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Agua que no has de beber... Contaminación minera en el Río Sonora

En meses pasados se dio a conocer la catástrofe ambiental que significó el derrame de una serie considerable de metales pesados en el río Sonora. Esta catástrofe se repitió en semanas pasadas. A continuación damos a conocer las repercusiones a nivel ecológico y social así como la impunidad con que se ha manejado el suceso.

Martes 3 de febrero de 2015 | Edición del día

Fotografía:José Eugenio Gómez Rodríguez-flicker

El impacto ambiental de las actividades mineras es ocasionado por sus desperdicios. El viento es un vector que transporta las partículas de ciertos metales, las cuales pueden ser captadas por los seres humanos. El efecto que la acumulación de estos tiene sobre la salud es variado, desde enfermedades cardiovasculares hasta cáncer. Los niños y los adultos mayores son particularmente susceptibles al envenenamiento por metales pesados, ya que su rango de absorción es mayor en los sistemas digestivo y circulatorio.

El río Sonora se considera la principal fuente de abastecimiento de agua para las actividades industriales, agrícolas y ganaderas que se desarrollan a lo largo de su cauce; además de ser el hábitat para muchas especies nativas. En municipios como Nacozari y Cananea, las minas son la industria predominante.

El derrame tóxico en 2014

El día 6 de agosto de 2014 en el Arroyo, Tinajas, Municipio Cananea, Sonora, se derramaron 40,000 m³ de sulfato de cobre (CuS04) acidulado, provenientes de las instalaciones de la Empresa Buenavista del Cobre, subsidiaria de Grupo México (GM).

Este hecho causó que al siguiente día, 7 de agosto, los habitantes de las zonas afectadas informaran un color extraño en el río Bacanuchi a la Unidad Estatal de Protección Civil del Gobierno de Sonora, y no fue sino hasta el 12 de agosto que la empresa notificó el “incidente” a la autoridad federal, según un informe de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), publicado durante el mes de agosto del pasado año.

La Semarnat acudió al lugar del “incidente” y concluyó que el derrame se ocasionó por la falla en el amarre de un tubo de polietileno en una de las piletas de lixiviados y por la falta de una válvula en la pileta. Grupo México dio como causa las “recientes lluvias por arriba de la media”. Sin embargo, los reportes del Servicio Meteorológico Nacional (de la Comisión Nacional del Agua - Conagua) demuestran la falsedad de esta justificación.

Este comportamiento se ha observado en desastres similares, como el colapso de la laguna de oxidación en la mina de San José de Bacis en Durango, durante el mes de enero de 2013, que provocó la muerte de tres personas y contaminó aproximadamente 130 km del río Los Remedios.

El derrame del río Sonora tuvo gran impacto en el Arroyo Tinajas, Río Bacanuchi, Río Sonora y en la presa “El Molinito”, dejando en crisis hidrológica y ecológica a todas las comunidades de la región (cientos de familias en 7 municipios), individuos que presentaron una sintomatología asociada con el evento y se reportaron peces, aves y otros organismos que habitaban la zona muertos a causa del accidente.

Conagua aplicó protocolos de atención de emergencias hidroecológicas, restringiendo el uso del agua en el río y en 322 pozos y norias. Esto provocó una gran necesidad de agua potable en la zona, que sigue siendo requerida en la mayoría de los municipios afectados. Se determinó la presencia de contaminantes en altas concentraciones como cobre, arsénico, aluminio, cadmio, cromo, fierro y manganeso, fuera de las normas ecológicas, de salud y del estado de la calidad del río después del derrame.

Las medidas para contener el desastre

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) ordenó a GM “medidas estrictas” de evaluación y remediación a los daños causados en el ambiente, así como el monitoreo de agua superficial y subterránea dos veces al mes durante 5 años en la zona. El Gobierno de la república creó un fideicomiso de dos mil millones, financiado por GM (uno de los mayores productores de cobre mundial), para reparar los daños ambientales y materiales causados por este derrame.

Actualmente participan diferentes universidades, incluidas la Universidad de Sonora (UNISON), Universidad de Arizona (UA), y Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con un estudio de remediación ambiental para reducir el impacto del accidente, que el gobierno de la república y Grupo México supuestamente ya llevaron a cabo. Los efectos del “accidente” a largo plazo aún no están determinados.

La biorremediación en este tipo de problemáticas representa un camino lento y gradual, pero posible, que puede tratarse con diversos métodos, entre ellos el uso de agentes biológicos: plantas, bacterias u hongos, para remover o destruir contaminantes, sin repercusión alguna en el ambiente que representa la opción más rentable en estos casos. Esta alternativa no ha sido mencionada por ninguna autoridad.

