujeres en las calles que empiezan a tomar en sus manos la perspectiva de pelear, no sólo para no morir sino también para conquistar todas sus libertades. Para no morir en manos de una pareja que no acepta que su compañera no es su objeto de pertenencia, incluso por querer pedir el divorcio. Para no morir en prácticas clandestinas de abortos insalubres. Para no morir luego de haber estado secuestrada en alguna red de trata de personas. Para no morir por aborto clandestino. Para poder elegir sobre su propia vida.

Evidentemente, este señor elije conscientemente la palabra “racha” para referirse a todas estas situaciones contra las que el movimiento de mujeres se viene levantando, protagonizando un fenómeno de características históricas. No es racha, monseñor Aguer. Son años de mandato misógino y patriarcal que pesan sobre las mujeres y que dejan el saldo brutal de una mujer muerta cada 28 hs por femicidio, mientras la propia iglesia es la primera en bendecirlo con las palabras de Aguer.

Bajo este tipo de argumentos, es que esta institución del Medioevo logró incidir en el Estado y colocó en el artículo 19 del nuevo Código Penal, sancionado en 2014, bajo el gobierno de Cristina Kirchner, el concepto de que la vida humana comienza en el momento de la concepción, dando por tierra el enorme avance que las mujeres venían ganando con su movilización en las calles en la pelea por la legalización del aborto.

Nos quedan varias conclusiones que podríamos sacar y que también arrojan datos duros de la realidad. 70.000 mujeres en el último Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario, decenas de miles de personas en las calles el último 19 de octubre, miles de manifestantes en la última movilización del Orgullo LGTBIQ, ponen de manifiesto que estas ideas vetustas, siempre sostenidas y amparadas por las instituciones del estado, se combaten en las calles con la organización independiente de todos estos sectores que es la única forma de imponer y arrancar nuestros derechos.








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