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¿Adónde va “Ahora en Común”? Las negociaciones entre IU y Podemos

El sábado 12 de septiembre se reunió en Madrid la primera asamblea estatal de “Ahora en Común” (AeC). La nueva plataforma política convoca primarias abiertas en octubre mientras sus integrantes, entre los que se destaca IU, negocian las candidaturas con Pablo Iglesias.

Diego Lotito

@diegolotito

Miércoles 16 de septiembre de 2015

Foto: LID-Diego Lotito

La asamblea reunió a varios centenares de personas venidas de todo el Estado que debatieron en comisiones y grupos de trabajo sobre ejes programáticos, hoja de ruta, organización interna, primarias y confluencia.

En las comisiones se podían escuchar intervenciones de muchos militantes del PC, Izquierda Unida y Equo, integrantes de las candidaturas “ciudadanas” de Madrid, Zaragoza, Andalucía y otras regiones, activistas del 15M y otros colectivos sociales, así como integrantes de sectores críticos de Podemos como Andalucía desde Abajo, el círculo Trabajadorxs de Madrid y otros.

Mientras algunas de las intervenciones hacían referencia críticamente al rumbo de Podemos, la mayoría planteaba la necesidad de una candidatura de confluencia para las próximas elecciones generales. Hubo debates programáticos y metodológicos. En algunas comisiones se discutió durante horas sobre la “identidad” de AeC: ¿Candidatura de izquierdas o candidatura de confluencia? ¿Nuevo espacio político o partido instrumental?

Por la tarde, un plenario general recogió esos debates, aunque varios voceros cosecharon críticas por no dar cuenta de todas las posiciones. Pero el aspecto que generó más malestar en un buen sector del auditorio fue la decisión defendida por la mesa de que la asamblea no podía resolver nada, sino que todos los debates debían refrendarse en los “nodos territoriales”, los cuales dicho sea de paso, eran los que justamente estaban representados en la asamblea. Otro tanto de fastidio generó, no obstante, la restricción de los tiempos para las intervenciones y los manejos burocráticos desde la mesa de coordinación, que a la postre no había elegido nadie.

Finalmente, después de un largo día, la única resolución que se “consensuó” fue la convocatoria a primarias abiertas para los primeros días de octubre. Todo lo demás, incluyendo el programa, la organización interna, la realización de un censo, y sobre todo, si AeC era una candidatura que se proponía presentarse a las elecciones, quedaron sin definirse, postergadas para las reuniones de los “nodos” o una posterior votación telemática.

Una falta de definiciones que, junto a la negativa de la mesa a que hubiera votaciones mediante el sencillo método de la mayoría y minoría simples, llevó a muchos de los presentes a preguntarse qué sentido tenía haber estado todo el día debatiendo. No pocos fueron los que se retiraron bufando tras llegar a tal conclusión.

¿A dónde va Ahora en Común? No está muy claro todavía. Lo que es seguro es que su llamado a primarias abiertas sin definirse como candidatura y sin resolver absolutamente ningún otro punto político relevante, se ajusta al dedillo a las negociaciones entre bambalinas que sus representantes, en particular los integrantes de Izquierda Unida, están llevando a cabo con Pablo Iglesias para unificarse en una candidatura común detrás de Podemos.

¿Una “oportunidad democrática” o una oportunidad para Izquierda Unida?

Al día siguiente de la asamblea, el líder de IU Alberto Garzón hizo una primera y no menos esperada “movida” táctica. Desde su cuenta de Twitter mostró su apoyo total para AeC y su disposición a presentarse en las internas.

El mismo fin de semana la Presidencia Federal de IU aceptó aprobó una propuesta de Garzón de participar de las próximas elecciones generales dentro de “Ahora en Común”, negociando candidaturas por comunidades y sin llevar las siglas propias de IU. La decisión se tomó tras un debate en el que hubo dos posturas enfrentadas, la del propio Garzón y la de Cayo Lara, que defendía que IU no se diluiría en otras siglas y que cualquier pacto debería establecerse en un ámbito estatal. Es decir, dos resoluciones opuestas. Sin embargo, se aprobaron las dos, una nueva muestra de la confusión que reina en las filas de IU. De este curioso modo, quedó habilitado “oficialmente” el camino para un acuerdo electoral con Podemos, desde Ahora en Común u otra plataforma.

Un gesto político de consecuencias aún desconocidas, que la organización “tradicional” de la izquierda española desde su fundación en 1986 nunca hubiera aceptado. Pero desde las elecciones Europeas a esta parte, mucha agua corrió bajo el puente. Tras la emergencia de Podemos, el retroceso en regla de IU ha sido directamente proporcional al ascenso de popularidad de Pablo Iglesias.

Atizada por escándalos de corrupción en sus filas, pactos de gobierno con el PSOE, crisis de sus estructuras partidarias e indefiniciones políticas, las circunstancias parecen haber impuesto a IU echar mano del último recurso para no desaparecer: renegar de sus siglas y sumarse detrás del carro de Podemos, diluida dentro de una “iniciativa ciudadana” como AeC.