La responsabilidad de Grupo México: impune

Suena imposible creer que el reconocido como “El peor derrame minero de la historia del país” por el mismo gobierno de la república y expertos en el tema, se haya solucionado en menos de 3 meses, y que por los cauces de los ríos Sonora, Bacanuchi y pozos aledaños, ya no se encuentren concentraciones de estos metales tóxicos fuera de la norma, como lo afirma la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS) el 4 de noviembre en el boletín informativo “Gobiernos Federal, Estatal y Municipal dan por concluida fase de emergencia en Río Sonora”. Sobre todo, sin conocer o estimar las repercusiones a largo plazo que esto traerá, ya que no sólo el agua fue afectada, sino también la fauna, flora y suelo de la zona incluido el ganado, siembras y consumidores de éstos. Conocer la inocuidad tan pronta de una situación de esa magnitud con nada más que unas cuantas pruebas hidrológicas y microbiológicas deja un enorme margen de dudas al respecto.

Esto sólo incrementa la evidencia de la impunidad con la cual Grupo México actúa, ya que apenas diez días antes, recibió numerosos certificados de la PROFEPA, nombrándola como una “Industria limpia”, con los más altos estándares de cumplimiento ambiental nacional e internacionalmente, hecho que negó PROFEPA al comentarse en una conferencia de prensa después de lo ocurrido. De las acciones de GM, solo se ha visto en una ocasión una brigada de limpieza enviada por la misma empresa, sumándose este hecho a más de 31 derrames de tóxicos registrados en este sexenio por Conagua. La multa “pagada” de esta empresa no representa un porcentaje significativo para ella, sino un grano de arena en la playa.

Devastación ambiental y atropellos laborales

Empresas de la magnitud de Grupo México sólo se preocupan por la extracción de ganancias al máximo rendimiento a costa de todo sin importar lo que se lleven por delante, así sean personas, recursos naturales o la vida en sí misma. Como ejemplo basta recordar que GM tiene un largo historial de conflictos laborales y sociales en su existencia. Ya en 2006 se perdieron 65 vidas humanas en el “accidente” en la mina de Pasta de Conchos; en 2011, cuando la empresa inició el proceso de instalación de tres plantas termoeléctricas en Puebla, las comunidades indígenas se opusieron y como resultado fue asesinado a balazos el dirigente indígena Antonio Esteban Cruz; el 12 de febrero del año pasado, en San Luis Potosí murieron cinco mineros por las malas condiciones de la mina donde laboraban. Ésta es la lógica y dinámica en que se encuentra sostenido el sistema capitalista.

Crímenes como este quedan impunes pues la configuración de la autoridad está diseñada para proteger los intereses del capital, no así para preservar los derechos humanos y naturales fundamentales.

Es por esta razón que el crimen del derrame de metales pesados se mantiene detrás de un velo de impunidad que impide el esclarecimiento y corrección de los hechos, pasando por sobre la salud de una población sonorense muy amplia, así como de recursos de subsistencia y recursos naturales únicos en su categoría que no podrían ser reparados ni en el corto ni en el mediano plazo sin el arreglo proveniente de la mano del hombre.

Lo cierto es que, a pesar de las campañas promovidas por los partidos patronales, reparar el daño va más allá de pagar unos pesos. Como ya se ha explicado, desastres como éste no se quedan en el daño ambiental: conlleva daños a la salud; alteración de los ecosistemas; pérdida de cosechas y ganado y, por esta vía la vida de cientos de familias cuyo sustento depende de estos. Evidentemente, los grandes empresarios salen bien librados. Quienes terminan pagando los platos rotos, siempre pertenecen a un amplio sector de la población pauperizada, sectores populares y trabajadores en su conjunto.

México está conmovido por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la evidencia de la colusión entre cárteles del narcotráfico y los tres niveles de gobierno y por los incontables hechos de corrupción que salieron a luz. En ese contexto, el nuevo derrame, a menos de seis meses ocurrido el primero, pasó desapercibido.

COFEPRIS. 2015. El Gobierno de la República informa: “Acciones del Gobierno de la República por el caso del río Sonora”

Connell, W.D. and Miller, J.G. 1984. Chemistry and Ecotoxicology of Pollution. John Willey & Sons. New York, U.S.A. 446 p.

USDA. Phytoremediation: Using plants to Clean Up Soils. Agricultural Research Service, United States Department of Agriculture.

INSTITUTO NACIONAL DE ECOLOGÍA DE MEXICO. 2003. Tecnologías de remediación.







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