La Caja Roja

CREAR O ESTALLAR \\ FOTOGRAFÍA

Aguas De Mujeres

Clara Liz

Enfoque Rojo / PTS

Viernes 29 de mayo de 2015 | 00:30

  • La concha del pato.
    Fotos: Clara Liz// Enfoque Rojo
  • La pobre pata.
  • Manos adentro.
  • No se lavan culpas.
  • Saliendo de mi útero.

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Me metí en la bañera y pensaba en el perdón, cuando las mujeres perdonan lo imperdonable. Recordé a mi mamá y mi abuela yendo a la iglesia, yo apenas podía verlas a la cintura.
Había mucha agua y hablaban de lavar las culpas y los pecados, y dije claro, "siempre tenemos la culpa". Mirando mi cuerpo en batalla por dejar de lado el cerco que se disputaba con el salto feroz de mis pensamientos, dije: "Acá no se lavan culpas" y eso no quiere decir que no las entienda, que no las quiera, pero sí, quiere decir que por ellas y otras, hay que dejar en claro que nosotras no tenemos la culpa.
Pensaba en que años posteriores apenas ya podía ver por encima de la mesa y odiaba que mi padrastro hablara violentamente, porque su autoridad de hombre cabeza de familia le daba ese privilegio, aunque no podía garantizar ni una rama de eucalipto de los que crecían en la calle para sus hijos.
Me acorde de ese grito "La concha del pato". Pensaba yo en ese entonces que todos puteaban y hablaban de conchas. A mi me molestaba, nadie te insultaba y te hablaba de sus pitos, pero si de las conchas.
Hasta los insultos del pobre machista eran primitivos.
Entonces me mire y vi que aprendí a reconocerme, eso de que "No te toques, eso no se hace" era parte del hilo entre lo de las conchas y la culpa.
Me vi con mi cuerpo, su sexo, jugando en el agua con los patos que trajeron recuerdos, como no haber podido jugar para criar niños mientras mamá trabajaba, sin acceder a su lugar de manda más en la familia con cabeza de hombre, y pensé que peleando por romper nuestras cadenas, es como salís de tu propio útero, de tus pensamientos, de tu boca, de tus risas, de tu política, de tu lucha y de tus ideas. Solo así se disputan lugares. Con independencia.
Todo un torbellino de ideas locas, recuerdos que ya no afectan, pero una serie de fotos de la realidad pasada y actual me hacían sentir fuerte. Como cuando salís a la calle y a tu alrededor pasan diez mil cosas que te podrían quebrar porque se padecen, pero miras por arriba de tu hombro y pensas, que con toda su artillería en contra tuya, no les alcanza. Seguís.
Y ahí volves a todo lo importante después de cruzar el cerco.








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