“La pelota está del lado de Pablo Iglesias”, dicen la mayoría de los militantes de IU y AeC. Ahora es el líder de Podemos quien debería responder sobre la “propuesta unitaria”.

Sin embargo, hasta el momento Pablo Iglesias sigue repitiendo que su lista tiene “espacios” libres para recibir a Garzón –que podría ir como candidato a diputado por Málaga- y otros candidatos de AeC bajo el “paraguas” de Podemos o mediante algún “Podemos +”, propuesta que hace tiempo ya había hecho Juan Carlos Monedero. Pero Iglesias no irá a nuevas internas ni mucho menos, porque ya las hizo con un resultado óptimo… para él mismo, claro.

Todo indica que las próximas semanas continuarán las negociaciones “por arriba”, los cruces mediáticos y las presiones de uno y otro lado. Pero lo que es cierto es que, por un lado, “Ahora en Común” es una plataforma donde Izquierda Unida busca una “última oportunidad” para no quedarse “fuera de juego” electoralmente, apoyándose en el genuino descontento de muchos sectores con los manejos “personalistas” y burocráticos de Podemos. Aunque aun así, dentro de IU las disputas no cesan. El excandidato de IU a la Comunidad de Madrid, Luis García Montero, acusó a la dirección de IU de "engañar a la militancia" y "tener pactado ya por arriba con Podemos una solución".

Pero por otro lado, la soga de Pablo Iglesias a IU y AeC da muestras también de su propia debilidad. Las últimas encuestas han situado a Podemos, en el peor de los casos, en un magro 11%. Pobres guarismos como para intentar “asaltar el cielo” de la Moncloa en soledad.

¿Y el programa dónde está?

Cuando faltaban cinco minutos para el cierre de la Asamblea estatal de AeC, alguien preguntó: “¿Entonces cuál es el programa de ahora en Común?” No hubo respuestas.

En la asamblea se definieron “ejes programáticos” tan generales –poco más que títulos a decir verdad-, que podrían ser aceptados hasta por el PSOE: “empleo”, “vivienda para todos”, “salud y educación públicas”, “servicios sociales”, etc. Pero se evitó que hubiera definiciones sobre un programa de medidas concretas y mucho menos que incluyeran definiciones claramente anticapitalistas y de izquierda. Esto quedará para que “lo decida la gente”… en votaciones telemáticas.

AeC repite así el “método Podemos”, que combina la moderación programática la “participación ciudadana” por internet, impidiendo un debate más profundo entre la militancia y los sectores más activos y organizados. Aunque hay que reconocer que la asamblea de Vista Alegre de Podemos, si no fue menos burocrática, por lo menos estuvo mejor organizada.

En el caso de Podemos, ésta mecánica, impuesta desde arriba en el momento mismo de su fundación, facilitó una progresiva moderación del programa hasta situarlo en el terreno del reformismo más simplón, acompañando una estrategia de “ganar votos al centro” del tablero político para llegar a las instituciones del Estado capitalista como condición sine qua non de cualquier posibilidad de hacer “política”.

En realidad, entre los representantes de AeC, IU y Podemos, no hay mayores diferencias programáticas ni estratégicas, lo que no significa que no las haya entre algunos sectores de sus bases. Pero quienes cortan el bacalao están bastante de acuerdo en que la única política posible es tratar de llegar al gobierno, incluso si para ello hace falta pactar con el PSOE, para impulsar políticas de gestión que busquen “humanizar” un poco el capitalismo y “democratizar” las reaccionarias instituciones de la Unión Europea.

A pesar de la catástrofe de Syriza y la izquierda reformista griega, que en menos de seis meses se rindió a los intereses de la Troika y el imperialismo de los principales estados europeos “sin tirar un solo tiro”, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y otros líderes de la izquierda “light” se proponen seguir el mismo camino.

Como decíamos en otro artículo, sin una perspectiva de autoorganización obrera y popular que cuestione la propiedad privada capitalista, toda experiencia de “gobierno anti austeridad”, “gobierno de la gente”, o como quiera llamarse, termina inevitablemente atrapada en una lógica donde los “compromisos” con las clases dominantes y la “gestión” del Estado capitalista se imponen irremediablemente.

En el marco de este vendaval de socialdemocratización de la izquierda española, en algunos sectores –aún pequeños, pero sintomáticos-, comienza a resonar la pregunta: ¿surgirá una alternativa política que defienda un programa anticapitalista y de clase, que exprese las demandas más sentidas de los trabajadores, las mujeres, la juventud, las nacionalidades oprimidas y los sectores populares del Estado español, que se proponga luchar por esa perspectiva mediante la lucha de clases? Es una hipótesis difícil, pero no imposible.

La creciente ola de moderación reformista encabezada por Podemos, a la que se han sumado complacientes sectores que hasta ayer se decían “anticapitalistas” –y en algunos casos, vergonzosamente lo siguen haciendo-, abre a su izquierda un espacio para una política de independencia de clase. En todo caso, aún está por verse si ese espacio puede ocuparse en el próximo período por una alternativa política de los trabajadores.






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